martes, 1 de noviembre de 2016



El día se presta a la reflexión más filosófica a pesar de que todos sabemos que, también, es un día con mucha carga económica. De negociete puro y duro, por entendernos mejor. Hoy es el día de los muertos. De los que se fueron por donde vinieron. De los que no volverán. Hoy es el día para recordarles (ya tenemos un 'Día de' para todo) con un ramo de flores frente a su tumba. La tumba, desde tiempo inmemorial, viene a ser como la materialización, en plan ornamental, de su ausencia. Esto se inventó en la noche de los tiempos, cuando el primer hombre que tomó conciencia de la muerte puso una roca en medio del campo, o dos, o tres, o acabó haciendo un arco, sobre los cuerpos inertes de la gente que de pronto, o por accidente, o por mano asesina, se iba quedando quietecita y fría y acababa siendo una peste. (Supongo que entonces morirse era gratis...)

Hablemos de la muerte. Sí. ¿Por qué no? Si hay una certeza en nuestras vidas es precisamente esa: que la vamos a palmar. Y hablemos del miedo que nos inspira. De todos los filósofos que me gustan en este asunto del miedo a la muerte, Epicuro se lleva todas mis simpatías. Porque era un tío genial. Un sofista genial. Un humorista genial. Él decía en su Carta a Meneceo que no había que tener miedo a la muerte ni más ni menos que por lo siguiente:

"Acostúmbrate a pensar que la muerte no es nada para nosotros. Porque todo bien y todo mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida; no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad. Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido exactamente que nada temible hay en el no vivir." (124)

Y precisa:

"Así que el más espantoso de los males nada es para nosotros, puesto que mientras somos la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta ya no existimos. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquéllos no está y éstos ya no son [...]. El sabio, en cambio, ni rehúsa la vida ni teme el no vivir, porque no le abruma el vivir, ni considera que sea algún mal el no vivir." (125)

Por cierto, de todos los pueblos que celebran el Día de Todos los Santos, el mejicano es total: le tiene tanto miedo a la muerte que hace de ella una romería. Y hace bien, porque si amamos vivir, si la vida es tan cara para nosotros, no es que amemos morir pero sí que, en la misma medida, le demos a la muerte su protagonismo.

Octavio Paz lo dice de maravilla: “El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida”.













Nota: Los pasajes de Carta a Meneceo están tomados de la página http://apuntesdefilosofa.blogspot.com.es/2007/03/epicuro-el-miedo-irracional-ante-la.html

2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Toda la razón Epicuro.

Amo la vida
y amo también la muerte. Por que no?
si ha de ser
mi última e inevitable compañera...

Gabon, Mertxe.

Mertxe dijo...

Egun on, Soco. (Estoy de obras, creo que acaban el viernes...)