lunes, 29 de julio de 2013


Una imagen muy dura


    En los Encuentros de Arlés, el artista chileno Alfredo Jaar presenta actualmente una instalación titulada "Sound of Silence", que se apoya en la mítica fotografía de Kevin Carter. El público entra en una caja negra en la que desfila en silencio sobre una pantalla un texto que cuenta la vida de este fotógrafo sudafricano. Flashes violentos vienen a interrumpir súbitamente la oscuridad silenciosa para revelar la foto de este niño sudanés hambriento y acechado por un buitre, que le valió a Carter en 1994 un premio Pulitzer y un suicidio.

    El sudafricano Kevin Carter tiene 33 ans cuando entra en la historia del periodismo con esta imagen. Ya hace varios años que trabaja como reportero gráfico, concretamente en Bang-Bang Club, asociación de cuatro fotógrafos que han documentado la transición de África del Sur al final del apartheid. En marzo de 1993, acompañado de un miembro del Bang-Bang ClubJoao Silva, Kevin Carter se va a Sudán para investigar sobre la guerra civil y la hambruna que asolan el país. Con otros fotógrafos llega al pueblo de Ayod. Se encuentra con un niño esquelético que se arrastra penosamente hasta el vecino centro de aprovisionamiento alimentario.


DE PRONTO, UN BUITRE VIENE A POSARSE TRAS ÉL

    De pronto, un buitre viene a posarse tras él. Carter tiene ante él un terrible símbolo de la miseria que castiga la región, y decide preparar su máquina. Entonces se queda unos veinte minutos de minutos esperando que el carroñero despliegue sus alas y acentúe más aun la fuerza de esta imagen. En vano. A continuación, espanta al buitre y recorre uno o dos kilómetros antes de romper a llorar. Cuando Joao Silva encuentra a su amigo, Kevin Carter está atontado. Veinte años después, cuenta: "Él estaba visiblemente desamparado. Mientras me explicaba lo que había fotografiado, no paraba de señalar con el dedo algo que había desaparecido. No paraba de hablar de su hija Megan, tenía prisa por abrazarla. Sin ninguna duda, Kevin quedó muy afectado por lo que había fotografiado, y eso iba a perseguirle hasta el fin de sus días."

    El 26 de marzo de 1993, el New York Times publica la foto. El impacto de la imagen es inmediato. El periódico recibe entonces tal cantidad de correos para conocer la suerte del niño de la imagen que debe hacer un editorial algunos días más tarde para informar que el niño ha podido llegar al centro, pero que no se sabe si ha sobrevivido.


UNA SALVA DE CRÍTICAS ACERBAS

    Un año después de esta toma de imágenes, el 12 de abril de 1994, Nancy Buirski, entonces redactora gráfica del New York Times, llama a Kevin Carter para anunciarle que acaba de ganar el premio Pulitzer gracias a esta fotografía. Este prestigioso premio aporta a Kevin Carter el reconocimiento de sus compañeros, al mismo tiempo que una salva de críticas acerbas. La mayor parte de ellas recaen sobre la ética del fotógrafo en una tal situación. "El hombre que sólo ajusta su objetivo para encuadrar en el mejor de los casos el sufrimiento no es más que un predador, un buitre más", escribe el St. Petersburg Times, diario publicado en Florida. Muchos se preguntan en voz alta por qué Carter no ayudó al niño.

    En 2011, Alberto Rojas, periodista gráfico para el diario español  El Mundo, se trasladó a Ayod. Obsesionado por esta imagen, se puso a buscar informaciones sobre ella.  Sólo encontró escritos aplastando a Kevin Carter, haciendo creer que había dejado morir al niño. Su investigación iba tal vez a hacerle justicia.

    Rojas comenzó por hablar con su amigo, el fotógrafo español José Maria Luis Arenzana, también presente en aquel campo en 1993. Su testimonio fue la clave que marcó un giro en las investigaciones de Rojas. Arenzana había realidado una fotografía similar. Según él, el bebé de la foto de Carter no estaba solo, se hallaba a pocos metros del centro de cuidados, cerca de su padre y del personal médico. La pulsera de plástico también reclamó la atención de Rojas, pues era una señal de que el bebé estaba a cargo de una organización humanitaria. Esta información podía "dar a entender que el niño había sobrevivido a la hambruna, al buitre y a los malos presagios  de los lectores occidentales". Continuó su investigación reuniéndose con empleados de Médicos sin fronteras que trabajaban allí en aquella época. Después se presentó en el lugar de los hechos.

    Al cabo de varios días de investigación, se reunió con el padre del niño inmortalizado por Kevin Carter. En el pequeño pueblo nadie había visto jamás la foto y nadie sabía que ésta había dado la vuelta al mundo. La presencia del buitre, tan denigrada en Occidente, no extrañaba a nadie: eran muy numerosos en la región. Efectivamente, el niño había sobrevivido a la hambruna, pero murió catorce años después a consecuencia de fiebres intensas provocadas por un ataque de paludismo.

    Gracias a Alberto Rojas, se sabe que el chico no murió de hambre, abandonado a su suerte frente al carroñero. Se ha hecho justicia. Pero Kevin Carter ya no está aquí para alegrarse de ello. El 27 de julio de 1994, tres meses después de que le fuera otorgado el premio, el sudafricano se suicidó envenenándose en su coche. En la nota que dejó, evoca "los recuerdos persistentes de masacres y de cadáveres" que le perseguían. Nada sobre el niño sudanés y la célebre rapaz. Sin embargo, esta imagen y la paradoja del reportero gráfico encarnan hoy todavía lo que Kevin Carter simboliza: observar inmóvil el horror para combatirlo mejor. 



sábado, 20 de julio de 2013





"Asomaba la Aurora temprana de dedos de rosa..."





Es éste uno de los pasajes del Canto XIX de la Odisea. Hermoso, ¿verdad?, pues así ha amanecido hoy en Mataró, aunque enseguida se ha nublado el cielo, y la lluvia, lluvia delgadita, lluvia tonta pero lluvia más que llovizna, ha mojado las calles. Ahora está como ayer y anteayer, jirones de nubes estampando el cielo y una bruma lechosa sobre el horizonte marino. Hace calor, dicen los termómetros que 23º e idéntica sensación térmica, no hay viento, pero seguimos con un 83% de humedad.

Me he quedado sola. Se me han ido las visitas. Penita, pena... y también un cierto alivio. Volveré a colocar las cosas como estaban, todo simétricamente en su sitio, reluciente e intocado. Son manías, lo reconozco, manías que nos asaltan con la edad y otras circunstancias, y aunque siempre he sido tirando a tiquismiquis en estos asuntos, reconozco que van a más.

Por cierto, hablando de orden... ¡que descuidados son en el PSC del Pere Navarro! ¡Mira que dejarse las pruebas del espionaje a la Camacho y 'la otra' en el ordenador! Pero ya se sabe que los gerentes y las gerentas de los partidos políticos no son lo que parecen. Mucho presumir de eficiencia y resulta que van por ahí perpetrando la chapuza. El Bárcenas y sus papelitos de la señorita Pepi's (judicialmente hablando) son hoy por hoy ejemplo palmario. Ahora le toca a la Bruguer y sus archivos del cotilleo en La Camarga. En fin, que las contabilidades A, B y resto del alfabeto ya están siendo pasto de las miradas fiscales. A ver qué pasa y a ver si pasa pronto, porque me estoy temiendo que el Día del Juicio Final la justicia española pedirá una prórroga hasta la tarde porque aún no han cerrado estos y otros cientos de miles de casos. Llegaremos tarde a la resurrección de la carne, me lo veo venir.




sábado, 13 de julio de 2013


Galería de fotos




Foto 3:
Estamos en 2050, dentro de una hora tienes una cita con Dios. Una hora para imaginar...

Foto 4:
tu futuro.

Fotos 5, 6, 7, 8, 9 y 10: 
MOE (Mohamed Sabbah). Edad: 22. Ocupación: Realizador. De qué estoy orgulloso: Hacer películas. Mi gran esperanza: Espero tener un lugar en este mundo, hacer películas para morir inmortal. Mi miedo: Tengo miedo de lo desconocido y de no estar más vigilante para el bien mis sueños. Un eslogan para 2050: El mundo es pequeño, pasemos cada día en un país diferente. 

Fotos 11 y 12: 
Fotonovela del futuro, imaginada en mayo de 2050 en Beirut. La ciudad derrumbada, por Moe. 

Foto 14 :
Aquel día, en 2050, yo me despertaba en una playa, tardé en comprender...

Foto 15: Estaba solo... ¡De nuevo Beyrouth había desaparecido!

Foto 16:
Es la séptima vez...

Foto 17:
Miraba a derecha e izquierda... ¡No! ¡Nada! Sólo yo, el mar... pero ni rastro de Beirut. Ni hombres, ni Dios, ¿dónde estaban?

Foto 18: Dios, tú ya no me oyes.

Fotos 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25 y 26: He visto manos salir de la arena, creí que me llamaban. Comprendí que sólo eran fantasmas. Es como contaba la leyenda de nuestro padres: Beirut sumergida en el mar. Tal vez son mis propias ganas de echar abajo la ciudad, hacerla desaparecer, disolver mi pasado en el agua...

Foto 27: Pero yo quería salvarla, entonces busqué con qué barrerlo, el mar.

Foto 28: Para hacer reaparecer mi ciudad, mis recuerdos, la memoria de mis padres y abuelos.

Fotos 29, 30, 31, 32, 33, 34 y 35: Beirut como antes de la guerra civil, antes del 75, la que jamás conocí.

Foto 36 y 37: No lo consigo...

Foto 38: Por más que lo intento, no hay manera de quitar el agua para liberarla.

Foto 39: Entonces tuve una idea. Encontré una gran paja...

Fotos 40, 41 y 42: y aspiré el agua.

Foto 43: Tenía el vientre lleno de agua de mar.

Fotos 44 y 45: Me bebí el mar hasta que la ciudad apareció de nuevo.

Fotos 46 y 47: Mi ciudad y mi historia intactas...

Fotos 48 y 49: Ánimo, vuelvo a ella...

Fotos 50, 51, 52: Una ciudad nueva que modelar...

Foto 53: POR Moahmed "Moe" Sabbah

Foto 54: DISEÑO GRÁFICO: Amélie Bonnin



lunes, 8 de julio de 2013




Mira el breve minuto de la rosa


Mira el breve minuto de la rosa.
Antes de haberla visto sabías ya su nombre,
y ya los batintines de tu léxico
aturdían tus ojos -luego, al salir al aire, fuiste inmune
a lo que no animara en tu memoria
la falsa herida en que las cuatro letras
omiten esa mancha de color: la rosa tiembla, es tacto.
Si llegaste a advertir lo que no tiene nombre
regresas luego a dárselo, en él ver: un tallo mondo, nada;
cuando otra se repite y nace pura
careces de más vida, tus ojos no padecen agresión de la luz,
sólo una vez son nuevos.



De  
Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère (1974)

guillermo carnero