jueves, 10 de agosto de 2017








"Amor, a ti venh'ora queixar

de mia senhor, que te faz enviar
cada o dormio sempre m'espertar
e faz-me de gram coita sofredor.
Pois m'ela nom quere veernem falar,
que me querer, Amor?" 

(Fernando Esquio. En la introducción del cuento "¿Qué me quieres, amor?")




Sueño con la primera cereza del verano. Se la doy y ella se la lleva a la boca, me mira con ojos cálidos, de pecado, mientras hace suya la carne. De repente, me besa y me la devuelve con la boca. Y yo que voy tocado para siempre, el hueso de la cereza todo el día rodando en el teclado de los dientes como una nota musical silvestre.
     Por la noche: "Tengo algo para ti, amor".
     Dejo en su boca el hueso de la primera cereza.
     Pero en realidad ella no me quiere ver ni hablar.
     Besa y consuela a mi madre, y luego se va hacia fuera. Miradla, ¡me gusta tanto cómo se mueve! Parece que siempre lleva los patines en los pies.
     El sueño de ayer, el que me hacía sonreír cuando la sirena de la ambulancia se abría camino hacia ninguna parte, era que ella patinaba entre plantas y porcelanas, en un salón acristalado, y venía a parar a mis brazos.
     Por la mañana a primera hora había ido a verla al Híper. Su trabajo era surtir de cambio a las cajeras y llevar recados por las secciones.





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