sábado, 20 de octubre de 2012

¿Islandia camino de Utopía?


Los islandeses se pronuncian sobre una nueva Constitución escrita por "gente corriente"


Le Monde.fr |  • Mis à jour le 

En Islandia, los resultados decepcionantes del equipo de fútbol nacional desencadenan decididamente bastantes más pasiones que las elecciones.  Con poco entusiasmo,  los alrededor de 320 000 habitantes de esta pequeña isla perdida en medio de las frías aguas del Atlántico Norte reeligieron en junio pasado a su presidente, Olafur Ragnar Grimsson. Esta vez, el próximo sábado 20 de octubre, se pronunciarán en medio de una indiferencia general sobre una nueva Constitución.


Sin embargo, la votación es histórica en esta pequeña democracia parlamentaria, en la cual la ley fundamental, adoptada a toda prisa en 1944 tras la independencia de la isla, sigue estando calcada de la de Dinamarca. El nuevo texto propuesto en referéndum es tanto más innovador cuanto que ha sido redactado por un grupo de veinticinco  "personas corrientes", representantes de la sociedad civil, directamente elegidos en 2010 por y para el pueblo. Pero lo que debía constituir la culminación de una revolución democrática solamente hace fantasear a los europeos, persuadidos de asistar al nacimiento de "la democracia de mañana".


LA "REVOLUCIÖN DE LAS CAZUELAS"


Tras una crisis financiera sin precedentes que, en 2008, había echado por los suelos todos los fundamentos de su sociedad, los islandeses aspiraban por lo tanto al cambio. Cazuela en mano, muchos de ellos se bajaron a las calles de Reykjavik en 2009 para conseguir la dimisión del Gobierno, y llevar por primera vez a la cabeza del país a una mayoría de izquierda.


LOS PRIMEROS SIGNOS DEL DESINTERÉS POPULAR


En noviembre de 2010, cerca de quinientos candidatos provenientes de la sociedad civil se presentan entonces para redactar la nueva Constitución. Agricultores, empleados de correos, obreros, profesores, empresarios, abogados: todos aspiran a sabios que refundarán el país. Pero una tasa récord de abstención –36% de participación, la más floja de la historia del país– viene a sancionar la elección, evidenciando los primeros signos de un cierto desinterés popular.


"Había muchos inconvenientes: una mediatización débil, una campaña muy corta, una evidente falta de pedagogía, y un modo de escrutinio particularmente complejo, analiza Rosa Erlingsdottir, profesora de ciencias política en la universidad de Reykjavik. Pero este primer resultado mostraba ya una distancia entre las expectativas del pueblo y el proceso establecido." Los veinticinco electos son, por otra parte, la mayoría provenientes de las élites de la sociedad islandesa, e incluso algunos de entre ellos tuvieron en el pasado cargos políticos de primera fila.


UNA E-REVOLUCIÓN DE MEDIAS TINTAS


Durante cuatro meses, estos electos de nuevo tipo se han currado su proyecto de Constitución. Para ayudarles en su enfoque, un proceso único ha sido colocado en Internet. Gracias a las redes sociales,todo islandés podía, en efecto, contactar directamente con los miembros de la Asamblea constituyente, o reaccionar ante los proyectos colocados en línea. Pero también ahí, la "e-revolución" anunciada por todas las medias europeas no ha estado a la altura de las esperanzas. En total, la iniciativa no ha recogido más que 3 600 comentarios, y 370 proposiciones de artículos. Una cifra decepcionante incluso en un país que cuenta con tantos habitantes como la ciudad de Niza.


El texto resultante se halla, sin embargo, "lejos de estar desprovisto de interés", subraya el sociólogo Helgi Gunnlaugsson. "Coincide con toda una serie de inquietudes que recorren la sociedad islandesa, ya sea a niveles de la libertad de informar, la manera de nombrar en la función pública, el papel de las instituciones y la forma que tiene el pueblo de interactuar con ellas, pero también la protección de los recursos nacionales", analiza.


Lo que está en juego lo traduce bien el preámbulo del texto: "Nosotros, pueblo de Islandia, deseamos crear una sociedad justa que ofrezca las mismas oportunidades a todos. Nuestros diferentes orígenes son una riqueza común, y juntos somos responsables de la herencia de generaciones: la tierra, la historia, la naturaleza, la lengua y la cultura."


Para Katrin Oddsdottir, una de los veinticinco miembros de la Asamblea constituyente, "el proyecto final es un verdadero avance para la sociedad islandesa, y constituye el resultado de un consenso global". "No estábamos todos de acuerdo, pero hemos pasado días enteros discutiendo para llegar a un texto que verdaderamente puede darle una cohesión a la nación islandesa", explica esta joven abogada, que se ha dado a conocer por su implicación en la "revolución de las cazuelas". Consciente de los límites del proyecto, ella deplora que el texto no vaya "lo bastante lejos sobre ciertos puntos, concretamente sobre la conservación ecológica de nuestra isla", pero está particularmente orgullosa de certos avances en materia de igualdad de sexos, e incluso "de haber inscrito en la Constitución que Islandia no podía tener ejército".


LíMITES ÉTICOS


Sin embargo, muchos especialistas no dudan en criticar los límites éticos y jurídicos del proceso. Concretmanete, es el caso de Ragnhildur Helgadottir, profesora de derecho en la Universidad de Reykjavik. Si bien ella ha aconsejado a los veinticinco miembros de la Asamblea constituyente en la redacción del texto, estima que los electos, designados en la precipitación, siguen siendo "los grandes desconocidos" por la población. "Y ahora bien, ¿puedo votar por alguien encargado de redactar la Constitución de mi país en tanto que no tengo ninguna idea de su concepción del papel de presidente de la República o de sus propios intereses en materia ecológica por ejemplo. Un obstáculo que para Ragnhildur Helgadottir se acompaña de un límite pragmático. Une Constitución permanece, en efecto, como "un texto eminentemente formal, regido por una serie de códigos legislativos que no están al alcance del primero que llega. Incluso si el pueblo le vota sí en el referéndum,  de hecho, el texto podrá ser ratificado.


"LA BATALLA DE 'ISLANDIA"


El próximo sábado, los islandes deberán pues decidir si prefieren conservar su antigua Constitución u optar por la nueva. Y el resultado de ese escrutinio será observado de cerca por toda la clase política islandesa. El Partido de la Independencia, muy conservador, en efecto ha llamado a los electores a votar "no"  al referéndum, "por una parte, porque juzga incompetentes a sus redactores; por otra, porque el Althingi [le Parlement] no ha tenido que pronunciarse sobre el texto", explica Michel Sallé, doctor en ciencias políticas y especialista de  Islandia.


Si la consigna es muy seguida, eso podría constituir un buen indicador con vistas a las elecciones legislativas de la primavera, en las que la derechas, muy bien colocada en los sondeos, espera volver al poder. La reelección del presidente saliente en junio, para un quinto mandato, ya les había confortado en esta perspectiva.

Una apuesta electoral que no ha dejado de subrayar en un editorial muy señalado el periodista y escritor Hallgrímur Helgason, en el sitio de informaciones islandés The Grapevine. Bajo el título "La Batalla de Islandia", recuerda que detrás del referéndum se juega "una batalla entre le viejo castillo, qui no tendrá en adelante más poder pero que conservará el dinero, y la gente de la calle, los que por el momento tienen poder, pero que están aterrorizados si eso se detiene en primavera. Para preservarse,  quieren escribir sus propias reglas, antes de que aquellos que ya han fracasado en el pasado les tomen la delantera."






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Me ha recordado el 15-M y, sobre todo, a Tomás Moro. A los primeros los descabezó la realidad. Al segundo, también, aunque llevara un nombre mucho más concreto el dueño del hacha. En cuanto a estos nuevos indignados ya veremos la suerte que les espera. Por de pronto, basar sus aspiraciones en la izquierda como alternativa de la derecha ya me da mala espina. A la vista de lo que llevamos visto de los unos y de los otros en cuanto pillan poltrona, la verdad, no resulta muy tranquilizador. Y luego están éstos veinticinco que se pretenden algo así como neutrales, que lo serán, no me cabe duda, pero tampoco tengo dudas, y es a lo que voy, de que no les dejarán hacerse con la equidistancia. Resumiendo: ¿hay salidas? Pues... siempre nos quedará el fútbol. 


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