lunes, 23 de julio de 2012

Insigne tontería para un error continuado






El país de Pollyanna

Posted on Lunes, 23 julio 2012 by Santiago González

Ayer se cumplía un año del doble atentado que en Oslo y la isla de Utoya costó la vida a 77 personas. La conmemoración de la tragedia ha sido una explosión de buenismo capaz de llevar a cualquier persona razonable al coma diabético. Lean, por ejemplo, las declaraciones del primer ministro noruego, Jens Stoltenberg:

“Contra la violencia, más apertura y más democracia. La bomba y las balas que utilizó Breivik querían cambiar Noruega. Los noruegos, no obstante, hemos estado a la altura y hemos mantenido nuestros ideales. El asesino fracasó, el pueblo ganó”

Saboreen la primera frase. Es una de las propuestas axiomáticas sobre las que descansa el buenismo. ¿Por qué el tratamiento que requiere la violencia es más apertura y más democracia?¿Por qué no la aplicación del monopolio legítimo de la violencia, la que ejerce el Estado democrático, según la célebre definición de Max Weber? Parece que las matanzas de Oslo y Utoya fueron posibles precisamente porque el Estado relajó la definición anterior y la violencia pudo ser ejercida a mansalva y sin cortapisas por un psicópata.
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