viernes, 15 de abril de 2016
















"Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea,
a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la
esperanza a la que ha sustituido." ÉMILE-MICHEL CIORAN


El día va camino de su mutis. No hay vuelta atrás. Se habrá colado por el desagüe del tiempo para siempre jamás. Nuestras miradas, nuestras risas y palabras, las lágrimas, gritos y silencios, incluso nuestra ausencia de las cosas, todo, absolutamente todo se lo está llevando inexorablemente el tiempo. No volveremos a ser lo que hemos venido siendo instante por instante. Nuestra verdad, esa que hemos celebrado o llorado solos o en presencia del mundo, se aleja poco a poco, mermando -sin lugar a dudas- considerablemente la que permanece. Nuestra verdad sobreviviente es algo más floja, todavía lo será mucho más mañana y en los días sucesivos, pero permanecerá en nosotros porque nada se pierde y nada se destruye en el universo, todo se recicla y se hace más llevadero por la simple razón de que, perdida su fuerza primera, lo habremos domesticado. 




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