lunes, 28 de diciembre de 2015

“Estudio de nubes, horizonte con árboles” (1821) John Constable. © Royal Academy of Arts, Londres




Sobremesa, café, musiquita. Tregua. Las treguas son lo mejor de la paz, aun sabiendo que se romperán y todo seguirá siendo violencia en sus más diversas y elaboradas formas. Tal vez precisamente en esta idea fatalista reside la seducción de las cosas. Pero que nadie me haga caso, posiblemente es mi empedernida ironía la que opina.
Me he dado un voltio hasta Ugaldetxo, con mucho calor y violento viento del Sur. Sobre mi cabeza, una multitud de hojas girando en enloquecido torbellino. El suelo era un grueso y crujiente tapiz. A los árboles los desnudaba el aire. Ni rastro de la familia de patos que vive en el remanso cercano al molino. Y arriba las nubes, oscuros rasgones cruzándose caóticamente por el cielo. Como en esos 'estudios de las nubes' de John Constable. Igualito. Y aprovecho para decir que no fue el ignaro del Zapatero el primer supervisor de nubes. Ni en sueños. Lo fue Constable. (Constable, ¿lo oyes, Zapatero mentiroso y plagiador? ¡Constable!)
Gente apresurada por los camino. Muchos perros. Algunos chiquitines como 'pins', regalo inequívoco y equivocado para un niño; cada vez que me topaba con estos cachorrillos, que apenas se tenían sobre sus patitas y medio ahogados en la hojarasca, me he preguntado cuántos acabarían en las perreras, o en el mejor de los casos en las protectoras. Los he mirado con una pena inmensa, tan pequeños, tan frágiles, tan esclavos de la estupidez humana.
Extraño y cambiante paisaje invernal. Ese malestar... En cierta ocasión, leyendo a Cioran, me di cuenta de que yo nunca había estado enferma y que ese lejano dolorcillo de fondo que me acompaña desde siempre no era sino el resultado de lo que mis órganos experimentaban bajo la influencia del clima. Confieso que fue un golpe. Hubiera preferido una hernia de disco, en fin, una cosa física, muy localizable. Y resulta que no. Que la cacareada libertad humana está totalmente condicionada por la climatología. Humillante a más no poder.
Echo de menos les temps des cerises. Las hojas verdes. Los árboles sanos. Los cielos azules. El malestar atenuado hasta parecer ausente.






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