domingo, 16 de abril de 2017





Leíamos ayer...


"El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada por partes iguales de instinto y de cultura. Aquí y allá afloras los granitos de los¡ inevitable; por doquier, los desmoronamientos del azar. Trato de recorrer nuevamente mi vida en busca de su plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un río subterráneo, pero este plan ficticio no es más que una ilusión óptica del recuerdo." 

"Mi padre, Elio Afer Adriano, era un hombre abrumado de virtudes. Su vida transcurrió en administraciones sin gloria; su voz no contó jamás en el Senado. Contrariamente a lo que suele ocurrir, su gobierno de África no lo había enriquecido. Entre nosotros, en el municipio español de Itálica, se agotaba dirimiento conflictos locales. Carecía de ambición y de alegría; como tantos otros hombres que se van eclipsando de año en año había llegado a ocuparse con matemática minucia de las insignificancias a las cuales se dedicaba.También yo he conocido estas honorables tentaciones de la minucia y del escrúpulo. La experiencia había desarrollado en mi padre un extraordinario escepticismo sobre los seres humanos, y en él me incluía siendo yo apenas un niño."

"Roma ya no está en Roma: tendrá que perecer o igualarse en adelante a la mitad del mundo. Estos muros que el sol poniente dora con un rosa tan bello ya no son sus murallas; yo mismo levanté buena parte de las verdaderas, a lo largo de las florestas germánicas y las landas bretonas. Cada vez que desde lejos, en un recodo de alguna ruta asoleada, he mirado a una acrópolis griega y su ciudad perfecta como una flor, unida a su colina como el cáliz al tallo, he sentido que esa planta incomparable estaba limitada por su misma perfección, cumplida en un punto del espacio y un segmento del tiempo. Su única probabilidad de expansión, como en las plantas, hubiera sido su semilla: la siembra de ideas con que Grecia ha fecundado el mundo. Pero Roma, más pesada e informe, vagamente tendida en su llanura al borde de su río, se organizaba para desarrollos más vastos: la ciudad se convertía en el Estado."

"Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los abiertos..."




(Fragmentos de Memorias de Adriano)


lunes, 10 de abril de 2017


"Amanece otro día en que no estaré invitado | ni a un instante feliz."
('De senectute'. JAIME GIL DE BIEDMA)





Vuelvo de un corto y desasosegado paseo. La Gripe II unida a los trágicos acontecimientos de este fin de semana, más las brumas marinas que empapan las calles, no me han permitido el más pequeño bienestar. Lo primero que he hecho al entrar en casa es atizarme otro Frenadol, que no sé si frena algo pero, al menos, su nombre tiene poder de sugestión bastante como para no renunciar a tomarlo.
El petardazo de Trump (el tío iba en serio), la amenaza del Oso ruso (estos tampoco han disimulado), Estocolmo (qué rabia, ¿verdad, señores...?), Egipto (último bastión europeo)... La muerte repentina de Carme Chacón. El mundo como siempre, no nos engañemos. Es el inútil tráfago de la vida. Pero es así la vida. Es indiscutible e innegociable; viene predeterminada como ciertos programas en nuestros 'pecés'. Ahí afuera las galaxias chocan y se deshacen, todo va a leches en el universo. En el nuestro, esta cosita que a fuerza de minúscula a lo mejor ni existe, todo es conforme a lo que exigen los archivos del sistema.
Creamos o no en el humo, las cosas ocurrirán según lo establecido. Claro que siempre nos quedará el Frenadol, ¿a que sí? O eso o releerse sin descanso El principito. O, también, a Philip Larkin: "¿Para qué sirven los días? | Los días son donde vivimos. | Vienen y nos despiertan | una y otra vez. | Están para nuestra felicidad. | ¿Dónde vivir, sino en los días?"

miércoles, 5 de abril de 2017

Bunbury - Infinito




Hoy han vuelto a bajar las temperaturas y a cubrirse el cielo. En el autobús, todo el mundo menos el conductor se enfrascaba en sus teléfonos móviles. Y yo. El sorprendente Bunbury -'me calaste hondo, y ahora me dueles'-, me despierta algún sueño que otro. Han cambiado los horarios, una faena, nada menos que dos autobuses por hora: uno con escalas, el otro recto a su destino. A través de los cristales, el día plagado de grisuras y paradas de autobús; en la de Garbera, un bebé me saluda chupete en mano; la madre sonríe con desgana y aparta el cochecito no sea que, al arrancar, le chafemos la criatura. Al fin llegamos arriba. Es pronto, me sobran tres cuartos de hora. Hay un 'chiringuito" junto a la rotonda que tiene de todo, hasta cafetería, y allí me voy y pido un cortado que me tomo en la mesa más apartada. Caras serias. Pocas bromas. Periódicos. Más móviles.

Una mujer me sonríe desde la barra. Nos conocemos.

¿Qué tal? Muy bien, ¿y tú? Muy bien también. Pues yo, aquí, visitando a un familiar. Pues yo lo mismo.

Las dos mentimos. Nos conocemos.



domingo, 2 de abril de 2017





De un tiempo a esta parte

Como quien oye llover
en una película
muda,
el rumor
del mundo.

KARMELO C. IRIBARREN






Salgo a dar una vuelta. Sin más. Cielos grises, en movimiento, cielos de poco fiar. ¿Pero cuándo han sido los cielos de fiar? Si no es por la meteorología, es por los dioses, el caso es que a los humanos residentes debajo siempre nos ha tocado la del pulpo. O por calor o por frío o por agua, la del pulpo.

Hoy iba de agua y de frío. 

La gente ha vuelto a los anoraks y a los paraguas. A esa poesía de los días inclementes y, no por esperados, sorpresivos. Mi madre odiaba este tiempo. A mi padre le encantaba. A mí me daba igual. A lo mejor por llevarles la contraria. A lo mejor por ser la síntesis de ambos. Como la química misma.