sábado, 20 de febrero de 2016

Y en la madrugada del viernes al sábado, Umberto Eco

    



   Nunca le agradeceré bastante que me hiciera ese desmesurado regalo llamado "El nombre de la rosa". Me duró cuarenta y ocho horas, todas las horas del día, casi todas las de la noche. Fue como una enfermedad de la que no pude salir hasta haber agotado todo su proceso. Quedé exhausta. Vacía. Un trapo.


    Cuando me repuse, la emprendí con "El péndulo de Foucolt", cuya lectura también me dejó hecha trizas, aunque no tanto como en la primera novela. Seguramente porque ya estaba, de alguna manera, vacunada contra el escritor. Eso creí.


    Luego me olvidé de él; hasta que, muchísimos años después, me regalaron "El cementerio de Praga". No sin cierta prevención comencé su lectura. Pero esta vez no fui capaz de rebasar el cuarto capítulo. Su densidad, su complejidad, la apabullante marea de datos, el ir y venir en el tiempo, todos aquellos personajes haciendo y diciendo cosas que nada tenían que ver con lo que realmente sucedía, me marearon hasta lo insoportable. Entendí, todavía sin haberme leído su exégesis, que el follón ambiental era de tal magnitud que no iba a ser capaz de digerirlo. Renuncié a 'Simonini', el falsario más falsario de todos los falsarios. Ahora el libro reina en una de mis estanterías, la más alta, la más inaccesible. (en este caso, en todos los sentidos.) Hoy sigo lamentando todavía mi fracaso.



    Lamento no haber estado a la altura de sus letras, incluidas las de su primera -y la mía- novela. Pero qué le vamos a hacer. Como él mismo dijo: ""El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee".







http://www.elmundo.es/cultura/2016/02/20/56c7ab5dca4741944c8b456c.html


4 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Se parece un poco a nuestro presi, no?...

Buenas noches, Mertxe

Mertxe dijo...

¡Pues es verdad!

Ishtar dijo...

El nombre de la rosa me encantó y el péndulo de Foucault me indigestó, hasta tal punto que una vez lo terminé me juré que jamás volvería a terminar un libro que no me gustase. Me temo que era demasiado joven, hoy me gustaría volver a releerlo.

Eco, un genio, entre sus hojas sigue vivo.

Saludos

Mertxe dijo...

Totalmente de acuerdo. Y te animo a retomar "El péndulo". Yo lo he hecho con "El cementerio de Praga" después de escribir este artículo. Sigo pensando que es complicadísima de seguir, laboriosa de entender, pero Eco se merece el esfuerzo. Eco no solo escribe, sobre todo
enseña disimuladamente, lo cual, indudablemente, le hacía a él mismo eterno aprendiz de su ciencia. Gracias por tu visita, Ishtar.