lunes, 7 de agosto de 2017





Pierre Loti, seudónimo de Julien Viaud, cuenta en este librito su infancia llena de ternura y de misterios. El chico habita un mundo de irrealidades que apenas penetra la educación. Vive sin cesar dentro de un sueño maravilloso. Gracias a esta infancia mágica se le va despertando poco a poco una doble vocación. Será marino y cumplirá sus afanes de aventura; y será escritor para contarlo y seguir soñando hasta el final de su vida. El romanticismo tuvo el mejor de los representantes.





"Intentaré explicar la impresión que el mar me ha producido con ocasión de nuestro primer encuentro. (...) Y de nuevo experimento un escalofrío retrospectivo en cuanto concentro mi espíritu en ese recuerdo.
Yo había llegado, por la tarde, con mis padres, a un pueblo de las costa 'saintongeaise', a una casa de pescadores alquilada para la temporada de baños. Sabía que habíamos venido aquí para una cosa que se llamaba el mar, pero que todavía no había visto (una hilera de dunas me lo escondia, a causa de mi pequeña estatura) y me hallaba en una extrema impaciencia por conocerlo. Por eso, después de la cena, a la caída de la noche, me escapé solo afuera, El aire frío, áspero, olía a algo desconocido, y un ruido singular, a la vez débil e inmenso, se oía detrás de las pequeñas montañas de arena, a las cuales un sendero conducía.

Todo me asustaba, ese trozo de sendero desconocido, ese crepúsculo descendiendo de una cielo cubierto, y también la soledad de aquel rincón del pueblo... Sin embargo, armado de una de esas grandes resoluciones súbitas, como los críos más tímidos toman en ocasiones, partí con paso firme.

Luego, de pronto, me detuve, helado, temblando de miedo. Ante mí, algo aparecía, algo sombrío y ruidoso que había surgido de todas partes al mismo tiempo y que parecía no terminar; una extensión en movimiento que me ocasionaba un vértigo mortal... Evidentemente era eso; ni un solo minuto de vacilación, ni siquiera de asombro si hubiera sido así, no, nada más más que espanto; yo lo reconocía y temblaba. Era de un verde oscuro casi negro; parecía inestable, pérfido, envolvente; eso se movía y eso se agitaba por todas partes a la vez, con un aire de maldad. Por encima, se extendía un cielo compacto, de un gris oscuro, como un pesado manto.

Muy lejos, muy muy lejos, a inapreciables profundidades del horizonte, se percibía un desgarro, un día entre el cielo y las aguas, una larga grieta vacía, de una clara palidez amarilla.

Para reconocer así el mar... ¿acaso lo había visto ya?

Tal vez, inconscientemente, cuando a la edad de cinco o seis años, me llevaron a "La isla", a casa de una tía abuela, hermana de mi abuela. O bien había sido por el mar tan a menudo contemplado por mis antepasados marinos, que nací teniendo en la cabeza un reflejo de su inmensidad.
Permanecimos un momento el uno delante del otro; yo fascinado por él. Desde este primer encuentro, sin duda he tenido el inembargable presentimiento de que acabaría un día por atraparme, a pesar de todas mis dudas, a pesar de todas las voluntades que tratarían de retenerme."





Enlace: https://www.facebook.com/Le%C3%ADamos-ayer-874425336045149/


No hay comentarios: