sábado, 25 de julio de 2015



"El zumbido de mis oídos continúa noche y día, sin cesar. Puedo decir, en verdad, que es una miserable vida la mía. Durante los últimos dos años he evitado toda sociedad, porque me resulta imposible decirle a la gente “Estoy sordo”. Si mi profesión fuera otra, no importaría mucho, pero en mi profesión es una cosa terrible; ¿y mis enemigos, que no son pocos, qué dirían de todo esto?" (L. V. Beethoven. 1800)






Otro día gris con algunos amagos de sol. Por cierto, el último de las magdalenas. El día, no el sol.

Tenía que haberme ido de 'comidita y lo que surja' pero, de pronto, me ha entrado una pereza tremenda y no he sido capaz de otros movimientos que los de pasar el plumero, asearme y descolgar el teléfono para contar una trola. Luego he salido al balcón.

¡Se estaba tan bien en el balcón disfrutando de estos increíbles 20º! De las faldas del Jaizquíbel (en las que descansamos) desciende un viento del NO que te deja la piel como si acabaras de confesar todos tus pecados. Me siento limpia, recién salida de la tintorería. Impoluta como hacía tiempo que no.

Y para más felicidad resulta que acabo de comer decentemente. Por primera vez desde hace días he regalado a mi cuerpo macareno una buena merluza al horno con... tachín... tachán... guarnición (obligado homejane a mi Maresme amado), de exquisitos 'rovellóns'. Mi tripilla me ha vuelto a dirigir la palabra, con lo cual, entre que se acaba el follón de las fiestas y que mañana se producirá en mi vida un encuentro de esos que no te esperabas pero sí deseabas con todas tus fuercecillas, pues la cosa se va a poner muy pero que muy maja.

Me gustaría celebrarlo por todo lo alto. Con un Montecristo, pero no fumo. Con una copa de Dom Pérignon, pero no bebo alcohol. Con una ración de percebes en plan postre, pero no me quedan. Bueno, ya está, tomaré otro café, que esto nunca me falla.

Tampoco suele fallarme Beethoven, aunque hoy lo necesito sosegado, conciliador, extremadamente armonioso y delicado, tan balsámico como en ese "Silencio" que un gran compositor y pianista argentino, Ernesto Cortázar II, creó para homenajearlo. 

Silencio que deseo para mí ahora y a todo lo largo de las horas que le quedan a este día.




2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Pues nada, felicitarte por tus tantos motivos de felicidad. Ya me contarás...

Un abrazo con mis mejores deseos

Mertxe dijo...

Sin falta que lo haré.