jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ 2016 (Difícil lo tenemos, pero se intentará.)





Cada fin de año me encanta traerme la Sinfonía de la Ciencia. Me apacigua. Me regenera. Me reconcilia con el universo. No es el universo el mejor de los hogares, pero es el único que tenemos; es el lugar del que estamos llegando constantemente y al que constamente volvemos para volver a volver. La vida tiene muchas formas y, no lo olvidemos, su puerta de entrada es la muerte. Y viceversa. De las estrellas a las estrellas, siempre lo mismo, siempre conectados "entre nosotros, biológicamente; a la tierra, químicamente, y al resto del universo, atómicamente". 






lunes, 28 de diciembre de 2015

“Estudio de nubes, horizonte con árboles” (1821) John Constable. © Royal Academy of Arts, Londres




Sobremesa, café, musiquita. Tregua. Las treguas son lo mejor de la paz, aun sabiendo que se romperán y todo seguirá siendo violencia en sus más diversas y elaboradas formas. Tal vez precisamente en esta idea fatalista reside la seducción de las cosas. Pero que nadie me haga caso, posiblemente es mi empedernida ironía la que opina.
Me he dado un voltio hasta Ugaldetxo, con mucho calor y violento viento del Sur. Sobre mi cabeza, una multitud de hojas girando en enloquecido torbellino. El suelo era un grueso y crujiente tapiz. A los árboles los desnudaba el aire. Ni rastro de la familia de patos que vive en el remanso cercano al molino. Y arriba las nubes, oscuros rasgones cruzándose caóticamente por el cielo. Como en esos 'estudios de las nubes' de John Constable. Igualito. Y aprovecho para decir que no fue el ignaro del Zapatero el primer supervisor de nubes. Ni en sueños. Lo fue Constable. (Constable, ¿lo oyes, Zapatero mentiroso y plagiador? ¡Constable!)
Gente apresurada por los camino. Muchos perros. Algunos chiquitines como 'pins', regalo inequívoco y equivocado para un niño; cada vez que me topaba con estos cachorrillos, que apenas se tenían sobre sus patitas y medio ahogados en la hojarasca, me he preguntado cuántos acabarían en las perreras, o en el mejor de los casos en las protectoras. Los he mirado con una pena inmensa, tan pequeños, tan frágiles, tan esclavos de la estupidez humana.
Extraño y cambiante paisaje invernal. Ese malestar... En cierta ocasión, leyendo a Cioran, me di cuenta de que yo nunca había estado enferma y que ese lejano dolorcillo de fondo que me acompaña desde siempre no era sino el resultado de lo que mis órganos experimentaban bajo la influencia del clima. Confieso que fue un golpe. Hubiera preferido una hernia de disco, en fin, una cosa física, muy localizable. Y resulta que no. Que la cacareada libertad humana está totalmente condicionada por la climatología. Humillante a más no poder.
Echo de menos les temps des cerises. Las hojas verdes. Los árboles sanos. Los cielos azules. El malestar atenuado hasta parecer ausente.






domingo, 27 de diciembre de 2015













Día medio nubladillo. Tiene ganitas. Sí. Que sí. Pero sigue haciendo buenísimo aunque algo haya bajado la temperatura. Si mal no recuerdo, el año pasado estuvo más o menos en el mismo plan, y el anterior, y el anterior, y...  Hasta que llegaba enero y nos las cobraba todas juntas así en Mataró como en San Sebastián. Amén.

Da penita pasar por delante de las tiendas de trapillos. Ya hasta nos saludan abrigos, chaquetones y esos jerseys de cuello alto y pelusilla que se hacinan en los escaparates. Hice amistad con un chaquetón de paño color vino de buena añada hasta el punto que, hace quince días, no pude resistirme a su insistente y lastimoso "shevame a casa...", y me lo compré. Ahora duerme un sueño profundo en mi armario. No sé si se acordará de mi nombre cuando lo despierte de su metabólico&vegetativo coma. Son ya muchos días de estar al otro lado.



sábado, 26 de diciembre de 2015











    Hoy es fiesta en Cataluña. San Esteban va después del día de la Navidad para que la gente pueda reunirse en cuchipanda con esa otra ala de la familia en la que no cuchipandeó ayer. Al final, no nos engañemos, cuchipandean tres veces ya que, como la mayoría no disponen de ocho apellidos autóctonos, las tradiciones importadas pesan lo suyo en estos catalanes sobre la marcha, así que celebran la Nochebuena con todo entusiasmo. Yo celebraba la Nochebuena, primero con mi aita y mi Katta, después solo con mi Katta, y los últimos años con amigos en un restaurante muy majete del Portet. Por cierto, a esta cuchipanda de exteriores se apuntaban los de los ocho, con toda naturalidad. Ya digo, tres cuchipandas para la inmensa mayoría.
Hoy no es fiesta en mi casa.
    Ya hace seis años que dejó de serlo. Iré a verle de todas formas. Le llevaré esas flores, que parece que no dicen nada y que, sin embargo, son la expresión más elocuente de una nostalgia incurable. Entre los muertos y nosotros no cabe otro diálogo.
    Buenos días a todo el mundo y feliz no-cumpleaños, aita.




martes, 22 de diciembre de 2015


Que la suerte os acompañe

(Y aquí un ruido de fondo: el vampiro Montoro afilando dientes y garras.)







lunes, 21 de diciembre de 2015



Esta fecha significa en Euskadi el inicio de las fiestas navideñas, así que para todos los que metan la naricilla en mi página: felices días y que nadie ahorre en gastos, porque nos espera un futuro muy [¡muchísimo más!] oscuro en todos los sentidos.

(Iba a poner la foto de un puesto de txitorra pero me decanto por la pandereta. "Esa" pandereta. Queda más actualizado.)





miércoles, 18 de noviembre de 2015





Ce temps-là où nous étions tous la même chose...






http://www.periodistadigital.com/opinion/columnistas/2015/11/15/alianza-civilizaciones-imbecil-antonio-burgos-abc.shtml



lunes, 19 de octubre de 2015




Finalmente sólo queda observar
sin remordimientos
mirar de frente las cosas que matamos
una y otra vez
una y otra vez
a lo largo de los años.
Oscurece...
Ahora estamos cansados frente al mar
y somos felices de esa manera melancólica.








jueves, 8 de octubre de 2015








(Esa soledad infinita... Ese sueño al que nos entregamos cada noche.)


Al fondo de las horas está el cansancio. Urge estirarse sobre una cama y cerrar los ojos. Esconderse. Se trata de buscarse muy lejos para reanudar la diaria epopeya de los sueños. Para ello es necesario que no se filtre ni un grito de luz, ni un haz de voz, ni un dardo, por fino que sea, de otras miradas. Ahora es la hora del naufragio en la intimidad. Silencio. Silencio. Que tiene que cesar el tiempo mientras nos ahogamos al fondo de las horas. Tan cansados.



miércoles, 23 de septiembre de 2015



A la entrada de la propiedad, los pinos se entremezclaban con los castaños de hojas grandes y carnosas, los sauces despeinados y el verde y plata de los eucaliptos. Sobre ellos, persiguiendo los últimos rayos del sol, trenzaban y destrenzaban su vuelo los pájaros altísimos.
La gravilla del camino de entrada producía un extraño rumor bajo las gomas de la furgoneta. Pequeñas piedras saltaban disparadas contra la carrocería.
Pero Anastasio no las oía. Oía tan solo sus voces interiores y el latir gozoso y apresurado de su corazón.






Anastasio, el muchacho tímido y acomplejado de LA EDAD PROHIBIDA al fin va a reunirse con Celia, su amor desde los quince años. Ha pasado una guerra y la posguerra está siendo dura aunque a los dos personajes masculinos centrales no parece importarles demasiado. Se diría que la circunstancia social y política ha quedado a su espalda y, ajenos a todo lo que no sea su propio devenir, caminan por sus grises caminos.
No sé cuántas veces leí esta novela en mi adolescencia. (Cuando tenía la edad de Anastasio y Celia.) Llevaba tiempo deseando recuperar su lectura y al fin lo he conseguido. Ya la he terminado. Dos veces la he terminado. Porque dos veces se leen novelas como esta. Sigo prefiriendo el primer capítulo, 'Enrique', el del Enrique derrotado y a punto de verse cara a cara con Anastasio. Los dos han fracasado en la vida. Enrique la ha malgastado de la peor manera y está por ello en la cárcel. Anastasio, también, pero es el director de esa prisión. Enrique ha sido el impulso, la locura, el exceso. Anastasio, todo lo contrario.
Naturalmente, con esta novela entre mis manos no siento como entonces. Hoy leo 'desde afuera', con el educado -y domesticado- interés de un adulto que ya ha visto desfilar gran parte de las etapas de su vida. Leo con esa atenuada emoción que produce el reencuentro con un viejo amigo. Sin embargo, hay momentos en que vuelvo a sentirme muy joven, niña todavía, cuando tal o cual pasaje me devuelve, con insospechada intensidad, las emociones que sentí en unísono con los personajes. Y sonrío... Sonrío porque me recuerdo leyendo por los rincones, con ansia, con avidez, creyéndome una más en aquel grupo de chicos y chicas que estaban descubriendo el mundo y descubriéndose ellos mismos.



sábado, 19 de septiembre de 2015





Son los ríos

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua, no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.



ángel gonzález

sábado, 12 de septiembre de 2015







Se acerca el final del primer verano de la segunda época en mi tierra. Estoy apurando estos días precursores del otoño, aún tibios y llenos de silencio, para alargar mis paseos mañaneros. Pero no puedo evitar que una curiosa sensación de abandono se haya adueñado de mi ánimo. La experimento como si yo fuera una playa de la que el mar se ha retirado, y aunque sé que volverá en unas horas, que el agua tendrá que recuperarme grano por grano, continúo un tanto a la deriva. Seguramente en mi cerebro se están mezclando muchas cosas; tendré paciencia y esperaré a que se remansen las emociones que este hecho provoca; ocurrirá uno de estos días y entonces, solo entonces, podré decir que ha finalizado mi adaptación a esta segunda edición de la obra que represento en la vida.
    Y hay más: desde hace unos meses mi pasado y mi presente han tomado la costumbre de frecuentarse cada dos por tres, y se van por ahí de la manita, sonrientes y felices, ajenos a nada que no sea su entrañable hermandad en el camino. Supongo que el consuelo de la edad es sentir que tenemos dos cuerpos felizmente reunidos y, cuando toca, felizmente desdoblados. Es el caso. El cuerpo que nos lleva ahora está hecho de tantas horas como el otro; es, por tanto, igual de viejo aunque mucho más sabio. Pero le falta un tesoro. La memoria. Porque la memoria sólo puede vivir en nuestro cuerpo invisible. 'Es' nuestro cuerpo invisible. Resucitarla, parcela a parcela, emoción a emoción, en eso consiste el privilegio que nos concede el pasado. 




viernes, 11 de septiembre de 2015





"El 11 de septiembre de 2001 el mundo asistió estupefacto al peor atentado terrorista vivido por Estado Unidos en toda su historia. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados y estrellados por varios terroristas de la organización islamista radical Al-Qaeda. Los dos primeros ataques se produjeron en las Torres Gemelas, dos edificios emblemáticos del World Trade Center de Nueva York que se vinieron abajo después de que sendos aviones impactasen contra ellas. Un tercer avión impactó contra el Pentágono, y el cuarto lo hizo en campo abierto en Pensilvania. El brutal ataque causó cerca de 3.000 muertes y miles de heridos sumiendo al país en el caos y el desconcierto. La investigación llevada a cabo por el FBI concluyó que la organización Al-Qaeda y su entonces líder Osama Bin Laden fueron los responsables intelectuales y materiales del atentado, aunque éste no reconocería los hechos hasta un año más tarde."





Fuente: https://www.facebook.com/canaldehistoria


sábado, 5 de septiembre de 2015



LLUVIA, MÚSICA, ABRIL, TÚ...

Notas de lluvia
en pentagrama oblicuo:
Blues de abril.

Las mariposa
tontean por el prado
Hay tantas flores...
Tus ojos pardos..
son luz en mi crepúsculo.
No los apagues.
Quiero ser árbol:
Para atrapar tu risa
a ramas llenas.
Y hasta las nubes,
llevarte de mi ala.
Quiero ser pájaro.


                                                                                            
La lluvia deja
                                                                                            una hilera de besos,
                                                                                            sobre mis labios.









En la fecha en que publiqué esta entrada yo no conocía a la poeta. Ahora tampoco. ¿Quién puede afirmar que conoce a alguien? Ni siquiera a nosotros mismos llegamos a sabernos más allá del espejo. Pero ya la he tenido delante, ya conozco el tono de su voz, cómo se mueve, su mirada... Me basta con sentirla como a su poesía.


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Me gusta detenerme entre sus versos. Son como pinceladas azul y naranja en un lienzo pequeño y sin embargo intenso. También hay sombras. Sombras con aristas de color, como en la pintura impresionista. Aparecen entreveradas o sirviendo de fondo a  la luminosidad de palabras como jardín, niños, abril, amor, pero nunca pueden con la ternura, tampoco es ése su propósito, son tan sólo el aliento irreprimible de la larga experiencia, el obligado contrapunto del yo poético que ha vivido mucho, que se las sabe todas, y sabe, ante todo, que la luz es más brillante contra la oscuridad. Cultiva el verso libre. La palabra sin corsés adquiere así un ritmo y una sonoridad envolventes, nos sitúa inmediatamente en un universo  en donde la poeta detiene o pone en marcha el tiempo a su buen albedrío, y va y viene del presente al pasado con naturalidad, con la serena, apacible naturalidad de los seres que han sufrido y gozado. No sé cómo son sus pasos por la calle de todos los días, aunque los imagino sabios, capaces de domesticar el río de Ángel González ("si vas deprisa, el río se apresura. | Si vas despacio, el río se remansa"), no la entiendo corriendo, no la entiendo detenida, la entiendo al compás de la vida, con todo el tiempo para mirar, reflexionar, recordar. La entiendo extraordinariamente viva entre dos mares, soñando en el criollo y soñando en el cantábrico, soñando mientras va a la compra o prepara desayunos o riega sus plantas. Soñando mientras quiere. Tal vez mientras llora.

maría socorro luis es poeta de clara poesía y en su obra no hay encajes inútiles, ni sombra de artificios lingüísticos. En sus versos late la verdad de las cosas porque sólo es poeta quien las siente, de ninguna manera el que las viste de colorines.





miércoles, 2 de septiembre de 2015






    Cielos nublados. Un sol triste y sin fuerzas apenas puede con ellos. El aire viene cargado de humedad y huele a otoño y a rosas recién apagadas.
    No es casualidad que haya buscado esta canción. La atmósfera del día, la última lectura de ayer perseguida por un sueño de sepulcros iluminados, con la voz de Romeo resonando al fondo del helado mausoleo -"¿por qué estás hermosa? ¿será que el descarnado monstruo te ofrece sus amores y te requiere para su dama?"-; y luego el silencio, el breve silencio que rompe Julieta... 



jueves, 27 de agosto de 2015




Cioran ? Lui-même s'est défini dans son ouvrage Les larmes et les saints :
" la passion de l’absolu dans une âme sceptique ! " 






Sitio recomendado: https://www.facebook.com/LiteraturaYPsicoanalisis?fref=photo







martes, 25 de agosto de 2015


"La verdadera patria del hombre es la infancia." 
(Rainer Maria Rilke)






Después de la lluvia lo que más me gustaba eran los charcos, todos, todos los charcos, recuerdo muy bien que no dejaba pasar ni uno. Saltaba entre aquellos mares diminutos, jugando a sortearlos pero siempre terminaba en su interior, empapada y feliz, feliz y temerosa de la bronca en casa, temerosa pero soñando. La infancia siempre sueña. La infancia es esa parte de la vida que dura eternamente y se reclina en la memoria para mirarnos transcurrir por las edades. Ella no cambia, persevera en ese tiempo de la lluvia y los charcos; espera, nos espera, sabe que volveremos cualquier día, sin previo aviso, más altos y arrugados, deshechos y cansados, rotos por el despiadado oleaje de los años. Extenderá su mano hacia nosotros para invitarnos a sus sueños, y entonces veremos desvanecerse el triste cuerpo que arrastrábamos y todo volverá a ser lo que creímos perdido. 



domingo, 23 de agosto de 2015


Si te miro, me miro. La prueba es que, cuando lloro, mis lágrimas tienen tu sal.






Padre mar, ya sabemos
cómo te llamas, todas
las gaviotas reparten
tu nombre en las arenas:
ahora, pórtate bien,
no sacudas tus crines,
no amenaces a nadie,
no rompas contra el cielo
tu bella dentadura,
déjate por un rato
de gloriosas historias,
danos a cada hombre,
a cada
mujer y a cada niño,
un pez grande o pequeño
cada día.


(Un fragmento de "Oda al mar", de PABLO NERUDA)



SITIO DE LA IMAGEN: https://twitter.com/de_la_plaza_AE?lang=es

miércoles, 19 de agosto de 2015







Comparto mi café de la sobremesa con todos los átomos que soy. Infinita y eterna me lo apuro y me enriquezco, como él lo hace al entrar en mí, como yo lo haré cuando entre en otras cosas. 







martes, 18 de agosto de 2015


Pandit Nehru, el hindú, me dio una vez una rosa y me dijo: "Mírala, piensa en ella, consérvala un tiempo. Volveremos a vernos". Al cabo de un año me preguntó qué había pensado. "Sigo viendo la rosa." Veía la bella rosa aun cuando sus pétalos se habían caído. "Eso quería decirte", repuso. "Si de verdad has amado esa rosa, aunque se caigan sus pétalos y se marchite, sigues viendo la bella rosa. Seguirás viendo lo que has amado." GLENN FORD






    Ayer me costaba dormirme. En la cama daba vueltas y más vueltas sin que ningún músculo se me amoldara en el colchón. Mi cabeza, a fin de cuentas la responsable de esta incomodidad, no conseguía ingresar en esa nebulosa que conduce al sueño y tal vez -no siempre es así- al reposo. Me hubiera conformado con una leve semiinconsciencia; a veces llegamos a ser tan poco exigentes que nos basta con cerrar los ojos y deambular por la oscuridad, mudos, sordos, ciegos, vaciados de pensamiento y otros ruidos. Me hubiera conformado con eso. Y no fue así. Finalmente, de muy mal humor, me vine a la sala y abrí esta máquina. Después todo vino rodado. En mi página de Facebook puse en marcha el vídeo de Ginger Rogers y Fred Astaire y me distraje con sus elegantes evoluciones. Cuando acabó, empezó a reproducirse este documental sobre la vida de Rita Hayworth, que creo haber visto en la tele hace tiempo y que, sin embargo, por alguna misteriosa razón, ya desde el principio me atrapó completamente.
   Cuando volví a la cama, me dormí casi instantáneamente. Pero un momento antes de perder la noción de las cosas, la magnífica metáfora que Glenn Ford aplicó a su antigua compañera me cogió resueltamente de la mano y se vino conmigo a vivir entre las rosas que pueblan mis sueños. Durante todo el tiempo que he estado 'fuera', he sentido a mi alrededor, como un aura, el delicado e inmarcesible perfume de la belleza. ¿Cuántas rosas hemos adorado en la vida? Tantas como vimos morir en la vida. Y ahora, después de tanto tiempo, mirándolas... ¡qué frescas permanecen en el recuerdo!
    Me vienen a la memoria unos versos del célebre poema de Ausonio,  De rosis nascentibus: "La edad de las rosas es tan larga como un solo día, | la vejez inminente las agobia, aún jóvenes. | A la que el lucero brillante vio nacer, | a ésa la vio anciana al regresar por la tarde!"... Pero la tarde no acaba con su esplendor si el recuerdo las guarda y las protege. La vejez no puede nada contra el amor y la admiración, y sólo morirán cuando muera el que las sueña.





lunes, 17 de agosto de 2015

Manuel Alcántara, poeta, escritor, periodista...

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    BIOGRAFÍA

Lo mejor del recuerdo es el olvido...

Málaga naufragaba y emergía...
Manuel, junto a la mar, desentendido;
yo era un niño jugando a la alegría.
Ahora juego a todo lo que obliga
la impuesta profesión de ser humano,
y a veces, al final de la fatiga,
enseño a andar palabras de la mano.
Ser hombre es ir andando hacia el olvido,
haciéndose una patria en la esperanza;
cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido
y a gritos no se alcanza.
(Dentro de poco se dirá que fuiste,
que alguien llamado así vivió y amaba...)
Ser hombre es una larga historia triste
y un buen día se acaba.
Desde mis veinticinco historias vengo.
Nada me importó nada.
Pero cualquier capítulo lo tengo
miniado en letra triste y colorada.
Un hombre hecho y deshecho
os habla. Soy distinto cada año.
Tengo un desconocido por el pecho.
Sí. Miradme a los versos. No os engaño.
Tengo el sombrío bosque de la frente
esperando que llueva;
mientras, el alma suena bajo el puente,
y cuando el alma suena es que a Dios lleva.
Vuelvo a andar el camino desandado
y en mi paso resuenan las cadenas.
Recuerda el corazón acostumbrado...,
¡qué buen fisonomista de las penas!
Unas pocas palabras me mantienen:
duda, esperanza, amor... Siempre me pierdo...
Amor, duda, esperanza... Siempre vienen...
La ilusión, si la he visto, no me acuerdo.


Lo mejor del recuerdo es el olvido...


Málaga naufragaba y emergía...
Manuel, junto a la mar, desentendido;
hubo una vez un niño en la bahía.
Y hay un hombre de pie sobre mis huellas
indefenso y sonoro, a ras del suelo,
que se irá mientras hacen las estrellas
propaganda de Dios allá en el cielo.




(Reposición de una entrada antigua. Alguien me ha visitado hace unos minutos y me he sentido 'tocada' por el objeto de su lectura. La devuelvo [la lectura] al presente y me devuelvo con ella sintiendo lo que sentí entonces, porque lo mejor del recuerdo no siempre es el olvido.) 







viernes, 14 de agosto de 2015






Ha estado lloviendo delicadamente toda la mañana. Yo he salido a darme unos garbeos bien equipada de paraguas, calzado adecuado, esa chaqueta vaquera (hacía fresquito) que tan guapísimas y jovencísimas nos hace perfectamente combinada con los Levi's, y un generosísimo escote (esto no es equipamiento propiamente dicho [a no ser que contemple objetivos concretos], tan solo es para no desmoralizar al verano).

Primera parada en el Juli para respostar: un cortado con crema de leche. La segunda en la ONCE. Y la tercera en el Zumardi a fin de enriquecer el depósito del combustible: un zumo de naranja. Se me ha acercado una amiguita y durante una media hora hemos tenido una charleta muy agradable. Después, ya sola, me he puesto las gafas de cercanías para iniciarme en un miniladrillo de Jon Juaristi llamado "Estrella de la paciencia". (Es un ensayo muy docto e informado en torno a Antonio Machado y su familia, que rastrea los posibles orígenes judíos de la saga.) Pero ya lo he dicho: me ha aburrido cantidubidubidá el tomito de marras, aunque tengo que acabarlo, no soy capaz -y nunca lo seré- de plantar a un libro por rollazo que sea.

A todo esto, seguía lloviendo sottovoce. En la mesa de al lado se han sentado dos hombres de mediana edad y se han puesto a contarse no sé qué historias sobre unas vacaciones en Málaga y a fumar como chimeneas. Estaban muy cerca de mí y me incomodaba esta innecesaria proximidad; me molestaba sobre todo la nube de nicotina que, procedente de sus fosas nasales, se me estaba metiendo en las mías. Repugnante. Me he cambiado de sitio usando de un tacto exquisito, pero no ha debido de serlo tanto porque inmediatamente me han mirado entre sorprendidos y ofendidos. Yo he hecho como que no me daba cuenta fingiendo que los apócrifos de Machado sobre los que ronroneaba Juaristi me interesaban horrores.

Al cabo, se ha venido hasta la terraza de la cafetería un negrazo de unos dos metros y pico, con unas espaldas que hubieran sido la envidia de cualquier Jai Alai, a pedirnos dinero por medio de una cartulina en la que se leía: tengo mucha hambre. Rentería (como lo he visto por Cataluña) está a rebosar de estas redes de mendicidad y topmanteo, y no hay comercio, esquina o calle que no tenga a una de estas personas ejerciendo su lamentable oficio. De hecho, hay un pequeño parque junto a las escuelas, en pleno centro del pueblo, que ha pasado a ser literalmente propiedad de una colonia de gitanos rumanos. Pero volviendo al pedazo de hombre del Zumardi diré que se ha puesto pesadísimo paseándonos la dichosa cartulina a un palmo de la nariz y amagando sentarse para darnos más cómodamente la chapa. Finalmente, viendo que nadie aflojaba, se ha enfadado y antes de dar media vuelta nos ha puesto como chupa de dómine. Supongo que en swahili. Seguía lloviendo. Llovía cuando entraba en mi portal.

A ver si esta tarde se abren los cielos y nos permiten pasear tranquilamente por Donosti. Se me ha antojado ese tramo que discurre entre La Perla y Ondarreta, con el Palacio de Miramar siguiéndonos con la mirada desde sus altos jardines. Me gustaría tanto poder disfrutarlo... Me está llamando desde que he regresado. Me está llamando y hasta ahora no he querido acudir, por miedo, por todo lo contrario, yo qué sé, yo qué sé, pero sé, y esto lo sé con toda certeza, que allí me esperan, vivitas y coleando, intocadas por el tiempo, aquellas cosas que amé en remotos veranos.






martes, 11 de agosto de 2015






    Calles semivacías, algunas desiertas y rezumando sombra; árboles tristes de una tristeza verde oscuro que conmueve en su profundidad; esplendor de un verano que deambula aburrido por las esquinas, y en el aire esa melancolía sutil de las cosas que han cruzado ya la línea del ecuador y saben que comienzan a desvanecerse. Llueve morriña, densa pereza, holgazanería. La cuenta atrás se ha puesto en marcha, no es visible aún, le faltan algunas semanas para ser percibida físicamente, pero para cualquier observador algo avisado se palpa el declive.
    Yo lo palpo. Sé hacerlo. No sé por qué pero hace mucho tiempo me di cuenta del momento en que se iniciaban los puntos de inflexión. Después, gracias a mi amigo Schopenhauer, entendí este don que no era tal. Soy pesimista y no por naturaleza; es, creo, más bien por la experiencia. Por -como diría Pavese- "oficio de vivir". No suelo estar atenta a los principios, pero sí  soy plenamente consciente de ese instante en que la vida toma la curva.
    He pasado la mañana paseando con una amiga, parloteando animadamente de esto y de lo otro. El cielo se iba velando poco a poco y olía a tormenta. Así pues, en un momento dado he sentido cómo me ganaba la tristeza. Esa tristeza. Una tristeza limpia, primitiva, no fundamentada en ningún hecho puntual. Es la tristeza de los espíritus que ya nacen tocados por su finitud; no duele, no hace llorar ni conlleva enfermedades terribles. Es tan solo la apacible memoria de la nada. 
   Luego, al volver para mi casa, me he enchufado el 'emepecuatro' en el oído sano, mejor dicho, menos cacharrero, y ese tío suertudo que tan felices nos viene haciendo desde 1958, hablo de Remo Giazotto, me ha hecho levitar una vez más con su "Adagio de Albinoni". Unos momentos antes había entrado en Eroski para hacerme con lo que ayer se me olvidó, una bolsa de unos 6 ó 7 kilillos de intendencia, y  puedo jurar y juro solemnemente que más parecía rellena de aire.