miércoles, 23 de julio de 2014





Leí este ensayo hace unos meses y me gustó tanto que decidí darle otra lectura, si fuera posible más pausada, más biológica. Deseaba interiorizar pasajes esenciales, escenarios en los que yo misma me había movido y que ahora tenía más o menos olvidados. Cuando se vive lo que mi generación ha vivido, resulta muy conveniente no perder el hilo de la historia. Fuimos medio idiotas hasta bien entrada la juventud y nos despertó el escalofriante estertor de un régimen que agonizaba a toda velocidad. A toda velocidad nos incorporamos a un mundo que se venía abajo. A toda velocidad, teníamos una prisa feroz y casi cualquier cosa nos servía con tal de aplastar a la bestia que poco antes ni siquiera conocíamos. No sé si lo hicimos bien o lo hicimos mal, supongo que nuestro analfabetismo político tuvo mucho que ver en los caminos que elegimos para ser libres, y no esgrimo como escusa este hecho probado, al contrario, expongo una realidad que tal vez hoy explique muchas de las lacras que estamos padeciendo. 

Antonio Muñoz Molina hace una exposición certera de todos los acontecimientos que tras el confortable fallecimiento en la cama de la dictadura franquista nos han llevado a un deterioro masivo en todos los órdenes sociales. Creimos acabar con la corrupción y no hemos hecho otra cosa que acrecentarla. ¿El sistema ha fagocitado nuestras ilusiones? No lo creo. Los sistemas son todos iguales. Un sistema funciona con dinero, cualquier sistema, ése no es el problema, lo venimos constatando siglo tras siglo. El problema somos nosotros. Una y otra vez nosotros. El último párrafo del ensayo me gusta especialmente porque en él se atisba una esperanza nada incorpórea. Una esperanza de salir adelante siempre y cuando dejemos en la cuneta a los que nos han metido en este negro agujero y a los alevines de viejas-nuevas dictaduras de variopinto corte. 





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Ha terminado el simulacro. Que la clase política española quiera seguir viviendo en él es una estafa que ya no podemos permitirles, que no podemos permitirnos. Tenemos un país a medias desarrollado y a medias devastado, sumido en el hábito de la discordia, cargado de deudas, con una administración hipertrofiada y politizada, sin el pulso cívico necesario para emprender grandes proyectos comunes. También tenemos infinitamente más personas capaces  y más y mejores medios de los que teníamos hace veinte o treinta años. Hemos mirado con demasiada tolerancia o demasiado distraídamente la incompetencia y la corrupción. Pero también nos hemos dotado, aquí y allá, de logros extraordinarios, escuelas y hospitales muchas veces magníficos, empresas que en medio de la crisis siguen creando trabajo y riqueza, instituciones científicas y culturales que han salido adelante a pesar de todos los pesares y ahora de pronto están en peligro. Hay que fijarse en lo que se ha hecho bien y en quienes lo han hecho bien para tomar ejemplo. No tendremos disculpa si hacemos todos lo poco o lo mucho que está en nuestras manos, en las de cada uno, para que no se pierda lo que tanto ha costado construir, para asegurar a nuestros hijos un porvenir habitable, si no los alentamos y los adiestramos para que lo defiendas. Ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real. Después de tantas alucinaciones, quizás sólo ahora hemos llegado o deberíamos haber llegado a la edad de la razón.





2 comentarios:

Glo dijo...

Se percibe en ese autor el sempiterno complejo de inferioridad nacional. Ha sido iluminado y pone a nuestros pies el panorama del país con la vehemencia de Yul Bryner vestido de faraón, por ejemplo: resulta que hay cosas que se han hecho bien y otras que se han hecho mal. Realmente necesitamos figuras con esa clarividencia.

Y su original remedio resulta ser el de luchar contra las palabritas de moda: "incompetencia" y "corrupción". Y tomar ejemplo de quienes lo han hecho bien. Lástima que no diga cómo, y que no mencione nombres.

Mertxe dijo...

Nunca se dirá cómo. Por los comos, Glo, son muy diversos y, por supueto, comprometidos. Mucha gente, aun los que nos hemos domesticado en gran medida, tiraríamos por la calle de en medio. La desepseración y el asco son peligrosos motores. Pero yo le entiendo porque a estas alturas de mi vida sé que no tenemos solución. Somos así. En todas partes. Pero sí me agarro a esa posibilidad que ahora tenemos y que nunca hemos tenido: las urnas. Un sonoro boicot en las próximas elecciones. Soy ciorana y no espero milagros, lo que sí espero es una cierta mejoría de lo que actualmente tenemos. Si millones de españoles se plantan antes las urnas con los brazos cruzados... verás cómo se replantean estos sinvergüenzas la cosa del gobierno de la estafa. Por ahí entiendo a AMM, y comparto al cien por cien todo cuanto dice. Él fue comunista (¿quién no lo fue de una u otra manera en los 70 y 80?) y como muchos muchísimos se fue replanteando el asunto. Hoy estamos aquí, Glo, con nuestros fiascos al hombro, ya nada tiene remedio. Pero al menos hemos comprendido que no hasy sistema bueno, que no hay líder (asquito de palabra) santo, que todo es mentira, que la cosa funcionó y funcionará en base a dos magnitudes sinónimas: el dinero y el poder. Y ya está. A partir de ahí sólo es cuetión de parches. Naturalmente, en la época actual, el parche de que disponemos es muy poderoso. Mucho. ¿Por qué no lo utilizamos? ¿Por qué? La respuesta me la estoy dando yo misma pero el pudor me impide escribirla.