lunes, 28 de enero de 2013

Y termino con Yeats...




    Innisfree, la isla del lago

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree iré,
y una choza haré allí, de arcilla y espinos:
nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.
Y tendré algo de paz, porque la paz viene goteando con calma,
goteando desde los velos de la mañana hasta donde canta el grillo;
en ese lugar la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
y el atardecer pleno de alas de pardillo.
Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día,
oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla;
mientras permanezco quieto en la carretera o en el asfalto gris
la oigo en lo más profundo del corazón.




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José Ignacio Gracia Noriega

«Yeats o el nacionalismo lírico»

El Basilisco, número 13, noviembre 1981-junio 1982, páginas 76-78.

Con motivo del centenario del nacimiento de James Joyce puede surgir, como una comparsa muy secundaria o como una reputación, el nombre de William Butler Yeats. En principio se trata de dos escritores muy distintos, aunque no por sus orígenes y educación sino por algunas actitudes. De hecho, la educación de Joyce con los jesuítas le hizo más universal: algo bueno habrá de tener el catolicismo. Yeats venía de refinamientos y bambalinas simbolistas que él procuraba traducir, en algún momento de su obra, en populismo elitista; y si ya desde sus orígenes (desde «Retrato del artista adolescente», desde «Dublineses»), Joyce es un escritor urbano, Yeats, al inicio de su madurez, se refugia en un ruralismo mágico y artificioso, tan alejado del espíritu de Irlanda, que creía interpretar (y que no llegó a conseguirlo porque nunca se pueden interpretar con objetividad los signos que uno mismo y sus amigos están inventando), como Joyce lo estuvo físicamente de la ciudad que fue el escenario de sus novelas. Actualmente, Joyce es un escritor realista, el mejor cronista de Dublín, mientras que Yeats se ha convertido en un olvidado autor de cuentos de hadas. Yeats creía (o creía creer) en el «renacimiento cultural de Irlanda», del que se proponía ser el Profeta y el Sacerdote; Aristóteles, Vico y Hendryck Ibsen, entre otros, alejaron al joven Joyce de tales tentaciones. Lo que no impidió, no obstante, que en su última obra, «Finnegans Wake», alcanzara a reelaborar algunas formas del folclore irlandés con una fuerza y una imaginación inusuales en los místicos del populismo nacionalista, como Lady Gregory o Yeats. Más durante su juventud, éstos llegaron a resultarle insufribles.
http://fgbueno.es/bas/bas11309.htm

7 comentarios:

María Socorro Luis dijo...


Hermosa poética, sencilla y bucólica. no conozco mucho su obra.

Gabon, Mertxe, bonitos sueños.

Mertxe dijo...

Es... un cuento de hadas, pero tan magistral su confección, tan elevada la inspiración que, haciendo abstracción de los fines que perseguía y que nunca alcanzó, te pone a soñar, lo cual siempre es de agradecer.

Glo dijo...

Precisamente, hace poco volvíamos sobre "Los puentes de Madison", en la que Eastwood menciona a Yeats en estos términos: "... realismo, economía, sensualidad, belleza, magia...".

Mi nivel de inglés no es tal que pueda disfrutar completamente de la literatura en esa lengua. Y lo siento, porque detrás de la parafernalia que cada idioma se trae con sus mitos, siempre hay algo interesante de verdad.

Mertxe dijo...

¿Realismo y economía? (El Eastwood debe de estar aún frente a la silla vacía...) En cualquier caso, Glo, los 'contenidos' de Yeats están clarísimos: nada, excepto ensimismamiento nacionalista, estado desde el cual, precisamente, nos llega su magnifica escritura.

Glo dijo...

Es un misterio para mí que las películas hayan eludido todo contenido didáctico. El medio más completo que haya existido nunca, resulta ser un desierto.

Mertxe dijo...

El cine es un negocio. Un ejemplo actual sería ese 'Lincoln' que nos están vendiendo. En fin, lo de siempre...

SEO Colombia dijo...

Que lindo todo lo que aquí dice, gracias por plasmarlo aquí