martes, 18 de agosto de 2015


Pandit Nehru, el hindú, me dio una vez una rosa y me dijo: "Mírala, piensa en ella, consérvala un tiempo. Volveremos a vernos". Al cabo de un año me preguntó qué había pensado. "Sigo viendo la rosa." Veía la bella rosa aun cuando sus pétalos se habían caído. "Eso quería decirte", repuso. "Si de verdad has amado esa rosa, aunque se caigan sus pétalos y se marchite, sigues viendo la bella rosa. Seguirás viendo lo que has amado." GLENN FORD






    Ayer me costaba dormirme. En la cama daba vueltas y más vueltas sin que ningún músculo se me amoldara en el colchón. Mi cabeza, a fin de cuentas la responsable de esta incomodidad, no conseguía ingresar en esa nebulosa que conduce al sueño y tal vez -no siempre es así- al reposo. Me hubiera conformado con una leve semiinconsciencia; a veces llegamos a ser tan poco exigentes que nos basta con cerrar los ojos y deambular por la oscuridad, mudos, sordos, ciegos, vaciados de pensamiento y otros ruidos. Me hubiera conformado con eso. Y no fue así. Finalmente, de muy mal humor, me vine a la sala y abrí esta máquina. Después todo vino rodado. En mi página de Facebook puse en marcha el vídeo de Ginger Rogers y Fred Astaire y me distraje con sus elegantes evoluciones. Cuando acabó, empezó a reproducirse este documental sobre la vida de Rita Hayworth, que creo haber visto en la tele hace tiempo y que, sin embargo, por alguna misteriosa razón, ya desde el principio me atrapó completamente.
   Cuando volví a la cama, me dormí casi instantáneamente. Pero un momento antes de perder la noción de las cosas, la magnífica metáfora que Glenn Ford aplicó a su antigua compañera me cogió resueltamente de la mano y se vino conmigo a vivir entre las rosas que pueblan mis sueños. Durante todo el tiempo que he estado 'fuera', he sentido a mi alrededor, como un aura, el delicado e inmarcesible perfume de la belleza. ¿Cuántas rosas hemos adorado en la vida? Tantas como vimos morir en la vida. Y ahora, después de tanto tiempo, mirándolas... ¡qué frescas permanecen en el recuerdo!
    Me vienen a la memoria unos versos del célebre poema de Ausonio,  De rosis nascentibus: "La edad de las rosas es tan larga como un solo día, | la vejez inminente las agobia, aún jóvenes. | A la que el lucero brillante vio nacer, | a ésa la vio anciana al regresar por la tarde!"... Pero la tarde no acaba con su esplendor si el recuerdo las guarda y las protege. La vejez no puede nada contra el amor y la admiración, y sólo morirán cuando muera el que las sueña.





2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Qué hermoso, Mertxe. El contenido y tu manera de contarlo.

Gabon ta musu handi

Mertxe dijo...

Hola, hermosa mía.