martes, 13 de noviembre de 2012

Hay poemas que son como las aguas de un río tranquilo fluyendo resuelto y feliz. Son poemas en donde todo parece serena aceptación de la realidad vital que impone el paso del tiempo. Al leerlos notamos un suave calor extendiéndose por nuestros tejidos; es la ternura lo que nos empapa poco a poco; es la cercanía del autor, su aliento, la sinceridad de un alma que no sabe limitarse a la estética de las palabras, va a por más, va a por nosotros y nos conquista con su verso pequeño y certero. 

Hay poemas así de benéficos y éste es el caso de MARÍA SOCORRO LUIS, mi poeta-amiga, que con su palabra sencilla y hermosa me deja su paz cada vez que la visito.



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    Preferencias

Me gustan las tormentas,
los relojes de arena,
el aroma y el sabor del café.

El corazón azul de la mañana.
La elegancia de un árbol solitario
en un paisaje yermo.
Las furiosas rompientes de la mar.

La música del agua en los cristales.
Tu retrato ovalado
sobre la chimenea del salón

La pipa de la paz en el consejo
de algún jefe piel roja.
En los ratos perdidos,
interpretar el vuelo de los pájaros...

Y el final de la tarde,
el oro del ocaso junto a ti.


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4 comentarios:

Glo dijo...

Pues es cierto lo que escribes: es un poema de sencillez agradable.

Mertxe dijo...

La verdad es que para los que hemos tenido cerca a esta mujer es fácil entender la calidez que transmite su obra.

Buenas tardes, mi Glo.


Nómada planetario dijo...

La verdad es que el poema fluye con una facilidad muy natural, como la arena del reloj.
Besos.

Mertxe dijo...

Sí, Noma, así son todos sus poemas, amables, hermosos.