martes, 30 de julio de 2019





Un café
mi silla de mirar a ninguna parte
esta música sobre el amanecer

Qué afortunada soy





lunes, 29 de julio de 2019

¿Qué es el mundo en el que abrimos los ojos? ¿Existe realmente?



O tal vez somos nosotros los que nunca llegamos a él, quienes, desde un sueño infranqueable, intuimos su presencia, vemos, durmiendo, la escena que jamás hemos de pisar. Y al llegar a esta involuntaria rima final me vienen a la memoria estos versos del soliloquio de Segismundo: ...el vivir sólo es soñar; / y la experiencia me enseña / que el hombre que vive sueña / lo que es hasta despertar.
Despertar... Qué escalofrío, y sin embargo es el desenlace lógico y llevará consigo una experiencia extraña: habremos soñado nuestra vida, ya sabremos que fue breve y siempre frágil, un barquito de papel bogando por el mar, zarandeado sin piedad y, finalmente, tocado y hundido por alguna ola inesperada. Pero... ¿de qué nos servirá este conocimiento? ¿A quién se lo revelaremos cuando 'abramos' los ojos y ya no seamos un sueño. Y ya no seamos nada. ¿Habrá merecido la pena tanto esfuerzo? A veces pienso que sí, y otras veces pienso que no.
En este punto tan negro vuelvo al derrotado Segismundo de Calderón: ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son. Es decir, humo.



martes, 23 de julio de 2019

Podemos prepararnos: nada menos que 42º nos esperan ahí fuera. Sobre todo a mí, que tendré que salir a las 3 de la tarde. Es que no me privo.



¿Habrá sido por la canícula que ya hacía densas las sábanas? El caso es que he soñado que estaba en una playa, nadando por unas aguas quietas, sin oleaje, yo, que no sé nadar, y avanzada resuelta hacia el horizonte. Al despertar, estaba muy feliz, muy plena. Seré tonta, si siempre que he soñado con aguas la cosa ha resultado fatal. No porque me ahogue, no precisamente. Pero volviendo al sueño... ¿me estaré acercando al budismo?




lunes, 22 de julio de 2019

Me sirvo un café. Me acerco a Bach. Saboreo a ambos. Mucha paz




Ahí abajo hay unos niños todavía ebrios, oscurecidos, perdidos por sus primeros caminos. Muchos de ellos encontrarán el bueno, o el menos malo porque la vida, ya se sabe, no es el paraíso. Otros seguirán braceando de por vida en la niebla; a veces serán tragados por ella, como los de Alba de Tormes.
Han empezado las magdalenas y Rentería huele intensamente a pis.








domingo, 21 de julio de 2019



Otra escapada a Ayete en una mañana nublada con brisa fresca en esas alturas. Ha sido un hermoso paseo cuestas y escaleras arriba, cuestas y escaleras abajo, y de vez en cuando un banco entre los árboles para disfrutar del entorno desde la inmovilidad reparadora.


Me hubiera quedado todo el día porque el día era típicamente cantábrico. Texturas grises, caricias de sal en el aire, suave melancolía ambiente, "momentos en suspenso" llamó a todo eso Celaya. Por unos instantes me he sentido lejos a fuerza de estar tan presente.

viernes, 19 de julio de 2019




Hace un par de días paseé con una amiga por los jardines interiores de Fandería. En esa zona, honda y oscura por donde serpentea el pequeño río que hace años movía un molino, la luz se desploma oblicuamente, se rompe ya desde las alturas y, así refractada, queda como suspendida sobre las copas de los árboles formando una suerte de aura que los envuelve y desdibuja. Rara vez he podido conseguir una imagen limpia y real, llegando a experimentar una cierta frustración cada vez que paseo por ahí. Pero ese día tuve una suerte de epifanía. Saqué el móvil, apunté resueltamente al cuerpo del árbol que más obsesionada me tiene desde hace unos años y, ¡bingo!, ya en la galería de la cámara me di cuenta de que no era el sauce fantasmal de siempre. Era este magnífico ejemplar que parecía estremecerse al sentir los dedos del sol recorriendo su cuerpo. Estaba tan vivo. La veíamos, oíamos su respiración.
Permanecimos largo rato contemplando aquel prodigio. Luego mi amiga dijo: "Mira, un avellano, vamos a por él". Y yo, analfabeta botánica total, le pregunté maravillada: "¿Y cómo sabes que es un avellano?". Y ella, dominando la síntesis más básica: "Porque tiene avellanas". Y yo, ahora inquisitiva total: "¿Y dónde están que no las veo". Y ella: "Debajo de las hojas". Y yo que me abalanzo a mirar, y en efecto, repletito de avellanas andaba el avellano. Pues me hice una atropellada recolección porque, aseguró mi amiga (que en realidad era Darwin) que en unos días estarían guapísimas. Como para comérselas. 

Con el ajetreo de la clase magistral que me asestaron, perdón, quise decir, impartieron, olvidé sacarle fotos al avellano. Será otro día y, si hay suerte, en el curso de otra cosecha.





miércoles, 17 de julio de 2019




Me gustan los días en que el aire de pronto se vuelve íntimo y no pesa en los pulmones, abrillanta la sangre y deja el corazón ligero. Son esos días en que la vida te pasa su brazo por los hombros, estrecha suavemente tu existencia y entonces tienes la certeza de que ruedas hacia alguna parte. Reconforta recuperar el camino, saber que siempre hay algo que te espera, algo de lo que vuelves una y otra vez, en lo que nacerás constantemente.
Me gustan los días en que el aire nos hace de carne y hueso y nos aleja de lo mineral.







lunes, 15 de julio de 2019





Un viejo amigo... Con él conocimos la música y los brazos (y los pisotones) del primer chico; en resumen, aquella agitación hormonal que, luego lo supimos, era la vida en vivo y en directo.

Como el concierto de esta noche en el teatro Real de Madrid, que será en directo y todavía nos cogerá vivos.

Yo are my destiny... (Sigamos bailando como si nada...)





Dedicatoria final


Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo. 
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.






GABRIEL CELAYA




domingo, 14 de julio de 2019




De vez en cuando conviene leer un viejo libro y escuchar la vieja música. Resulta terapéutico porque apacigua y reconcilia con la vida. ¡La vida es tan abrona! Tan agresiva... En el día a día parece que no es para tanto, que un arañazo borra otro arañazo y a otra cosa mariposa, y no, qué va, de eso nada, monada, porque arañazo a arañazo nos va abriendo una herida que me río yo de las dimensiones del Cañón del Colorado. Por eso hay que pararse en cuanto nos sea posible, detenerlo todo, olvidarnos ahora. Y mirar atrás y extender los brazos para recibir en ellos, amorosa, fraternalmente, al fantasma de otros tiempos.

Es mágico el reencuentro. Doy fe de que hace milagros. Por ejemplo, nos puede pasar que alcancemos el nirvana como en el poema de Karmelo C. Iribarren:

De un tiempo a esta parte
Como quien oye llover
en un película
muda,
el rumor del mundo.



sábado, 13 de julio de 2019

Qué pena...








Yo tuve un piano de madera, pequeño, azul y blanco. Sorprendí a mi madre cuando, haciéndose pasar por los Reyes Magos, lo colocaba sobre mi mesilla de noche. La mujer se pegó tal susto al encontrarse con mis ojos brillando en la oscuridad que lo tiró al suelo y con el golpe salió volando una tecla. Aprendí a tocarlo con una nota menos, bueno, no exactamente porque mi padre pegó la tecla, o sea que sonar, lo que se dice sonar sonaba, pero en plan blando, sordo, oscuro, una cosa así como 'blooom'. Me rompía todas mis creaciones.







viernes, 12 de julio de 2019

¿Por qué nos recordamos tanto?

Puede ser que la vida sea precisamente eso, recordar, recordar para conllevar la realidad que, aún siendo agradable, jamás logrará devolvernos la pureza de las primeras alegrías.







lunes, 8 de julio de 2019



"Entonces dos astrónomos, el alemán Johannes Kepler y el italiano Galileo Galilei, empezaron a apoyar públicamente la teoría copernicana, a pesar de que las órbitas que predecía no se ajustaban fielmente a las observadas. El golpe mortal a la teoría aristotélico/ptolemaica llegó en 1609." Historia del tiempo. Stphen W. Hawking.




Recientemente he leído que el amanecer es mentira. Ya lo sabía, lo sabía como lo voy sabiendo ya casi todo, y es que el oficio de vivir, como llamaba Pavese al vivir, enseña hasta lo que no está escrito. Lo fundamental: que existimos en una ilusión de los sentidos, algo tan raro e inexplicable como ellos mismos.
Este caso concreto del amanecer va de una ilusión óptica. Así de lógico y por lo tanto decepcionante, porque es la Tierra la que avista el Sol y no al contrario. ¡Que no estamos en el universo de Ptolomeo, señoras y señores! Que no somos el centro de nada, al contrario, giramos y giramos en torno de algo superior que nos da la vida y que, sin duda alguna, un día nos la quitará mucho antes de que él mismo la palme.
Pero tranquilidad, que de momento 'amanecemos', que no es poco.





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sábado, 6 de julio de 2019

"Si toutes ces excuses ne suffisent pas, je veux bien dédier ce livre à l'enfant qu'a été autrefois cette grande personne." (À Léon Werth quand il était petit garçon. Le Petit Prince. Antoine de Saint-Exupéry)

Hay ocasiones en la vida en que, por muy protagonistas que nos sintamos de la ídem, es necesario buscar la sombra. En ésas estoy a pesar de las encendidas protestas de mi ego que, sin haber sido nada del otro jueves, tuvo y aún tiene, sus momentos estelares. Pero la sombra no siempre es metafórica, la sombra es, ¡también!, moverse por donde el sol no tiene nada que decir. Dos sombras, pues, me acompañan en estos días: en la primera hay mucha paz; en la segunda, fresquito del bueno.

Ya de regreso a casa (cruzando la alameda por los charcos más umbríos) me he dado de manos a boca con mis mejores años. Por un momento me he visto entre la chavalería que burlaba a los cabezudos o seguía con entusiasmo el baile bamboleante de los gigantes. He burlado con ellos, he girado con ellos... De pronto me han dado un pisotón monumental que me ha hecho volver abruptamente a la realidad, lo cual lejos de fastidiarme me ha llenado de felicidad porque al menos había recordado mi infancia. Como debió hacerlo el Léon Werth de la dedicatoria de Saint-Exupéry en El Principito.
Qué bueno es esto de hacerse mayor y volver, maravilloso regalo este y no precisamente de consolación, a esa patria cada vez menos lejana. Una se lleva muchas sorpresas al descubrir que todas las soledades y extrañamientos no han sido verdad, espejismos si acaso, juegos de la mente, maldades autoinfligidas, ya que el verdadero frío lo ha originado nuestra expulsión del paraíso que fue la infancia. Siempre me he sentido extranjera en todas partes y no acertaba con la razón. Ahora lo sé. Sé que el paso del tiempo puede parecernos lineal, la clásica flecha que no retorna, y sin embargo es poderosa la sensación de estar retornando en una elíptica perfecta al principio de nuestra vida. ¿Cómo si no podemos explicarnos estas sensaciones? ¿Esta avasalladora impronta del pasado en el presente? Estos recuerdos de lo que fue nuestro futuro.




jueves, 4 de julio de 2019

"Graba si puedes en la última de tus conchas / nombre, lugar y día / y arrójala después a las fauces del mar." GIÓRGOS SEFÉRIS





De Anoeta a Gros, a paso tranquilo, buscando la sombra, con el disfrute de una charla indolente y sin utilidad alguna. Demasiado calor, sofocaba el aire; demasiada gente deambulando semisdesnuda, son turistas, son los turistas que vienen a benidormearnos la ciudad, qué horror, ¿qué haremos con ellos?, surgen de todas partes, son la plaga, ha llegado la plaga...
Al pasar frente al María Cristina, ellas, las mismas gaviotas del otro día, seguían vivaqueando entre las rocas de terciopelo verde. Algunas dedicadas al marisqueo. Otras dormían.
Me hubiera gustado estar ahí abajo con ellas. Mejor dentro de las durmientes, compartiendo sus sueños para así no tener que preocuparme de los míos y en ese limbo prestado reunir todas mis conchas, las que me queden y, como recomienda el poeta, en la última grabar nombre lugar y día y arrojarla después a las fauces del mar.






miércoles, 3 de julio de 2019


El mar y tú sois mis cosas. 
(Alfonso Pascal Ros)







Jamás he perdido de vista a este promontorio. Conmigo desde que puedo recordar, ahora lo quiero más y más cerca ya que no hay ejemplo de resistencia como el de esta roca milenaria.