martes, 31 de diciembre de 2013



Ya llevamos unos años haciendo el puente. A estas alturas de la obra nos hemos convertido en seres agotados y harapientos. Es un trabajo perverso porque, si acabamos el puente, llegará el tren que salvará al enemigo, y vuelta a empezar. Y si nos lo echan abajo, vuelta a empezar también ya que el enemigo domina todas las situaciones. Entre los Saitos y los Nicholson no hay escapatoria que valga. Somos sus prisioneros, somos los que sudan bajo el sol y pagan toda la factura del sufrimiento.

Se acaba el feroz 2013 y empieza un 2014 del que, se diga lo que se diga, seguiremos silbando la Marcha del Coronel Bogey.




4 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Los barandas del cotarro siempre buscan la forma someter al personal, lo mismo para puentes que túneles profundos.
Besos en una tarde que pinta plomiza.

Mertxe dijo...

Pues por el Maresmes seguimos en plan primaveral, dándole al puente, eso sí, pero con buen tiempo. Un abrazo, Noma.

Glo dijo...

La nueva España colonial ya no es la metrópoli...

El abuelo de mi hija hablaba bien de los años de administración japonesa en Taiwan, y se sentía muy orgulloso de que su hija hubiera estudiado japonés. Quizá era un pobre chino cantonés que sólo percibía una parte de la realidad, pero su punto de vista me sirve para mantenerme alejado del mito.

Mertxe dijo...

Sí, los mitos que se queden para las tardes de lluvia. Son el 90% (por decir algo) de nuestra cultura, pero es importante saber que son la mentira que sustenta nuestra existencia.