lunes, 13 de marzo de 2017





Esta canción me persigue desde que vi la película "¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?" Cuando me noto cansada, y no necesariamente de cuerpo, siempre la busco. Me relaja y hasta me aplaca. Me -como dirían creyentes y pirados- da paz. Siento la melancolía lenta y sedante de las notas que parecen desprenderse de un cielo replegado en su inmensidad, y es tan fácil flotar en estas condiciones... La vida se ha transformado ya en un hoja repleta de caracteres elzevirianos, oxidados por el tiempo que ha transcurrido sobre ellos; cuando se intenta pasarla, pesa, Dios, cómo pesa la tinta que quiso dibujar demasiado. Hay que practicar el escapismo. No queda otra que despegarse del suelo 'senza fine' hasta el final.

Escuchando a Paoli en esta canción parece como si pudiera aligerar la carga de lo escrito, incluso, y esto son cosas de la sugestión autoinducida, a ratos vislumbro aquella hoja en blanco, deslumbrante en su pureza, temblando ante mi pluma profanadora -mis primeras acciones- pero deseando perder su virginidad. Qué momentos... Mi miedo también estaba ahí, devastador como el miedo del poeta a la hoja en blanco.
Me espera el café como un epílogo de la mañana,y me espera la tarde llena de lluvia y de un difuso desasosiego que solo está en mi cabeza. Lo sé porque nadie me lo ha notado. Eso me tranquiliza, pues las cosas, cuando no se ven exteriormente, no existen. Palabra de hipócrita involuntaria.




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