miércoles, 17 de abril de 2013




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Releo el Werther, y de pronto me acuerdo de esta canción. El libro de Goethe y la no menos célebre composición de Rezsö Seress tienen mala fama. De hecho, no puede ser peor, pero ahora, muy recientemente, una joven autora francesa, Alice Zeniter, ha venido a unirse a la gran melancolía que emana de ambas obras. Su Sombre dimanche (Sombrío domingo) va más allá de la frustración de dos suicidas porque contempla, en el marco de las innumerables mutaciones políticas que ha soportado Hungría a lo largo de cincuenta años, la devastadora repercusión en las vidas de tres generaciones. Confusión, impotencia, angustia, tristeza, melancolía... En medio de estos sentimientos oscuros sólo hay un suicidio visible, el de la casa familiar. Sin embargo, la casa es la metáfora de toda la saga familiar. Uno a uno sus miembros van muriéndose de sí mismos en un país cuya alma está empapada de tristeza. 


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Triste domingo, con cien flores blancas
Y ornado el altar de mi loca ilusión
Donde mi alma se ha ido a postrar
Mientras mi boca llamándote está.
Mueren en mi sueños ocasos de hastío
Cansados de espera y de soledad.
¡Triste domingo!
Tú no comprendes la angustia terrible
De estar esperando, sin verte llegar.
¡Vuelen tus pasos, que debo marchar!
No ves que muero con mi loco afán.
Quiero que seas la blanca y piadosa
Mortaja que cubra mi hora final.
¡Triste destino!
Querido,
Junto a mi ataúd que circundan muchas flores,
Aguarda mi confesión un sacerdote
Y a él le digo:
Lo quiero, lo espero.
No temas nada si encuentras mis ojos
Sin vida y abiertos y esperándote
Tus manos son quien los deben cerrar
Y acaso entonces yo habré muerto en paz.
Siento un doblar de campanas que 
Lúgubremente sus voces me ordenan marchar.
¡Triste domingo!
¡Vuela mi vida a tu paso querido,
Que llega la hora en que debo partir!
Quiero tenerte en mi viaje final
Y algo me dice que no llegarás.
Triste domingo, visítame, amado,
Que ahora en mi tumba yo te he de esperar.
¡Te he de esperar!

LASZLO JAVOR



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4 comentarios:

Glo dijo...

El eco de la voz me resulta un artificio excesivo.

Antes, en la televisión analógica-anacrónica, sintonizaba la emisión internacional de DUNA, una cadena de Hungría. Me gustaban sus reportajes. Me gustaba su ritmo, que quizá te habría parecido infernalmente pausado, jiji.

Mertxe dijo...

Bueno, depende... Esta canción, con la que me topé hace muchos años, ha tenido infinidad de intérpretes y, tal vez, lo que hace SB con ella es de lo mejor, es decir, de lo menos trágico que se pueda esperar. Por otro lado, lo confieso, la canción me gusta, como el Werther, y no creo que sea para tanto como dicen. Es triste de toda tristedad, sí, pero tiene una poética musical maravillosa. Buenas noches, Glo.

Glo dijo...

Deja la tristeza de Werther y vente a pasar unos días a Bilbao. Puedo hacerte de guía. Lo fui durante años para judías de Nueva York, arquitectos californianos, y periodistas taiwanesas.

Mertxe dijo...

Qué va, Glo, no me conoces. De triste no tengo un pelo, y te aseguro que mi cabellera es frondosísima. Pero la literatura me puede (jis...), me hace caer en la hipérbole. No tengo remedio. En cuanto a irme a Bilbao, empezaré diciéndote que nada me complacería más (la nostalgia sí que me está haciendo pupa), pero antes quiero vender este piso. Y no lo consigo. He tenido tan mala suerte que los precios entre Mataró (caída libre) y Rentería (Wall Street) me impiden conseguirlo. Y me he jurado por lo más sagrado que todavía hay en mi vida, los percebes, que hasta que no cierre esta puerta no abriré la otra. (Ya me veo con gotero y andador haciendo la mudanza...)