domingo, 4 de junio de 2017





En esta mañana de poca lluvia y mucha pereza en el aire, frente a mi ventana las blancas persianas bajadas (detrás hay gente joven durmiendo resacas y otras morbosidades atrapadas en la noche), con el sueño todavía acurrucado entre mis párpados y escasas ganas de salir, espero a que llegue una amiga para compartir un tardío café. ¿Y entre tanto qué me echo a las orejas? Se me ocurre que al bueno del Frankie y al maldito del Ginsberg, quienes, combinando perfectamente en el estilo, combinarán igual de bien con mi renuente ánimo.



Buena suerte

Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
Suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
Suerte que los intestinos se muevan
Suerte, duermo de noche en una cama de capitán, siesta a media tarde
Suerte de pasear por First Avenue
Suerte de ganar un par de cien mil al año
cantando Eli Eli, escribiendo lo que se me pasa por la cabeza, grabando garabatos primordiales,
enseñando en un colegio budista, sacándole fotos con la Leica a la parada del bus
por la ventana de mis ojos
Oigo sirenas de ambulancias, huelo ajo y orín, pruebo nísperos y lenguado,
camino descalzo por el piso del loft, algo insensibilizadas las plantas de los pies
Suerte que puedo pensar y que el cielo puede nevar.

De "Muerte y fama"
ALLEN GINSBERG


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