sábado, 31 de diciembre de 2016

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"Año nuevo, vida nueva . | (¡Qué tópico más sano!)".
(De Año nuevo. GLORIA FUERTES)






Fresquillo...

Dicen las meteós que 3º en Donostia y Errenteria. San Sebastián y Rentería comparten, oh maravilla, 7 km por medio, la misma temperatura e idéntico cielo plagadito de nubes glaucas, como muy sucias, de ese color verdoso que evoca fluidos humanos desagradables a más no poder.

Me tomo mi primer café con este chico de siempre que se nos ha largado para ídem. Buena marcha en esta hora imprecisa en la que me propongo tren de lavado, paseo y más café. Será la última mañana de un año adverso, casi apocalíptico. A medida que vayan pasando las horas que me separan del siguiente no me cansaré de maldecirlo. Ya sé que este tipo de cosas evidencian ese poso indestructible de la superstición que se agarra como una lapa a las paredes de nuestro inconsciente colectivo. Que haya pasado un año y comencemos el siguiente deseándonos suerte y otras pijotadas al uso viene de ahí, de ese primitivismo que no habitará a todo lo largo y ancho de nuetra existencia, cualquiera que sea nuestro tiempo y lugar. Maldecir los días que nos fastidiaron y pedir que los venideros nos sean más amables por el mero hecho de cambiar de hoja en el calendario es una majadería de tamaño natural. Pero, bueno, al menos nos quedaremos más a gusto en el desiderátum. El alma ancestral también tiene que tener sus momentos 'de luxe'.



jueves, 29 de diciembre de 2016





¿El tiempo...? ¿Qué es el tiempo?
¿Existe acaso el tiempo? ¿No es un sueño
el tiempo? Si contigo me lo pregunto,
si contigo me miro en algún espejo
el tiempo nos devuelve la mirada,
y sentimos entonces el temblor de las piernas,
el cansancio, el peso de la vida.


El tiempo somos tú y yo, amor mío,
tú y yo por el paseo,
cogidos de la mano.

En silencio,
tú y yo existiendo en un sueño.

miércoles, 28 de diciembre de 2016



Hoy va de cuentos. Porque un cuento es la vida. Un relato corto. Un instante, o ni siquiera eso, en la historia del universo. Aquí, en esta mota de polvo azul perdida, insignificante, apenas nada, historias como la de esta pobre niña se suceden en el tiempo, son la esencia miserable de una humanidad que no acaba de cuajar. Tal vez no lo hará nunca porque somos, antes que humanos, naturaleza, y la naturaleza está muy lejos de ser amable. La supervivencia lo rige todo. Es la dictadura de la vida. Su razón. El bien y el mal son una pura entelequia, una metáfora de salvación, otra mentira que nos contamos para darle un sentido a lo que no es sino una manifestación más del latido brutal que cruza el cosmos.
"La pequeña cerillera" es, para mí, el mejor cuento de Andersen, el más cruel y, por eso mismo, el más tierno. La rusita del siglo antepasado es huérfana, está tan sola como puede estarlo un árbol en medio del campo desierto; tiene frío en el frío, hambre, y, sobre todo, tiene ganas de sentarse en cualquier esquina y esperar. Está tan cansada... Esperando, se le ocurre encender un fósforo de las cajas de fósforos que no ha conseguido vender. Qué calor... Siente el breve calor que la luz y la llama llevan a su rostro. Enciende otro. Y otro. Y otro. De pronto, una estrella deslumbrante cruza el cielo. Alguien acaba de morir, piensa, lo piensa porque su abuela le había dicho que, cuando esto ocurre, un alma ha llegado al Cielo. Dice el cuento que siguió encendiendo muchos más fósforos hasta que vio a su abuela tendiéndole la mano e invitándola a seguirla. Creo que, antes de que eso ocurriera, Anita, que así se llama esta pobre desgraciada, ya había alcanzado el Cielo. Exactamente cuando vio la estrella fugaz.
Yo también he alcanzado el cielo, con minúsculas, claro, porque para eso soy agnóstica y amante de las figuras retóricas, en este caso, de la metáfora. ¿Y por qué? Pues, naturalmente, por la emotiva historia y por Rachmaninov. ¿Cabe mejor felicidad?




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lunes, 26 de diciembre de 2016




Chapuza humana tecnológica o de la otra, atentado terrorista... Qué importa ya. Algo se ha llevado a 92 personas. Entre ellas 60 integrantes de los magníficos Coros del Ejército Ruso, que en su creación fueron los 'coros y danzas' del magnicida Stalin. En todo caso, realizaron el milagro de hacer olvidar a los soldados y al pueblo las atrocidades que estaban sucediendo. Hoy, ya en el siglo XXI, seguían en su 'apostolado' de la ataraxia. No hace ni un par de semanas que puse el video en donde se arrancaban con la jota aragonesa dedicada a España y sus 'rigiones'. Bravo por ellos porque nuevamente bordaron su interpretación.
No volverán; sin embargo, en esa cosa que se ha dado en llamar el intelecto colectivo (cajón de sastre en donde se archivan las emociones colectivas que son las suma de las emociones individuales) seguirán cantando y cantando inagotablemente. Estos Coros nos hicieron vibrar, tener escalofríos, llorar, reír. Ahora por lo visto tocaba llorar. Bien. Así funciona la vida. Hoy aquí y mañana de regreso al arjé a la espera de volver en forma de a saber qué cosas.
Para ellos y los que completaban el pasaje de ese maldito avión el deseo de que no hayan sufrido demasiado. 
до свидания, amigos, adiós o, quién sabe, hasta luego.




domingo, 25 de diciembre de 2016




Pedazo de balada. La había olvidado pero ayer, viendo Tu cara me suena, de la mano, o, mejor, laringe, de una de las concursantes volvió a mi cabeza. Me encanta y me entristece; me recuerda aquellas noches de principios de siglo escuchando a un Il Divo que me había recomendado mi querida Ate. Entonces, aun apreciando el valor de esta canción y a sus intérpretes, la puesta en escena, el excesivo lirismo, la reunión de tanto tenor me la hicieron abrumadora. No sé, no sé, creo que no me gustó tanto como descubrirla en esta mujer. Incluso en la citada concursante, Beatriz Luengo, magnífica ella de por sí, estupenda ayer en la versión de Regresa a mí.

Con mi café en una mano, la otra palmeando acompasadamente sobre la mesa camilla, me dejo llevar en estas primeras horas de la tarde que conducen a la Nochebuena. Vuelo un poco, nada espectacular, lo justo para acercarme con la emoción a todo aquello que ya no está, que se fue para siempre, que no volverá si no es en las oleadas de un recuerdo cada vez más desvaído. Estoy tranquila y hasta contenta. Sé lo que tuve y por qué lo tuve, y con eso me quedo. Me considero tan afortunada, estoy tan agradecida a la vida que hoy, ahora, en esta hora precisa, me parece que los paraísos prometidos que me pudieran aguardar no serán ni la mitad de hermosos que los que he perdido.




lunes, 19 de diciembre de 2016




Mañana de muchísimo andar. En principio. Después las cosas van por libre y el paseo, mi paseo, nada ha tenido que ver con los de Robert Walser. O sea, que cortito ergo breve. De todas formas es cuestión de sacarle todo el jugo al peripato. Yo lo he saboreado doblemente gracias a mi nueva cámara. En fin, que la mañana ha sido diversa en general, y aunque mis botas casi no se han ensuciado con el polvo del camino, he vuelto a casa felizmente cansada.

Por Fandería, los árboles han sido mi tentación; luego los palmípedos del molino, como de costumbre muy afanados en buscarse el desayuno. En las 'paredes' de mi casa Facebook cuelgo las imágenes.








martes, 13 de diciembre de 2016






Me dice Ángel González:

"Si tuviésemos la fuerza suficiente | para apretar como es debido un trozo de madera, | sólo nos quedaría entre las manos | un poco de tierra. | Y si tuviésemos más fuerza todavía | para presionar con toda la dureza | esa tierra, sólo nos quedaría entre las manos un poco de agua. | Y si fuese posible aún | oprimir el agua, | ya no nos quedaría entre las manos | nada".

O lo que es lo mismo, le respondo, esta fotografía.




domingo, 11 de diciembre de 2016


«Era una delicia verlos en el pequeño estanque de la Plaza de Guipúzcoa. Con la majestuosidad de una góndola, dos parejas de cisnes surcaban las aguas quietas del aprendiz de lago. (...) Los niños les arrojaban migajas para ver cerrar el signo de interrogación de sus cuellos, y las muchachas románticas evocaban a Lohengrin. Eran, sin duda alguna, los cisnes del estanque de la Plaza de Guipúzcoa un motivo decorativo de apreciable belleza.» ALFREDO R. ANTIGÜEDAD 







Un día fresquito, como de invierno en ciernes. Cuando me he bajado del autobús, a eso de las nueve de la mañana, Donosti aún dormía. Los jardines de la Plaza de Guipúzcoa aparecían grises, desalmados, rezumando esa humedad melancólica que sobreviene tras una madrugada extraordinariamente fría. Mientras esperaba, me he acercado al estanque para contemplar a los dos cisnes que, hechos una rosca inmaculada, dormitaban en el porche de sus casitas de madera. Qué silencio... Qué frío... Cuando yo era niña, mis padre me traían casi cada domingo a este lugar. Entonces los cisnes cuello blanco, cuello negro, y los patos eran legión; había incluso una innumerable colonia de peces de colores; de las palomas no me acuerdo, las palomas parecen haber llegado con la modernidad y así les va a las pobres. La gente, los niños sobre todo, les echábamos pan y, disimuladamente, alguna piedra que otra. Aunque jamás llegamos a lo que se ha llegado ahora: la fauna reducida a dos cisnes, dos, supervivientes del abandono municipal y el maltrato y, en ocasiones, exterminio por parte de los gamberros. Tiempo y humanidad parecen ayudarse en algunas cosas, en otras empeora su alianza.

Me he consolado pensando que la botánica había mejorado mucho, que los jardines estaban bien cuidados, lo mismo que las estatuas -siervas de mármol de don José María Usandizaga-, el templete meteorológico y la mesa horaria. Me ha gustado el belén. Menos mal que esta ola de estupidez que nos anega no lo ha suprimido.

Una llamada telefónica anunciándome un pequeño retraso me ha empujado a entrar en Barrenetxe. Mi gato plateado me lo ha agradecido. Café. periódico de ayer y calorcito, en medio de una atmósfera cargada de olores de bollos y pasteles. Al fondo, desde detrás de una mesita que hacía ángulo con la pared, el fantasma de las navidades que están al caer me ha saludado con medido gesto.







viernes, 9 de diciembre de 2016






Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Para mí, la música es todas las palabras. Me despierto con ella, me duermo con ella, ella penetra en mis sueños, mis sueños se confunden en ella.

No es siempre así, no siempre la música está presente en mi vida, regulando mis movimientos, poniendo cadencia a mis pensamientos. Tampoco es eso. Sin embargo y conforme han ido pasando los años, me he dado cuenta de lo mucho que la necesito. Porque la música es acontecimiento, tiempo que pasa, movimiento constante, avance, intensidad. La música es, sobre todo, filosofía.

Sin ella sería el silencio más absoluto, ese largo y pesado y oscuro silencio que envilece los días llenos de ruido, de voces, de silencios amenazadores.

Sin ella la vida solo tendría oídos, con ella tiene entendimiento y arte.



miércoles, 7 de diciembre de 2016



"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí." (El Dinosaurio. Augusto Monterroso)








Café y The Boss. Eterno The Boss. Mientras se va encendiendo el día...







domingo, 4 de diciembre de 2016

...17º a esta hora y viento del sureste a 13 km/h, humedad de 52 %. O sea, que la fiesta continúa. Para celebrarlo, me empujo un segundo desayuno a base de café (¡cómo no!) y un trocito de puro lujo navideño, turrón de frutas, mi preferido, turrón del bueno buenísimo, Antiú Xixona para más señas. 

Hummm... oso ondo...