sábado, 9 de marzo de 2013






Columpiarse al amanecer...


Oscilar en el aire temprano como un péndulo entre la noche y el día, entre el sueño y la vigilia, inencontrables a la vez que presentidos. Parece surrealista y no lo es en absoluto. Es una metáfora de cómo debemos tomarnos la jornada que se inicia, y, si fuera posible, la vida que continuará, oh tristeza, en su desquiciada línea. Alegría y tranquilidad, eclecticismo, una cierta indolencia (qué bien suena en francés: ¡nonchalance, nonchalance!), porque únicamente en esta tesitura resistiremos. Lo más sabio, pues, es hacerse con un columpio, colgarlo de las nubes y esperar a que se enciendan las luces. Después no queda sino dejarse iluminar y calentar. Después, arre, burro, que la vida son cuatro días y la mayoría no festivos. Es curioso de qué manera inteligente, aunque tal vez muy lastrada de fracaso, acabamos moviéndonos por el mundo. Bien mirado, todo acaba en la caricatura de lo que fue. 




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2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Sí por lo menos disfrutar del aire y del espacio, que nadie nos puede quitar. Y de los sueños.

Qué pobres son ellos. Y qué miserables...

Musuak.

Mertxe dijo...

Sí...