viernes, 7 de diciembre de 2012


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La hirieron las rocas y el roce contra la arena, Estaba enferma y buscó refugio en la bahía. Agonizó largamente frente a la playa hasta que la debilidad la dejó sin fuerzas y las olas la depositaron en la orilla. Movió la cola en sus estertores y después, a una hora cualquiera de su vida, las 11:50 de la mañana dijeron los hombres, se murió del todo. Por la noche se la llevaron en un camión. Su ancha cola fue barriendo la calzada camino del Aquarium. Medía 16.6 metros y su peso estaba entre 8 y 10 toneladas, parece ser que no llegaba ni a la mitad de lo que tenía que pesar. Ahora espera que se decida su enterramiento o bien el traslado al Museo del Calamar Gigante de Luarca (Asturias).

Debió de ser un espectáculo su agonía y muerte. La gigantesca criatura vencida sobre la arena, para siempre desposeída de todos los océanos. Es una vieja conocida, la hemos visto tragándose a Jonás, a inocentes navegantes, a Pinocho, casi al capitán Ahab (se le llevó una pierna)... La hemos visto representando a Leviatán, nuestro demonio de cabecera que intenta llevársenos metamorfoseado en el inmenso animal que surge de las aguas en donde la humanidad se debate frenéticamente para no ser devorada. 


Ahí está ese cuerpo acharolado y hermoso. La gente lo mira dividida entre la fascinación y un miedo antiguo y literario. Es una extraña relación la que nos une a estos animales que hemos adorado y también odiado y cazado de manera inmisericorde. Los hemos convertido en el Mal y a la vez en la más tierna inocencia. ¿Quién lo entiende? Sé que a muchos se les encogió el corazón, lo mismo que a mí cuando vi el primer vídeo del cetáceo forcejando con las aguas de la bahía. Una lágrima se habrá escapado de esos ojos emocionados. Philip Hoare, el autor del ensayo Leviatán o la ballenaescribe: "Es difícil no referirse a las ballenas en términos románticos. He visto a hombres adultos romper a llorar al ver su primera ballena. Y aunque es un error antropomorfizar a los animales, sólo por el hecho de que sean grandes o pequeños o monos o inteligentes, es propio de los humanos hacerlo, porque nosotros lo somos y ellos no. Es la única forma de alcanzar a comprenderlos".


Tiene razón, y en estos momentos y como soy de ojo seco, la única forma de llorar por ella es traerme aquí los últimos versos de La ballena azul de Gloria Fuertes:

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Sólo su corazón pesaba
media tonelada.
La ballena azul
estaba enamorada.




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2 comentarios:

Glo dijo...

Ayer mismo leía un artículo de National Geographic (http://www.ngenespanol.com/articulos/301762/las-ballenas-del-desierto/) sobre el resultado de estudios de fósiles de antepasados de ballenas que eran todavía anfibios.

Estoy seguro de que sentir la respiración de semejante coloso cerca, no me habría dejado indiferente.

Mertxe dijo...

Yo también vi algo sobre eso en los documentales de La 2. Y esta historia de la ballena me ha conmovido, la verdad, y mucho. Siempre me han gustado dos peces, los delfines por supuesto y las ballenas.

Buenas noches, Glo.