martes, 20 de agosto de 2013




Se adelgaza el verano, porque ya el amor dorado (me manipulo lexicalmente a Lorca) empieza a insinuarse entre golpe y golpe de calor. El otoño no tardará, son muchos los signos inequívocos que lo anuncian. Anochece temprano cerca del mar, y el mar, a eso de las ocho, ya empieza a recoger tímidamente sus hules y sus olas, mientras la prosa de sus mareas se hace lánguida y se vuelve pálida: tonos pastel en la superficie, oscuridad creciente en las profundidades. Silencio en el aire. Silencio en el mar.

Ayer tarde no pude dar mi paseo por el espigón, tenía otras cosas entre manos; pero esta mañana, aprovechando que ha amanecido algo nublado, pienso recorrerlo de punta a cabo. Después me tomaré un café en la terraza del Margarit y, sobre todo, sobre todo. intentaré alimentarme de alisios maresminos. 




2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Pronto llegará el otoño, con su dulce melancolía, con sus colores y su tibieza... Es mi estación favorita de siempre.

Te acompaño en tus paseos por la orilla del mar y espero...

Besos, querida amiga.

Mertxe dijo...

Ayer me puse al día en tu casa, luego me daré otra vueltecita para decirte lo que siento. Gero arte...