jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ 2016 (Difícil lo tenemos, pero se intentará.)





Cada fin de año me encanta traerme la Sinfonía de la Ciencia. Me apacigua. Me regenera. Me reconcilia con el universo. No es el universo el mejor de los hogares, pero es el único que tenemos; es el lugar del que estamos llegando constantemente y al que constamente volvemos para volver a volver. La vida tiene muchas formas y, no lo olvidemos, su puerta de entrada es la muerte. Y viceversa. De las estrellas a las estrellas, siempre lo mismo, siempre conectados "entre nosotros, biológicamente; a la tierra, químicamente, y al resto del universo, atómicamente". 






lunes, 28 de diciembre de 2015

“Estudio de nubes, horizonte con árboles” (1821) John Constable. © Royal Academy of Arts, Londres




Sobremesa, café, musiquita. Tregua. Las treguas son lo mejor de la paz, aun sabiendo que se romperán y todo seguirá siendo violencia en sus más diversas y elaboradas formas. Tal vez precisamente en esta idea fatalista reside la seducción de las cosas. Pero que nadie me haga caso, posiblemente es mi empedernida ironía la que opina.
Me he dado un voltio hasta Ugaldetxo, con mucho calor y violento viento del Sur. Sobre mi cabeza, una multitud de hojas girando en enloquecido torbellino. El suelo era un grueso y crujiente tapiz. A los árboles los desnudaba el aire. Ni rastro de la familia de patos que vive en el remanso cercano al molino. Y arriba las nubes, oscuros rasgones cruzándose caóticamente por el cielo. Como en esos 'estudios de las nubes' de John Constable. Igualito. Y aprovecho para decir que no fue el ignaro del Zapatero el primer supervisor de nubes. Ni en sueños. Lo fue Constable. (Constable, ¿lo oyes, Zapatero mentiroso y plagiador? ¡Constable!)
Gente apresurada por los camino. Muchos perros. Algunos chiquitines como 'pins', regalo inequívoco y equivocado para un niño; cada vez que me topaba con estos cachorrillos, que apenas se tenían sobre sus patitas y medio ahogados en la hojarasca, me he preguntado cuántos acabarían en las perreras, o en el mejor de los casos en las protectoras. Los he mirado con una pena inmensa, tan pequeños, tan frágiles, tan esclavos de la estupidez humana.
Extraño y cambiante paisaje invernal. Ese malestar... En cierta ocasión, leyendo a Cioran, me di cuenta de que yo nunca había estado enferma y que ese lejano dolorcillo de fondo que me acompaña desde siempre no era sino el resultado de lo que mis órganos experimentaban bajo la influencia del clima. Confieso que fue un golpe. Hubiera preferido una hernia de disco, en fin, una cosa física, muy localizable. Y resulta que no. Que la cacareada libertad humana está totalmente condicionada por la climatología. Humillante a más no poder.
Echo de menos les temps des cerises. Las hojas verdes. Los árboles sanos. Los cielos azules. El malestar atenuado hasta parecer ausente.






domingo, 27 de diciembre de 2015













Día medio nubladillo. Tiene ganitas. Sí. Que sí. Pero sigue haciendo buenísimo aunque algo haya bajado la temperatura. Si mal no recuerdo, el año pasado estuvo más o menos en el mismo plan, y el anterior, y el anterior, y...  Hasta que llegaba enero y nos las cobraba todas juntas así en Mataró como en San Sebastián. Amén.

Da penita pasar por delante de las tiendas de trapillos. Ya hasta nos saludan abrigos, chaquetones y esos jerseys de cuello alto y pelusilla que se hacinan en los escaparates. Hice amistad con un chaquetón de paño color vino de buena añada hasta el punto que, hace quince días, no pude resistirme a su insistente y lastimoso "shevame a casa...", y me lo compré. Ahora duerme un sueño profundo en mi armario. No sé si se acordará de mi nombre cuando lo despierte de su metabólico&vegetativo coma. Son ya muchos días de estar al otro lado.



sábado, 26 de diciembre de 2015











    Hoy es fiesta en Cataluña. San Esteban va después del día de la Navidad para que la gente pueda reunirse en cuchipanda con esa otra ala de la familia en la que no cuchipandeó ayer. Al final, no nos engañemos, cuchipandean tres veces ya que, como la mayoría no disponen de ocho apellidos autóctonos, las tradiciones importadas pesan lo suyo en estos catalanes sobre la marcha, así que celebran la Nochebuena con todo entusiasmo. Yo celebraba la Nochebuena, primero con mi aita y mi Katta, después solo con mi Katta, y los últimos años con amigos en un restaurante muy majete del Portet. Por cierto, a esta cuchipanda de exteriores se apuntaban los de los ocho, con toda naturalidad. Ya digo, tres cuchipandas para la inmensa mayoría.
Hoy no es fiesta en mi casa.
    Ya hace seis años que dejó de serlo. Iré a verle de todas formas. Le llevaré esas flores, que parece que no dicen nada y que, sin embargo, son la expresión más elocuente de una nostalgia incurable. Entre los muertos y nosotros no cabe otro diálogo.
    Buenos días a todo el mundo y feliz no-cumpleaños, aita.




martes, 22 de diciembre de 2015


Que la suerte os acompañe

(Y aquí un ruido de fondo: el vampiro Montoro afilando dientes y garras.)







lunes, 21 de diciembre de 2015



Esta fecha significa en Euskadi el inicio de las fiestas navideñas, así que para todos los que metan la naricilla en mi página: felices días y que nadie ahorre en gastos, porque nos espera un futuro muy [¡muchísimo más!] oscuro en todos los sentidos.

(Iba a poner la foto de un puesto de txitorra pero me decanto por la pandereta. "Esa" pandereta. Queda más actualizado.)