sábado, 28 de abril de 2012

Pienso en que hace dos meses discurríamos aún gravemente, vagabundeando a orillas del Marne, sobre la redención del mundo por la ciencia, por el arte, ¡Por no sé que más! ¡Oh no es que me ría, ten la seguridad! El arte conserva un puesto de honor en mi espíritu, aún le pido entusiasmos, consuelos y precisiones; en cuanto a la ciencia, le voy a consagrar mi vida; pero sin retórica. Justin, sin trémolos, sin champaña, sin la mano sobre el corazón; con el deseo único de comprender algo de este mundo extravagante.
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Se nos ha llenado el cerebro de una multitud de ideas que sin duda son muy respetables pero no dejan de ser bastante bobas. Y ahora aquí estamos, al pie de la tapia que habrá que saltar. Es triste encontrarse, a los veinte años, tan desnudo como yo lo estoy, tan desamparado. No me falta, sin embargo, valor. ¡Al contrario! Porque, amigo mío, en mi corazón se ha producido una gran revolución. Hace quince días estaba completamente desesperado. Y, ahora, todo ha cambiado. ¿Cómo? No podría explicarlo. ¡Quiero vivir! ¡Quiero vivir para mí! ¡Quiero amar! ¡Gozar de la belleza del mundo! Quiero salvarme yo sólo. En fin, tengo todo un programa que comprende tres partes esenciales.
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La primera concierne al amor; la segunda, a la libertad; la tercera, a la gloria. Te lo explicaré todo cuando vuelvas. Se me ha vuelto a apagar el fuego. El petróleo mengua en el quinqué. No quiero comenzar un siglo, el siglo maestro, con una mecha que humea y cenizas frías en mi primer hogar. Date prisa a volver a mis brazos.

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No jugar con la literatura al preciosismo. Nada de lucimientos estériles. La verdad, la cercanía, el calor de su voz. Debía ir recto al corazón, con voz cálida y fácil, compasiva y comprensiva de todas las angustias y dolores que afligen al ser humano. Él era médico, un humanista, y pudo comprobar hasta qué punto la civilización puede degenerar. Vivió en primera línea los horrores de la Gran Guerra y desde esta dolorosa experiencia nos ofreció, en 1917, Vie des martyrs y, un año después,  Civilisation. En ambas está el testimonio crudo de los hechos, "la evidencia de los objetos que vuelve superflua toda conclusión", cualquier otra forma de narrar hubiera sido convencional y, por lo tanto, adormecedora de la conciencia.
....Nos lo ponían a menudo en los exámenes. Entonces yo era muy joven y no ataba muy bien algunos cabos pero lo cierto es que, aun así, Duhamel me traía ecos de otra voz. Baroja. Baroja y Duhamel. Duhamel más dulce tal vez. Baroja algo más bronco, no demasiado, quizás debo decir rudo, o quizás tampoco ya que Baroja, por muy frontal que se nos ponga, siempre nos ofrece esa ternura que exhalan los aitonas. Los dos eran médicos, el francés utilizaba la literatura como un segundo oficio; el vasco al revés: primero fue la medicina y enseguida llegó la literatura. Pero no hay duda de que ambos nos aliviaron mucho con su arte.
    A la vista de la tierra prometida es el tercer volumen de Crónica de los Pasquier (10 volúmenes, 1933-1945), una colección de relatos que sigue paso a paso, a lo largo de tres generaciones, la evolución de una familia, en la cual no solamente se refleja el autor, sino que, dado el carácter simbólico de todos los personajes, la obra resulta un retrato social y psicológico muy ajustado de aquella sociedad francesa entre 1880 y 1930.

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domingo, 22 de abril de 2012

Reposición para el "Día de la Tierra"

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Entrevista del 13-4-2007 a:

 JAMES LOVELOCK
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El químico James Lovelock es una de las voces más emblemáticas de la ecología. Es el padre de la revolucionaria Teoría de Gaia, con la cual este científico compara a la Tierra con un organismo que se autorregula para mantenerse vivo.




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miércoles, 18 de abril de 2012

Siento cierto apuro, como si estuviera desnudando mi alma, en ponerme a escribir por orden -¡no, válgame Dios!, digamos por sugerencia- de un judío alemán (o austriaco, lo mismo da). ¿Quién soy? Quizás resulte más útil interrogarme sobre mis pasiones, de las que tal vez siga adoleciendo, que sobre los hechos de mi vida. ¿A quién amo? No me pasan por la cabeza rostros amados. Sé que amo la buena cocina: sólo con pronunciar el nombre de La Tour d'Argent experimento una suerte de escalofrío por todo el cuerpo. ¿Es amor?
....¿A quién odio? A los judíos, se me antojaría contestar, pero el hecho de que esté cediendo tan servilmente a las incitaciones de ese doctor austriaco (o alemán) me dice que no tengo nada contra esos malditos judíos.
....De los judíos sé lo que me ha enseñado el abuelo:
....-Son el pueblo ateo por excelencia -me instruía-. Parten del concepto de que el bien debe realizarse aquí, y no más allá de la tumba. Por lo cual, obran sólo para la conquista de este mundo.
....Los años de mi infancia se vieron entristecidos por este fantasma. El abuelo me describía esos ojos que te espían, tan falsos que te sobrecogen, esas sonrisas escurridizas, esos labios de hiena levantados sobre los dientes, esas miradas pesadas, infectas, embrutecidas, esos pliegues entre nariz y labios siempre inquietos, excavados por el odio, esa nariz suya cual monstruoso pico de pájaro austral... Y el ojo, ah, el ojo...gira febril en la pupila color de pan tostado y revela enfermedades del hígado, putrefacto por las secreciones producidas por un odio de dieciocho siglos, se pliega en mil pequeños surcos que se acentúan con la edad, y ya a los veinte años, al judío se lo ve arrugado como a un viejo. Cuando sonríe, los párpados hinchados se le entrecierran de tal manera que apenas dejan pasar una línea imperceptible, señal de astucia, dicen algunos, de lujuria, precisaba el abuelo...



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Es una novela árida que me ha costado leer, porque desorienta, confunde, se adelanta a la trama o  retrocede, y no explica suficientemente su desarrollo. He sentido el caos en mi cabeza. Reconozco que soy excesivamente 'notaria' de los hechos, 'registradora' de los personajes, exigente en lo que toca a una línea del tiempo que informe con cierta uniformidad de cuanto ocurre en una narración. Pero de todas formas he intentado relajarme, echarle paciencia a la extensión inusitada de las frases, no perder el hilo de la trama y de la historia,  seguir buenamente la reconstrucción que el personaje central (el único, sabemos, que es ficticio; o, más bien, como nos explica el autor el efecto de un collage, es decir, que hace y dice lo que otros hicieron en realidad). Lo cierto es que me he aburrido mucho. De mí misma, por perderme tantas veces. Del autor, por tenderme trampas y más trampas. Aun reconociendo el mérito de la novela, su gran dificultad y de qué manera magistral UE ha podido con ella, lo siento, lo siento, me he aburrido por partida doble. Cuando he llegado a la última palabra, he soltado un suspiro de alivio. Por fin. Qué esfuerzo, ¿y ha merecido la pena?, me he preguntado. Pues... sí. Sobre todas las cosas, sí. UE es un genio de las letras y un mago del suspense (lo digo por El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, las novelas que me leí como una posesa), y siempre te embarga con su sabiduría escriba lo que escriba y te cueste lo que te cueste seguirle.

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lunes, 16 de abril de 2012

Cursum perficio



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....Ay maldita sea me gustaría estar
muerta [] absolutamente no existente []
ausente de aquí [] de
todas partes pero cómo lo haría
Siempre hay puentes [] el puente de Brooklyn
Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura
y el aire es tan limpio) al caminar parece
tranquilo a pesar de tantísimos
coches que van como locos por la parte de abajo. Así que
tendrá que ser algún otro puente
uno feo y sin vistas [] salvo que
me gustan en especial todos los puentes [] tienen
algo y además
nunca he visto un puente feo
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.....................MARILYN MONROE (sin fecha)

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....Socorro, Socorro
Socorro.
Siento que la vida se me acerca
Cuando lo único que quiero
es morir.
Grito []
empezaste y terminaste en el aire
pero ¿qué hubo en medio?

....................MARILYN MONROE, 1961

....¡¡¡Sola!!!
Estoy sola -siempre estoy
sola
sea como sea

....................MARILYN MONROE (sin fecha)

....Vida []
soy de tus dos direcciones
De algún modo permaneciendo colgada hacia abajo
casi siempre
pero fuerte como una telaraña al
viento -existo más con la escarcha fría resplandeciente
Pero mis rayos con abalorios son del color
que he visto en un cuadro -ah vida
te han engañado

....................MARILYN MONROE (sin fecha)


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EL PAÍS

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.ARILYN M

sábado, 14 de abril de 2012

Hay un extraño placer en mis días. No sabría muy bien cómo describirlo. Es una mezcla de sensaciones y ninguna especialmente buena, ninguna tan óptima en sí misma como para explicar este suave bienestar que experimento. Mi estado de ánimo tiene la rareza de un aroma desconocido e inesperado. Floto. Fluyo en el sentido más literalmente atómico. Siento que los días pasan junto a mí envolviéndome en su seda. Apenas un susurro de horas. Poco más que un respingo la mañana o la noche. Y cuando la noche cierra suavemente la puerta tras de sí, yo también cierro los ojos y el sueño viene, inmediato, placentero como la jornada que he vivido, simple y claro, sin lenguajes mitológicos ni encriptaciones, todo blanco al inicio y azul pálido cuando expira.
....Creo que la soledad está imprimiendo en mi vida una concepción del tiempo que jamás imaginé. Supongo que estoy descubriendo la metafísica. ¿Pero cómo ha ocurrido? ¿Cuál es la frontera que marca este desligamiento consciente y sereno de la aburrida realidad? La edad, me responde un yo lógico. La circunstancia, le corrigen polifónicamente los otros. (Tenemos tantos...) La circunstancia, la circunstancia, eso es, sin duda la circunstancia. Me deja más conforme. Además, la circunstancia lo engloba todo. Lo palpable y lo impalpable. El suceso y su huella. El tiempo y sus contenidos. Ahora el tiempo lo domino, sutilmente lo he amoldado a mis ritmos, tan vagos, tan leves. He adelgazado mi ser hasta el punto de pasarle desapercibida; puro átomo camino de la dispersión, más conocida como eternidad, navego por las horas con la gracia de un velero en un mar sosegado. Es mío el tiempo y él no lo sabe. Es mío el tiempo y es largo.
....Mi reencontrado amigo Walser lo entendía perfectamente:
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....Estoy acostado, tengo mucho tiempo,
reflexiono, tengo mucho tiempo.
El día es sombrío, tiene tiempo,
más tiempo del que quisiera, tiempo,
tengo con qué medirlo, tiempo, largo tiempo.
La medida crece con el tiempo.
Una sola cosa adelanta al tiempo,
es el deseo, pues ningún tiempo
iguala al tiempo del deseo.
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jueves, 12 de abril de 2012


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(La obra comienza con un intercambio de banalidades entre el señor Smith y su mujer. Después, su criada, Mary, entra en escena.)
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Mary, entrando: Soy la criada. He pasado una tarde muy agradable. He estado en el cine con un hombre y he visto una película con mujeres. A la salida del cine, hemos ido a beber aguardiente y leche y luego hemos leído el periódico.
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Sra. Smith: Espero que usted haya pasado una tarde muy agradable, que haya ido al cine con un hombre y que haya bebido aguardiente y leche.
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Sr. Smith: ¡Y el periódico!
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Mary: Señor y señora Smith, sus invitados están en la puerta. Me esperaban. No se atrevían a entrar solos. Tenían que cenar con ustedes esta noche.
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Sra. Smith: ¡Ah sí! Les esperábamos. Y teníamos hambre. Como ya no les veíamos llegar, íbamos a cenar sin ellos. No hemos comido nada, en todo el día. ¡Usted no debiera haberse ausentado!
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Mary: Es usted quien me ha dado permiso.
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Sr. Smith: ¡No lo hemos hecho adrede!

[...]
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El teatro de los años cincuenta es un género renovado por dos dramaturgos,  Eugène Ionesco y Samuel Beckett. El drama psicológico, la tragedia antigua revisitada (Giraudoux), la comedia son a partir de ahora descartadas, y la escenificación queda reducida a algunos objetos emblemáticos, a un decorado descabellado. Las obsesiones de los personajes están  "cultivadas" por monólogos confusos o diálogos ilusorios, en los cuales el lenguaje -su poder, sus estructuras, sus prejuicios ideológicos - constantemente se cuestiona.
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Este nuevo teatro a veces es llamado el "Teatro del Absurdo", pues recuerda en efecto los temas existencialistas de las obras de Sartre o de Camus. En todo caso, este absurdo no parece conducir a un compromiso (Sartre) o a une revuelta (Camus). Los personajes y las situaciones, en Ionesco y Beckett, parecen más bien inmobilizarse en un trágico total, un nihilismo sin fin. La naturaleza absurda de este "nuevo teatro" encuentras igualmente sus orígenes en el movimiento surrealista, y  más generalmente, en el rechazo de las propaganda totalitarias, facistoides, que tanto han marcado los primeros decenios del siglo XX.
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martes, 10 de abril de 2012

Aquel verano de 1960...


Yo tenía 15 años y estaba viva. Sucedió en la alameda de Rentería. En la gramola comenzó a sonar Verde campiña y un chico me tocó en el hombro, ¿bailas?, y las chicas nunca respondíamos. En el protocolo no escrito de estas relaciones tras una rápida mirada de reconocimiento simplemente te soltabas de la amiga con la que habías iniciado el baile. O bien te hacías la desentendida, que esto quedaba muy interesante también. El chico rara vez decía nada, ni cuando te tomaba por la cintura ni cuando te tomaba por idiota al no haberle aceptado. Yo me solté inmediatamente. Ya lo había ojeado, sabía quién era. Todo se presentaba maravillosamente bien: por primera vez bailaba con un chico (él era el chico) y por primera vez oía aquella canción que hablaba de campiñas abandonadas y pájaros y ríos enmudecidos. Cuando la música paró, él me sonrió y se fue. Yo seguí bailando con otros otras cosas, pero esa noche, a solas en mi cuarto, volví a sentir sus brazos rodeando mi cintura y todo se llenó de trinos de zorzales...






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Verde campiña dormida al sol
Verde esperanza, ¿qué fue de nuestro amor?
Del valle umbrío ya el cielo no es azul
La flor se muere porque te fuiste tú
Todo lo llenan tu ausencia y mi inquietud
Cuando cruelmente dijiste adiós
El verde valle sin alma pareció
De los zorzales el trino se quebró
Y de los ríos la cantarina voz
Sólo se oía llorar mi corazón

No quiero amor saber adónde irás
Ni porque te fuiste y sí me olvidarás
Quiero no más seguir viviendo en ti
Y soñar que un día volverás a mí
Que otra vez el valle sonreirá
Y en la campiña la flor triunfará
Con los zorzales trinando su canción
Mi bienvenida será en tu aparición
Sentir de nuevo reír mi corazón
Mi corazón






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Mi homenaje a José Guardiola, fallecido ayer en Barcelona a los 82 años. Con su voz privilegiada y elegante, sus canciones bien escogidas y su valor, sobre todo su valor al desafiar las grisuras del franquismo, inundó nuestros oídos de alegría, cantándonos en castellano y en catalán, cantando en lo que le daba la gana ante las narices encogidas del régimen. De este SEÑOR, la única canción que jamás soporté fue el Dí papá que interpretó con su hija Rosa Mari. Por lo demás, le estoy agradecidísima por la catarata de canciones que nos versionó del pérfido extranjero, permitiéndonos así conocer que había vida más allá de nuestro pobre y entristecido país.





domingo, 8 de abril de 2012

De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas)


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Tito Lucrecio Caro (c. 99-55 a.C.) escribió tres años antes de morir este impagable poema didáctico en seis volúmenes, con el cual quiso presentarnos de la manera más atractiva posible (la literatura es el arma eficaz que utiliza para lo que en realidad es un sistema especulativo) las teorías de los filósofos griegos Demócrito y Epicuro. Sobre todo Epicuro le inspira. De hecho, es su más encendido admirador, y se comprueba a lo largo de todo su discurso que, tanto en lo físico como en lo moral, es una copia enriquecida de cuanto expuso el griego.


Los objetivos de Lucrecio eran muy claros y firmes: desterrar de la cabeza de los hombres el miedo a la muerte y -sin en absoluto negarlos- el miedo a los dioses. En el Libro Tercero la Naturaleza nos habla en este sentido:



"Si de repente, en fin, la voz alzara
Naturaleza, y estas reprensiones
A cualquier de nosotros dirigiera:
¿Por qué, ¡oh mortal!, te desesperas tanto?
¿Por qué te das a llanto desmedido?
¿Por qué gimes y lloras tú la muerte?
Si la pasada vida te fue grata,
Si como en vaso agujereado y roto
No fueron derramados tus placeres,
E ingrata pereció tu vida entera,
¿Por qué no te retiras de la vida
Cual de la mesa el convidado ahíto,
Oh necio, y tomas el seguro puerto
Con ánimo tranquilo? Si, al contrario,
Has dejado escapar todos los bienes
Que se te han ofrecido, y si la vida
Te sirve de disgusto, ¿por qué anhelas
Multiplicar los infelices días
Que en igual desplacer serán pasados?

¿Por qué no pones término a tus penas
Y a tu vida más bien? Pues yo no puedo
Inventar nuevos modos de deleite
Por más esfuerzos que haga: siempre ofrezco
Unos mismos placeres; si tu cuerpo
No se haya aún marchito con los años
Ni tus ajados miembros se consumen,
Verás, no obstante, los objetos mismos
Aun cuando en tu vivir salgas triunfante
De los futuros siglos, y aunque nunca
A tu vida la muerte sujetare."




Fuente:



miércoles, 4 de abril de 2012





Y en la playa llueve mansamente, llueve como suele llover un momento antes de que la naturaleza se convenza del fin del invierno, llueve despacito, despacito, llueve con tal disimulo que ni siquiera los pájaros lo saben, solamente las ramas de los árboles se estremecen con cada toque de las diminutas yemas de agua, los dedos de la lluvia son tan leves, tan ambiguos, en la playa del Varador, junto a la orilla, las palomas y las gaviotas se disputan la basura que el mar se lleva de la arena y devuelve a la arena, en la playa el ojo ámbar amenaza y espanta, pero la mínima paloma, como la inagotable basura, una y otra vez regresa al alga putrefacta, al cartón, al plástico, a la lata, no se arredra ante el poderoso pico, la garganta que vocifera, el batir ensordecedor del ala inmensa, la paloma regresa, picotea y huye, y regresa y picotea y huye, no he visto nada más pertinaz y temerario,  he sacado muchas fotografías de esa pugna al filo de la rompiente de las olas y la sórdida carroña mientras por encima de nuestras cabezas la nubes se inflaban y desinflaban, negras y densas sobre la sierra, y sobre el mar apenas una gasa blanquecina, a ratos veíamos el sol, a ratos su calor me hacía quitarme el impermeable, maldecir alegremente del paraguas, hubiera querido sentarme en una duna, arroparme en la cálida mentira, dejarle al sol jugar su breve juego, soñar reconfortada por la luz, aunque siga lloviendo y la playa sea un vertedero, soñar con la pureza de un Mar en la mañana, que me susurrará el viejo Cavafis ingeniándoselas para hacerme creíble la primavera, y soñar...

que me detenga aquí.
Que también yo contemple por un momento la naturaleza.
Del mar en la mañana y del cielo sin límites
el luminoso azul, la amarilla ribera: estancia
hermosa y grande de la luz.
Que me detenga aquí. Dejadme creer que esto veo
(ciertamente esto vi por un instante cuando aquí me detuve);
y no ahora mis sueños,
mi memoria, la rediviva imagen del placer.





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