sábado, 19 de abril de 2014

Ahora que Gabo ya no está, ahora que el hueco que se ha abierto en el mundo todavía está caliente y grita su ausencia, pienso dedicar esta tarde a releerme, no su emblemática novela, no, no, dejaré los "Cien años de soledad" para otra ocasión, lo que haré será volverme hacia "El coronel no tiene quien le escriba", porque la tengo más a mano y porque, decididamente, de todas sus novelas es la que más me gusta.

Hoy tengo ganas de ti, mi querido escritor, hoy voy a perdonarte una vez más la amistad que regalaste al más cruel de todos los diablos caribeños. Nadie es perfecto. Ni Delibes lo era, que ya es decir, con aquella manía suya por las escopetas.








4 comentarios:

Glo dijo...

Hace unas semanas, no sé porqué, me vinieron a la memoria las palabras: "... Más tarde supe que eran las rompientes de Punta Caribana...", que se me quedaron grabadas de cuando leí "Relato de un náufrago", y volví sobre él.

Mertxe dijo...

Un gran tipo. Lástima que su talento creativo no le haya iluminado en lo político. A Vargas Llosa le pasó lo mismo, pero supo rectificar. Los intelectuales del siglo XX siempre han estado muy desafortunados en lo tocante a las ideologías. Stalin tuvo la tira de admiradores en este campo. En fin...

Glo dijo...

Es que la desconfianza es una manera de ver la realidad que cuesta muchos años adquirir. La vida cotidiana no ayuda. Hace falta una experiencia reveladora o un oráculo.

Mertxe dijo...

Sí, lo entiendo perfectamente,,, pero hay algo que chirria cuando un intelectual de la talla de Sartre, por poner un ejemplo, no acierta a bucear, no ya en una ideología concreta (que ésa es otra), sino en los personajes que se aprovechan de ella. Por eso quiero tanto a Cioran y gente así.