domingo, 29 de enero de 2017



Escucho. Me dejo llevar. Los viejos amigos, ya se sabe, nos llaman a gritos cuando ya no los frecuentamos tanto. Tanto, a estas alturas de la vida, es poco menos que casi nada. Una pena. Sí. La vida nos va presentando otras prioridades no elegidas. (Acabo de cometer un pleonasmo. Una redundancia. Naturalmente, para los que no militamos en el optimismo.) Las prioridades no elegidas son esos acontecimientos desagradables que te obligan a centrar la mirada en el ombligo. A vigilarte con los cinco sentidos, a tu persona y su entorno, a cuanto pudiera -y porque ya lo ha hecho- depararte un disgusto. Somos los escamados. Los que han aprendido de una vez por todas que lo que tienes es nada, aunque parezca lo contrario. Después de todo, la vida es una mesa de póquer, en donde vamos ganando o perdiendo pequeñas manos. La carta más alta nunca es la nuestra. Perderemos definitivamente, pero entretanto el juego está en ir saliendo adelante, y cuando varias manos nos hayan fallado, entonces y solo entonces es cuando empezamos a pensar en esa fatídica Carta Alta que nos hundirá en la miseria. 

Rod Stewart es estupendo. Casi lo había olvidado. Menos mal que la nostalgia es una herramienta fantástica. Lástima que empecemos a manejarla tan tarde. En fin, que no pasa nada, que todo está pensado en nuestro mundo. Basta con dejarle envejecer, y nos hará sabios y hasta metafísicos. Que muy bien pudiera ser la misma cosa, con lo cual ya estaría de nuevo dándole al pleonasmo y/o la redundancia. O sea, repitiendo conceptos. Qué latazo...



sábado, 14 de enero de 2017




De pronto me acuerdo de los viejos amigos. Me estoy enganchando a la nostalgia. Siempre fui un tanto adictiva. ¿Y qué se puede hacer? A los veinte años es un peligro mortal porque por esa puerta falsa, o no tanto, se pueden colar nuestros peores enemigos. A mi edad -y soy aun tan joven-, a mi edad verdadera, esa que transcurre por dentro y que por fuera también está francamente bien, ya no hay riesgos. Bueno, apenas, lo cual ya de por sí es una fiesta para los sentidos amén de los órganos al uso. Divago. Sí. ¿Y qué? Se pasa estupendamente divagando, que no es otra cosa que juguetear con las palabras y soltarle la brida al pensamiento. Mi nostalgia es, hoy, este añejo cantamañanas en el mejor sentido de los sentidos. O sea, en el lírico. Un placer acercármelo al café sentándolo en mi sobremesa. Un placer recordar su voz atronando la madruga de una discoteca. Cuánta rabia. Cuánta desbordada pasión. Pero a finales de los sesenta quién no se dejaba raptar por este tío de voz de león acatarrado... Teníamos tanta hambre de sangre y furia, tantas ganas de movernos solos en medio de una pista abarrotada de individualidades. Era como una metáfora de la libertad que soñábamos sin saberlo. El cuerpo, ya se sabe, reclama como el mar sus espacios. Y luego, qué narices, que es que con el Cocker empezamos a descubrirnos entre el humo y -luego lo supimos los más inocentes- otras cosillas nada etéreas aunque al final llevaran al éter. Todo pasó. Nos quedan estas difuminadas y melancólicas alegrías. Menos es nada.




martes, 10 de enero de 2017





Un día desagradable. O poco amable. Espantable en todo caso. La lluvia -yo quería ver llover, y con qué ganas- ha llegado, pero esta agua horizontal que el viento nos empuja no tiene nada de apetecible. No es mi lluvia. A mí me gusta mansa, vertical, apenas un roce en la tela del paraguas. Un susurro en los oídos. Esto no. Esto es una gamberrada de lo cielos.

(Voy 'plegando'. Recojo libros y cacharros. Con cuidado porque he tenido manicura. Pero soy tan torpe... Seguro que me hago un desconchado.)

De este poemario de Seferis extraigo los versos que van a servir de colofón a la jornada. Algo hermoso contra este horror de día:






Flores de la roca

Flores de la roca frente al verde mar, 
vetas que me evocan otros amores, 
bruñidas por la lentitud de la llovizna, 
flores de la roca, semblantes 
que llegaron cuando nadie hablaba y que me hablaron
cuando me dejaron tocarlas después del silencio 
entre los pinos, las adelfas y los plátanos.

(De "Poesía completa")






viernes, 6 de enero de 2017

“Sí, la infancia es más larga que la vida. Quizá es una frase un poquito extraña, pero quien entiende, entiende." (Ana María Matute contra el tiempo. Entrevista de Juan Cruz, El País, 1/8/2014)










Hace el mismo frío de ayer. Ayer tenía cosas que hacer, y salí, salí a ver el frío; disfruté como una cría de las pequeñas puntadas que las agujas del aire daban en mi cara.

Hoy me quedo en casa, debajo de las mantas y encima de este libro rescatado de mis años en Mataró y que conservo entre algodones. 'Paraíso inhabitado' me devolvió entonces a esa infancia en que somos felices, desgraciados y maravillosamente absurdos, las tres cosas a la vez y todas con causa porque la niñez es así de radical. No se le puede pedir más a un libro. Tal vez de todo lo que he leído sea este tipo de literatura la que más me reconforta, porque me conecta con ese irreductible pasado en donde sigo existiendo en calcetines, ajena al mundo, dueña y señora del paraíso que me hice a medida. 

En una mañana de Reyes como esta mi regalo será releer esa crónica de la imaginación y la fantasía. Nada más apropiado. Nada más tranquilizador.











http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/31/babelia/1406823127_174736.html








miércoles, 4 de enero de 2017





Frente al desgarro brutal que Mercury evidenció en su impresionante 'Que el espectáculo continúe' se sitúa esta delicada y bellísima canción que George Michael dedicaba en 1996 a Anselmo Feleppo, su amante brasileño muerto a causa del sida. Siempre que la escucho me emociona profundamente. Más la música que la letra, que también se las trae la letra. Más, mucho más por el timbre tierno y vulnerable de su intérprete.

En una sobremesa fría y turbia de los primeros días de enero, escuchar esto supone una suerte de valentía. No es fácil, a poca sensibilidad que tengamos, no reconocernos por alguna pérdida definitiva y elemental en esta oración en carne viva.





domingo, 1 de enero de 2017





Amaneció un nuevo año. Muchos salen de la caverna para ver la luz.

La luz es fría pero blanca, e irá creciendo y creciendo y los envolverá en su pureza hasta hacer de ellos "un asunto de luz".

(Ya siento mi nuevo traje...)