martes, 16 de septiembre de 2014






Medio nublado, medio azul, y esta ligerísima brisa que anuncia cada día el cambio que se aproxima. Más que en el cielo se aprecia en los parques, que son los primeros en mostrar la evidencia. Mientras escribo me ha venido a la cabeza un pasaje de Las memorias de ultratumba, de Chateaubriand. Él es un adolescente, un ser especialmente sensible a cuanto le rodea. La relación entre sus emociones y el paisaje es tan estrecha que nada puede disociarlos. 

Dice: "Un carácter moral se asocia a las escenas del otoño: esas hojas que caen como nuestros años, esas flores que se marchitan como nuestras horas, esas nubes que huyen como nuestras ilusiones, esta luz que se debilita como nuestra inteligencia, ese sol que se enfría como nuestros amores, esos ríos que se hielan como nuestra vida, tienen una secreta relación con nuestros destinos". 

Pienso. Tal vez ni siquiera es eso, a veces el pensamiento no es más que un latido de la consciencia, tan ambiguo, flojo y volátil que no se le puede aprehender. Es como si no nos perteneciera.

Sigue sonando el andante.

Hay mucha soledad en la tarde. Se desgrana nota a nota, palabra a palabra. 

Mozart y Chateaubriand alrededor de mi café que está punto de agotarse.



2 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Justo te leo en esa hora mágica de la tarde en que los tonos azules cortejan los naranjas del ocaso.
Besos mientras combato con los virus del resfriado.

Mertxe dijo...

Ponte bueno, Nomita, aunque ya veo que estás tomando la mejor de las medicinas. Ese espectáculo único que se da en tu tierra. Abrazos, hermoso.