jueves, 8 de octubre de 2015








(Esa soledad infinita... Ese sueño al que nos entregamos cada noche.)


Al fondo de las horas está el cansancio. Urge estirarse sobre una cama y cerrar los ojos. Esconderse. Se trata de buscarse muy lejos para reanudar la diaria epopeya de los sueños. Para ello es necesario que no se filtre ni un grito de luz, ni un haz de voz, ni un dardo, por fino que sea, de otras miradas. Ahora es la hora del naufragio en la intimidad. Silencio. Silencio. Que tiene que cesar el tiempo mientras nos ahogamos al fondo de las horas. Tan cansados.



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