lunes, 19 de septiembre de 2016










"Esos tres factores, como nos muestran las palabras de
Epicuro, están íntimamente relacionados: Gozar el
placer de estar vivo, saber discernir lo que es
verdaderamente valioso, y compartir en la amistad tanto
la vida como el conocimiento."
La filosofía de Epicuro. José Sánchez-Cerezo de la Fuente.



Continuamos sumergidos en este gris cambiante que tan pronto nos empapa con el agua que transporta, como nos permite vislumbrar altos azules. No hace frío, hace humedad, humedad de esa que realiza ósmosis con la piel hasta el punto de que, al final, ya no sabes si eres agua o eres carne, si vas a discurrir o vas a quedarte.

En fin, que son las nueve y media y Mantovani, y que a una le está sabiendo a puro néctar este primer café, ¿y por qué?, y qué se yo por qué, a lo mejor porque es café sin más. O porque, sin negarle ese poderío, que lo tiene conmigo, ha estado ausente tanto tiempo que llegué a temer su pérdida definitiva. Me ha pasado con todas las demás cosas que entraban en mi boca sin romperla ni mancharla, por hacer un símil bíblico. Pero ya poco a poco todo regresa. Lentamente vuelvo a la física de Epicuro; es el feliz retorno del vacío a los átomos y mis sentidos se despiertan de una larga noche. El bienestar se me va construyendo día a día, y aunque sé que no volverá a tener los sólidos cimientos (ahora pienso seriamente si no fueron platónicos...) que tuvieron, me parecerán propios de catedrales.

Puestas así las cosas, ¿qué puede preocuparme del porvenir? ¿Enfermedades? ¿La muerte?... El mismo Epicuro sobre ella nos dice, y tan genialmente que rebatirle supondría una estupidez: "La muerte no nos concierne. Pues, mientras existimos, la muerte no está presente. Y cuando llega la muerte nosotros ya no existimos". Redondo. El sofisma más redondo jamás establecido.

Mantovani y mi café se van apagando. Es hora de ducharse, otro placer natural y necesario según mi admirado griego.


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