domingo, 25 de diciembre de 2016




Pedazo de balada. La había olvidado pero ayer, viendo Tu cara me suena, de la mano, o, mejor, laringe, de una de las concursantes volvió a mi cabeza. Me encanta y me entristece; me recuerda aquellas noches de principios de siglo escuchando a un Il Divo que me había recomendado mi querida Ate. Entonces, aun apreciando el valor de esta canción y a sus intérpretes, la puesta en escena, el excesivo lirismo, la reunión de tanto tenor me la hicieron abrumadora. No sé, no sé, creo que no me gustó tanto como descubrirla en esta mujer. Incluso en la citada concursante, Beatriz Luengo, magnífica ella de por sí, estupenda ayer en la versión de Regresa a mí.

Con mi café en una mano, la otra palmeando acompasadamente sobre la mesa camilla, me dejo llevar en estas primeras horas de la tarde que conducen a la Nochebuena. Vuelo un poco, nada espectacular, lo justo para acercarme con la emoción a todo aquello que ya no está, que se fue para siempre, que no volverá si no es en las oleadas de un recuerdo cada vez más desvaído. Estoy tranquila y hasta contenta. Sé lo que tuve y por qué lo tuve, y con eso me quedo. Me considero tan afortunada, estoy tan agradecida a la vida que hoy, ahora, en esta hora precisa, me parece que los paraísos prometidos que me pudieran aguardar no serán ni la mitad de hermosos que los que he perdido.




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