miércoles, 25 de septiembre de 2013



Sebastião Salgado es fotógrafo. Nació el 8 de febrero de 1944 en Aimorés (Minas Gerais, Brasil). Economista de formación, diplomado por la Universidad de São Paulo y la Vanderbilt University. A partir de 1969, sigue en París cursos de estadísticas y prepara un doctorado de economía agrícola. Trabaja para el ministerio brasileño de las Finanzas, y después en Londres para la Organización internacional del café. En 1973, brusco cambio de carrera: decide dedicarse a la fotografía. Se integra sucesivamente en las agencias Sygma (1974-1975), Gamma (1975-1979) y Magnum (1979-1994). En 1994, funda con su mujer Lélia Wanick Salgado una agencia exclusivamente dedicada a su trabajo, Amazonas imágenes.
Autor de reportajes de actualidad -sobre las guerras de Angola y del Sahara Español, la toma de rehenes de Entebbe o la tentativa de asesinato de Ronald Reagan– paralelamente se vuelca en proyetos personales a largo plazo, objetos de publicaciones y exposiciones. Recorre de arriba abajo la América latina de 1977 a 1984 para documentar las resistencias culturales campesinas e indias (Otras Américas, 1986) y visita 26 países de 1986 a 1992 para reunir las fotografías de la serie La Mano del hombre (1993) dedicada al fin del trabajo manual. Testigo de las vidas humildes y difíciles, se interesa por las víctimas de la hambruna (Sahel: el hombre en peligro, 1986), por los campesinos brasileños sin tierra (Tierra, 1997), y también por los mineros (Serra Pelada, 1999). En 2000, publica Éxodos y Los Hijos del éxodo, que recogen cinco años de reportajes sobre los desplazados, los refugiados y los emigrantes. En 2004, comienza a trabajar en el proyeto Génesis, un homenaje a la naturaleza desde los orígenes que recuerda a cada uno de nosotros el deber de proteger el planeta. Desde 1998 viene devolviendo a la naturaleza los campos que posee en Brasil, y ha creado el Institut Terra de reforestación y educación del medio ambiente. Embajador de buena voluntad en la UNICEF desde 2001, ha sido recompensado con numerosos premios.
Bibliografía selectiva:
  • Génesis (2013)
  • África (2007)
  • La cuna de la desigualdad (2005)
  • El hombre y el agua (2005)
  • La erradicación de la polio (2003)
  • Salgado, Parma (2002)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Me parece que la toalla, el flotador, el bronceador, el bikini y las sandalias ya pueden ir enfilando cajones hasta el año que viene. Volverá a hacer calor, naturalmente que sí, pero ya no será el mismo calor, será otro menos contundente y sano, será como cuando salimos de una larga enfermedad y todavía por las tardes nos coge la calentura. Sudaremos en frío, sudaremos en el escalofrío, igual que sudaron anteayer en Buenos Aires.

Yo no sé si nos convenían estos juegos en medio de la ruina que se nos come por los pies. Dicen que sí, que hubieran redundado en mucho beneficio para una depauperada en todos los sentidos España: 50.000 puestos de trabajo y el consiguiente relanzamiento de la ciudad de Madrid, no ya en lo arquitectónico-urbanístico, que eso, aunque mejorable, está ya conseguido, más bien en lo económico que es lo que le hubiera ayudado a achicar la descomunal deuda en que la sumió el señor Gallardón. Un chollo. Y yo preciso que menudo chollo para los halcones autóctonos, como siempre ocurre, como sigue ocurriendo desde la Expo-92 y, no me caben dudas, desde los JJ OO de Barcelona del mismo año. Bueno, pues no ha sido posible; sí, en cambio, la humillación tan gratuita de eliminarnos hombro con hombro con Turquía. Es lo que pasa cuando enfrentamos el relaxing cup of café con leche a los miles de millones que Japón le ha puesto sobre la mesa al COI. Y a todo esto, un señor con muy mala memoria para los padrinos, va y dice que "en España sólo Barcelona puede competir con Tokio y Estambul". Es, cómo no, el señor Trías, quien, por cierto, además del señor Samaranch se ha olvidado de la desnutrición de los niños catalanes, de los quirófanos cerrados a cal y canto, de las listas de espera y, en fin, de todos los recortes y recortables que tiene en su haber.




Pero nos recuperaremos del golpe, sin duda alguna que lo haremos, y así, mañana o pasado a más tardar, lo mismo que el calor volverá a tomarnos la pavorosa normalidad nuestra de cada día. En el armario, junto con los trastos de la playa, habremos guardado las ilusiones perdidas. Todo dormitará apaciblemente hasta que regrese ese sol estacional y voluble, verdadero alimento de la comedia humana. Entretanto, como Rastignac, ajustemos cuentas encarnizadamente entre nosotros. (Me ha dado por Balzac...)