lunes, 21 de noviembre de 2016



"La paz es ancha
y se esparce en la tierra
como sábana fría que, sin embargo, nos acoge,
y sin apenas impulso ayuda a respirar, es una pompa
llena de aire,
va poniéndonos
el corazón en su sitio..." 

De 'Castrillo de la Reina III'
JORGE G. ARANGUREN










Hay etapas en la vida en que, de alguna manera misteriosa e impredecible, los días suceden a los días sin que su vaciedad nos afecte. Vamos pasando de un minuto a otro igual que autómatas, no nos hacemos preguntas, el aire nos envuelve como a objetos inanimados, nos protege de la consciencia e, incluso, nos empuja por sendas que en otras circunstancias jamás hubiéramos tomado. Seguimos siendo quienes somos, de eso no caben dudas, pero somos en segundo plano, sombras de nosotros mismos que, por una vez, nos preceden. Un día en una playa, posiblemente fue en Biarritz, hizo mucho frío y estábamos allí, al borde del agua, escuchando los postreros temblores de las olas. También entonces se había hecho el vacío y estábamos en un lugar no elegido. Recuerdo que nos subimos el cuello del abrigo y lentamente volvimos al paseo. Fue el final de una historia y, sin embargo, no nos dimos cuenta. Desde entonces me gustan estos paréntesis en la nada; con los años, se han vuelto benéficos y regeneradores, ayudan a vivir entre golpe y golpe, enseñan a reposar la cabeza, los deseos, el temor, y nos regalan el olvido de esas playas que todos hemos conocimos alguna vez.

El tiempo a veces es un excelente anestésico.








Sitio de la imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/eb/Joaqu%C3%ADn_Sorolla_y_Bastida_-_Mar%C3%ADa_on_the_Beach_at_Biarritz_or_Contre-jour_-_Google_Art_Project.jpg

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