sábado, 23 de febrero de 2013



.
....Mataró amanece con un gradito pelado y el 93% de humedad; llueve por lo tanto y hasta es posible que tengamos nieve. Desde luego tronará, eso es seguro, por todos los alrededores de los juzgados de Palma, aunque espero que esos mismos que le van a dar al tambor de la denuncia denuncien también a todos, absolutamente a todos los sinvergüenzas directos, indirectos y circunstanciales que nos han arruinado. Incluidos, naturalmente, los del BBVA que ayer se pusieron estupendos contra la corrupción. Ellos, ellos y sus colegas que nos han metido en ésta. Ellos y sus colegas que se pasan la vida condonando deudas de partidos y sindicatos y clubes de fútbol. Ellos, que nos gobiernan en la sombra más confortable y productiva que quepa imaginar. No he visto en toda mi vida ejercicios más descomunales de cinismo. La impudicia más absoluta nos gobierna. Esto hace aguas... si es que alguna vez pisamos tierra firme. Que no lo creo. Que no lo creo porque se cerró en falso la época del franquismo. Es verdad que la transición evitó una tragedia y pudo ir sofocando sus conatos, pero al final estamos viendo alzarse ante nosotros la sempiterna amenaza de la confrontación civil. Todo se hizo rematadamente mal, todo, y ahora lo estamos pagando. Los que hemos ido transitando por las diversas etapas de esta modernidad de pacotilla entendemos perfectamente que así ocurriera, al fin y al cabo nadie desea una guerra, y entonces prefiere acogerse a las más diversas metáforas de la rendición. La rendición... La transición: acatar que la agostada dictadura se reciclase en democracia. Eso pasó, evitando que miles de personas se dejaran la piel otra vez por culpa de esta historia del odio cíclicamente prefabricado. Pero se nos fue la mano. Siempre ocurre cuando te crees tus propias mentiras. Europa nos esperaba y también hizo como que nos creía. Llegó la pasta y aquí quién más, quién menos, se transfiguró en potentado. Diecisiete Estadillos dentro del Estado. Todo se multiplicó por diecisiete. Los políticos con mando en plaza, sus asesores, el funcionariado y sus asimilados laborales propiamente dichos y, ¡oh maravilla!, de origen familiar y de origen vario. Las subvenciones y otras gracias comenzaron a irrigar los más variados terrenos. De pronto, todo el mundo en este país era demócrata de toda la vida; de pronto, los asesinos de ambos bandos en la lejana guerra civil se paseaban impunes; de pronto, 'esta' democracia. De pronto, este fantasma tan familiar en nuestras vidas..
....Los que hemos buceado en la historia de España sabemos, tememos y temblamos ante lo que muy bien pudiera ocurrir en cualquier momento. Las cartas están sobre la mesa. Reyes, caballos y sotas tienen mucho barro en pies y pezuñas. En cuanto a la tropa... pues será cuestión de que empecemos a reflexionar con toda seriedad, distinguiendo bien a los nuestros de entre los agitadores que (¡Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy!) aprovechando el momento intentan conducirnos a peores abismos. Un día supimos, aunque nos dolió mucho esta revelación, que había que ceder para acceder al camino que podía alejarnos de nuestros sempiternos fantasmas. Un día inauguramos la transición e ingresamos en Europa. Lo malo fue que a nuestros reciclados gestores no supimos meterles en cintura y así, una y otra vez, fuimos otorgándoles nuestros votos. Esto es algo que nadie debería pasar por alto. Es y será nuestra responsabilidad únicamente. Muchos nos hemos vendido a una idea; otros, al dinerete que nos engrasaba; y bastantes más de los que podemos imaginar, se han vendido simplemente por nada, mejor dicho, por la nada. Y ahora estamos de nuevo en la encrucijada, mirándonos unos a otros con recelo. El panorama es desolador y no hay nada a qué agarrarse. Todo está contaminado, incluso las ideas que nos han venido afirmando en la sociedad. hemos vivido un sueño de superficie en donde realidad e imaginación se han confundido de manera lamentable y hemos concluido, como dijo Nietzsche, por ser "juguetes de nuestros sueños, aun en los momentos más serenos de la vigilia".
....Mucho cuidado. Mucho ojo con los tamborileros. Mucho ejercicio de sensatez ante los cantos de sirena. Es tremenda nuestra situación, pero pudiera ser fatal esa otra que alcanzaríamos de dejarnos llevar por la utopía. Es decir, por la mentira. Más concretamente: por el caos seguro al que abocaríamos en manos de lo peor de lo peor. O del más de lo mismo en el mejor de los casos. ¿Cuándo entenderemos que las ideas son estupendas, pero no así los que se aprovechan de ellas para hacerse con el botín del poder? ¿Es tan difícil despertar a la razón? Yo soy agnóstica pero no niego dioses, no reniego de lo que no conozco y estoy tan imposibilitada de conocer desde mi ínfima esencia humana; sencillamente, observo, tal vez espero. Tampoco rechazaré la política ni, por supuesto, dejaré de admitir que hay muchos hombres (término genérico) buenos en ella; sin embargo, es de sentido común que utilice mi pensamiento crítico, mis facultades intelectuales, mi conciencia moral a la hora de jugar lo que a mi alrededor sucede, las decisiones y consecuencias que se derivan de las altas instancias que me gobiernan. Ni dioses ni hombres, sólo personas interactuando; luego, cada cual en su casa, que decir su conciencia espontánea y/o reflexiva, que crea en lo que crea conveniente creer. Pero en la calle, en la vida, la única vida que vamos a conocer, seamos consecuentes con lo que vemos, usemos de nuestro sentido común cuestionando o aceptando aquello que lo merezca. Porque salir de Guatemala para ingresar en Guatepeor ya deberíamos saber que cuesta muy caro.


 .

domingo, 17 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

De profundis...

por los que se inician, a veces por aventura, a veces por amargura, en el laberinto de la droga. 


.










    Volvió de madrugada. Extraordinariamente cansado, enfermo hasta el paroxismo anhelaba el momento de refugiarse en su cuarto y, no obstante, aún se tomó el tiempo de adoptar las precauciones de siempre para evitar el menor ruido delator de su presencia. Entró furtivamente, midiendo las paredes con los hombros, intentando que sus pies gravitaran con levedad sobre la madera. Sabía que aquel rito doméstico no era sino una más de las muchas incongruencias que venía cometiendo desde hacía meses. Pero era incapaz de sustraerse. De ignotos rincones del subconsciente algo le instaba a pagar por la tragedia que estaba acarreando a su familia que nunca se dormía hasta que él lo hiciera y que, aun así, sólo se permitían un duermevela nervioso y alerta. Ya en la habitación, el lecho fue su refugio y lentamente se fue haciendo la quietud en su cabeza, el magma de sus pensamientos decreció y algo parecido a una ceniza cubrió su cerebro. Finalmente, se apagaron también las vocecillas insidiosas que desde hacía horas le susurraban la solución a todos sus problemas.
    Tirano enloquecido hasta entonces, su cerebro se tomaba un descanso y desde el puente de la cordura volvía a ser el capitán que recupera la nave. Recogía impresiones, las analizaba, devolviendo precisas órdenes de reposo a su cuerpo. Notó cómo sus músculos se aflojaban, se deshacían y se tornaban aire, y una profunda sensación de bienestar, tan perfecta como inesperada, le embargó mientras se sentía flotar entre dos mundos contrapuestos. En la antesala que precede a la inconsciencia de sueño tuvo tiempo para recrear en su cabeza imágenes de las horas felices. Se vio niño entre otros niños, reidor y travieso gozando de la existencia plenamente. Risueños fantasmas bullían tras sus ojos cerrados, era el tiempo del ayer que volvía para reconfortar su alma vieja y enferma. En esta euforia sentimental sobrevenida al filo de los sueños, él se internaba confiado al encuentro de escenas por donde pululaban en abigarrada amalgama personajes del ayer y del presente que le hablaban y le acariciaba, que le sonreían y amaban.
    Pero la moviola de su cerebro acabó por detenerse. Volvió la noche, pizarra negra en la que un duende se puso a escribir complicados guarismos de soledad. Entonces se sumió en un vértigo de vacíos que se multiplicaban, ahuecando su espíritu, diseminándolo en la oscuridad. Finalmente, se vio ante el enemigo. Sabía quién era pero no se atrevió a nombrarlo. Y llegó un amanecer plagado de funestos augurios que se cernieron sobre él como un areópago justiciero. Abrió los ojos y de un salto quedó fuera de la cama. Sus manos escarbaron desesperadamente en los bolsillos del pantalón hasta que al fin encontró lo que buscaban. Comenzó a temblar violentamente. Temblaba de impaciencia. Temblaba de miedo.
    Todo ocurrió en un instante. Su piel no dijo nada, apenas notó la punzada, y enseguida se fue durmiendo blandamente, como se duerme un río en los recodos, y sintió que discurría por un cauce sollozante y manso. Por sus arterias -cauces estos clamorosos- nadaban en zigzag los peces de amargura. Soñó, tuvo multitud de sueños breves y enigmáticos, como de bruma lechosa, por los que vagó a tientas queriendo encontrar una salida. El último sueño se la ofreció.
    Soñaba que el invierno había regresado, pero lo intuía diferente a todos los que había conocido su vida. Éste llegaba imbricado en otros inviernos, y la suma de todo aquel frío conformaba un monstruo terrible dispuesto a lamerle con sus lenguas de escarcha. Y como los sueños tienen además de discurso un escenario, él se encontró en medio de un parque habitado por las sombras. Él mismo era una sombra errando por inacabables avenidas cubiertas de una hojarasca helada. A medida que avanzaba se iba distanciando como piedra fastial de su cuerpo, y orbitaba su espíritu  vigilante en torno a la carne desmoronada.
    [Desde lo más profundo te invoco, oh Esperanza...
    Era como un Ícaro extraviado y atrapado en un laberinto de resonancias. Todavía no reconocía la salida a la que ya había llegado, todavía luchaba desalado y huérfano por la libertad. Pero la lid era mansa, puro amago, porque carecía de brazos que armar y de padre que lo ayudara. De vez en cuando, algo le hacía remontarse en un vano intento de evasión, pero enseguida rebotaba contra el infranqueable encaje de madera muerta que los árboles recortaban contra un cielo remoto y oxidado. El viento también era rehén del sórdido arabesco y se vengaba zarandeando su breve vuelo.
    [Escucha, Esperanza, mi voz...]
    Por las resecas planicies de su ser la ansiedad abría grietas abismales. Presa definitiva del Desaliento y del Miedo, maldijo quedamente al padre ausente. Oyó distante el latido de una campana llamando a Sol.
    [Estén tus oídos atentos a la voz de mi plegaria...]
    Su Minotauro estaba ya muy cerca, casi a punto de devorarle.
    [Si tienes en cuenta los pecados, oh Esperanza, Esperanza...]
    Y la esperanza entreabrió su densa verja de sombra, le hizo un guiño compasivo y él entró para vivir por fin o para olvidar definitivamente. Sobre la cama quedó tendida su juventud envenenada por el pico todavía babeante de un pájaro cilíndrico y turbio.




sábado, 2 de febrero de 2013




.
Una oyente de Onda Cero pedía hoy a Benjamín Prado una razón para leer poesía. No recuerdo exactamente qué ha respondido y ahora mismo me da mucha pereza volver al video del programa. Pero, mientras se extendía en la respuesta, a mí me ha salido la única que tal vez nos convenga a todos en estos momentos: respirar. Respirar con hondura, largamente, como si estuviéramos frente al mar. Respirar porque la vida nos la están poniendo asfixiante. 



.

.
..........María y el fantasma

Existen ciertas noches en las que Ángel González
olvida que está muerto
y entra en casa, enciende un cigarrillo
jugamos a poner las cartas boca arriba.
Si me ve melancólico se enfada
dice que la tristeza es de cobardes
que el equilibrio sólo lo merece
quien sabe negociar con la caída
que me ponga de pie
y vuelva a la pelea.
Si hablamos de política
sostiene que en España eso es el arte
de hacer de la otra orilla lo contrario del río.
Si me pongo a escribir
me exige que mis versos nunca dejen atrás a sus poemas
que no salga a cazarlos y espere a las palabras
que vengan a leer en ellos su destino
y si le hablo de mí dice que no me fíe
pregúntale a los otros para saber quien eres.

Él ya no es tan callado como cuando aún vivía
y yo sé que no estar en este mundo
no es razón suficiente para que no te escuchen
para que no te crean.
Si le hablo de nosotros me dice que recuerde
que el amor es un ciego con un arma en la mano
y me ordena que corra hacia las balas
no lo dudes: María es tu respuesta.

Te aseguro que hay noches en las que Ángel González
no recuerda que ha muerto
y se sienta a mi lado para hablarme de ti.



.