viernes, 23 de septiembre de 2016





Echo mucho de menos los paseos por las playas de Mataró, con las olas lamiéndome los tobillos, el horizonte en mi costado, las gritonas gaviotas, las palomas hambrientas y el cafecito en el Margarit. (A veces llovía...) Todavía conservo algún rastro material de aquellas mañanas. Conchas, grandes y doradas conchas que, cuando las encierro entre mis manos, aún me transmiten el calor de las arenas. Una hoja de castaño, ya pergamino surcado por cientos de arrugas transversales que recogí en el paseo marítimo la víspera de venirme a mi tierra; creo que, si lo rozara, se convertiría súbitamente en polvo. Y unos cuantos posavasos del Margarit, regalo 'del' Sergi, mi camarero y confidente.

Ahora pienso en aquellos días como se piensa en un amor agotado. Ya no está, nunca volveré a tenerlo, pero soy una vasta memoria en donde lo muerto tiene tanto imperio como lo vivo. O tal vez más.



2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Querida Mertxe.

Ese "como amor agotado" sigue estando ahí, y cualquier día,volverás a tenerlo...ya verás.

Un abrazo.

(cuando quieras, dime)

Mertxe dijo...

Está 'allí', donde dice Machado, y de esa lejanía no se vuelve. Hay otro poeta que me lo dijo hace mucho tiempo: "las cosas que se van no vuelven nunca..." Saluditos, Soco.