miércoles, 23 de septiembre de 2015



A la entrada de la propiedad, los pinos se entremezclaban con los castaños de hojas grandes y carnosas, los sauces despeinados y el verde y plata de los eucaliptos. Sobre ellos, persiguiendo los últimos rayos del sol, trenzaban y destrenzaban su vuelo los pájaros altísimos.
La gravilla del camino de entrada producía un extraño rumor bajo las gomas de la furgoneta. Pequeñas piedras saltaban disparadas contra la carrocería.
Pero Anastasio no las oía. Oía tan solo sus voces interiores y el latir gozoso y apresurado de su corazón.






Anastasio, el muchacho tímido y acomplejado de LA EDAD PROHIBIDA al fin va a reunirse con Celia, su amor desde los quince años. Ha pasado una guerra y la posguerra está siendo dura aunque a los dos personajes masculinos centrales no parece importarles demasiado. Se diría que la circunstancia social y política ha quedado a su espalda y, ajenos a todo lo que no sea su propio devenir, caminan por sus grises caminos.
No sé cuántas veces leí esta novela en mi adolescencia. (Cuando tenía la edad de Anastasio y Celia.) Llevaba tiempo deseando recuperar su lectura y al fin lo he conseguido. Ya la he terminado. Dos veces la he terminado. Porque dos veces se leen novelas como esta. Sigo prefiriendo el primer capítulo, 'Enrique', el del Enrique derrotado y a punto de verse cara a cara con Anastasio. Los dos han fracasado en la vida. Enrique la ha malgastado de la peor manera y está por ello en la cárcel. Anastasio, también, pero es el director de esa prisión. Enrique ha sido el impulso, la locura, el exceso. Anastasio, todo lo contrario.
Naturalmente, con esta novela entre mis manos no siento como entonces. Hoy leo 'desde afuera', con el educado -y domesticado- interés de un adulto que ya ha visto desfilar gran parte de las etapas de su vida. Leo con esa atenuada emoción que produce el reencuentro con un viejo amigo. Sin embargo, hay momentos en que vuelvo a sentirme muy joven, niña todavía, cuando tal o cual pasaje me devuelve, con insospechada intensidad, las emociones que sentí en unísono con los personajes. Y sonrío... Sonrío porque me recuerdo leyendo por los rincones, con ansia, con avidez, creyéndome una más en aquel grupo de chicos y chicas que estaban descubriendo el mundo y descubriéndose ellos mismos.



sábado, 19 de septiembre de 2015





Son los ríos

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua, no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.



ángel gonzález

sábado, 12 de septiembre de 2015







Se acerca el final del primer verano de la segunda época en mi tierra. Estoy apurando estos días precursores del otoño, aún tibios y llenos de silencio, para alargar mis paseos mañaneros. Pero no puedo evitar que una curiosa sensación de abandono se haya adueñado de mi ánimo. La experimento como si yo fuera una playa de la que el mar se ha retirado, y aunque sé que volverá en unas horas, que el agua tendrá que recuperarme grano por grano, continúo un tanto a la deriva. Seguramente en mi cerebro se están mezclando muchas cosas; tendré paciencia y esperaré a que se remansen las emociones que este hecho provoca; ocurrirá uno de estos días y entonces, solo entonces, podré decir que ha finalizado mi adaptación a esta segunda edición de la obra que represento en la vida.
    Y hay más: desde hace unos meses mi pasado y mi presente han tomado la costumbre de frecuentarse cada dos por tres, y se van por ahí de la manita, sonrientes y felices, ajenos a nada que no sea su entrañable hermandad en el camino. Supongo que el consuelo de la edad es sentir que tenemos dos cuerpos felizmente reunidos y, cuando toca, felizmente desdoblados. Es el caso. El cuerpo que nos lleva ahora está hecho de tantas horas como el otro; es, por tanto, igual de viejo aunque mucho más sabio. Pero le falta un tesoro. La memoria. Porque la memoria sólo puede vivir en nuestro cuerpo invisible. 'Es' nuestro cuerpo invisible. Resucitarla, parcela a parcela, emoción a emoción, en eso consiste el privilegio que nos concede el pasado. 




viernes, 11 de septiembre de 2015





"El 11 de septiembre de 2001 el mundo asistió estupefacto al peor atentado terrorista vivido por Estado Unidos en toda su historia. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados y estrellados por varios terroristas de la organización islamista radical Al-Qaeda. Los dos primeros ataques se produjeron en las Torres Gemelas, dos edificios emblemáticos del World Trade Center de Nueva York que se vinieron abajo después de que sendos aviones impactasen contra ellas. Un tercer avión impactó contra el Pentágono, y el cuarto lo hizo en campo abierto en Pensilvania. El brutal ataque causó cerca de 3.000 muertes y miles de heridos sumiendo al país en el caos y el desconcierto. La investigación llevada a cabo por el FBI concluyó que la organización Al-Qaeda y su entonces líder Osama Bin Laden fueron los responsables intelectuales y materiales del atentado, aunque éste no reconocería los hechos hasta un año más tarde."





Fuente: https://www.facebook.com/canaldehistoria


sábado, 5 de septiembre de 2015



LLUVIA, MÚSICA, ABRIL, TÚ...

Notas de lluvia
en pentagrama oblicuo:
Blues de abril.

Las mariposa
tontean por el prado
Hay tantas flores...
Tus ojos pardos..
son luz en mi crepúsculo.
No los apagues.
Quiero ser árbol:
Para atrapar tu risa
a ramas llenas.
Y hasta las nubes,
llevarte de mi ala.
Quiero ser pájaro.


                                                                                            
La lluvia deja
                                                                                            una hilera de besos,
                                                                                            sobre mis labios.









En la fecha en que publiqué esta entrada yo no conocía a la poeta. Ahora tampoco. ¿Quién puede afirmar que conoce a alguien? Ni siquiera a nosotros mismos llegamos a sabernos más allá del espejo. Pero ya la he tenido delante, ya conozco el tono de su voz, cómo se mueve, su mirada... Me basta con sentirla como a su poesía.


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Me gusta detenerme entre sus versos. Son como pinceladas azul y naranja en un lienzo pequeño y sin embargo intenso. También hay sombras. Sombras con aristas de color, como en la pintura impresionista. Aparecen entreveradas o sirviendo de fondo a  la luminosidad de palabras como jardín, niños, abril, amor, pero nunca pueden con la ternura, tampoco es ése su propósito, son tan sólo el aliento irreprimible de la larga experiencia, el obligado contrapunto del yo poético que ha vivido mucho, que se las sabe todas, y sabe, ante todo, que la luz es más brillante contra la oscuridad. Cultiva el verso libre. La palabra sin corsés adquiere así un ritmo y una sonoridad envolventes, nos sitúa inmediatamente en un universo  en donde la poeta detiene o pone en marcha el tiempo a su buen albedrío, y va y viene del presente al pasado con naturalidad, con la serena, apacible naturalidad de los seres que han sufrido y gozado. No sé cómo son sus pasos por la calle de todos los días, aunque los imagino sabios, capaces de domesticar el río de Ángel González ("si vas deprisa, el río se apresura. | Si vas despacio, el río se remansa"), no la entiendo corriendo, no la entiendo detenida, la entiendo al compás de la vida, con todo el tiempo para mirar, reflexionar, recordar. La entiendo extraordinariamente viva entre dos mares, soñando en el criollo y soñando en el cantábrico, soñando mientras va a la compra o prepara desayunos o riega sus plantas. Soñando mientras quiere. Tal vez mientras llora.

maría socorro luis es poeta de clara poesía y en su obra no hay encajes inútiles, ni sombra de artificios lingüísticos. En sus versos late la verdad de las cosas porque sólo es poeta quien las siente, de ninguna manera el que las viste de colorines.





miércoles, 2 de septiembre de 2015






    Cielos nublados. Un sol triste y sin fuerzas apenas puede con ellos. El aire viene cargado de humedad y huele a otoño y a rosas recién apagadas.
    No es casualidad que haya buscado esta canción. La atmósfera del día, la última lectura de ayer perseguida por un sueño de sepulcros iluminados, con la voz de Romeo resonando al fondo del helado mausoleo -"¿por qué estás hermosa? ¿será que el descarnado monstruo te ofrece sus amores y te requiere para su dama?"-; y luego el silencio, el breve silencio que rompe Julieta...