viernes, 5 de octubre de 2012



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Me sirvo un café, el primogénito del día y me sienta doblemente bien porque la mañana está hermosa, guapa de cara, reidora, muy grata de mirar. Hace un rato he salido al balcón y el resplandor del sol era tan agresivo que no permitía distinguir el mar. Ahora ya lo veo, sereno, reposado, todavía indefinible en su color. El otoño nos rodea. Melancolía que no remite. Como ayer me releí 'Sendas de Oku', es inevitable que asocie mi melancolía con la de Matsuo Basho: 


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La playa de Iro
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      El día dieciséis se aclaró el cielo. Quise recoger conchitas rojas en la ribera y fui en barco hasta la playa de Iro. No hay más de siete ry por mar. Un señor llamado Tenya preparó la comida y botellas de saké e hizo que nos acompañase mucha servidumbre. El barco llegó en un instante a la playa, gracias al viento favorable. Ahí no había más que unas cuantas chozas de pescadores; tomamos el té y calentamos el saké en un pobre monasterio llamado Hokke. El triste atardecer penetró en nuestros corazones:
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Melancolía
más punzante que en Suma,
playa de otoño.
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La ola se retira:
tréboles en pedazos,
conchas rojas, despojos.

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      Rogué a Tosai que escribiese los pormenores de esta tarde y dejamos en el libro del templo nuestras impresiones escritas.

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Luego bajaré a mis sosegadas playas de otoño, me reuniré con los escasos bañistas que intentan un rezagado placer veraniego. Habrá gaviotas y palomas, dos especies enfrentadas perpetua y silenciosamente. De momento parece que se impone el respeto. No hay ataques de las poderosas gaviotas, no correrá la sangre de las palomas, se limitan a mirarse muy serias y circunspectas cuando se retira la ola y aparece una concha roja o un despojo. Mientras no falte el alimento, ambas especies cultivarán el tratado de paz. Las primeras, para ahorrar energías; las otras, simplemente para sobrevivir. Es el equilibrio natural de las cosas. Si no hay hambre, no hay depredación. Más o menos como entre nosotros, todavía ricos en tréboles rotos, en conchas rojas y en despojos. Que no nos falten, porque el día en que debajo de la ola no quede nada...


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4 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

Si no hay hambre, no hay depredación. Más o menos como entre nosotros...

¡wow! me ha encantadoa esta frase lapidante...

Un gusto leerte.

Mis saludos

Mertxe dijo...

Mis queridas visitantes, os deseo un hermoso domingo.

Nómada planetario dijo...

Acertadas reflexiones sobre la escasez de recursos y la llegada del otoño. Muy bien traída la lectura.
Un abrazo.

Mertxe dijo...

Gracias, Noma.