jueves, 14 de junio de 2012

No sabrías decir si fue solamente rencor o hubo algo más. En cualquier caso, no fue ese rencor adolescente, cándido y simplón, no, ése no, ése hubiera sido, a fin de cuentas, sano e inocuo. Una rabieta pasajera propia de tu edad. Se trataba de otra clase de rencor. No era tuyo, era un rencor inducido, vicario de otros rencores más arraigados y peligrosos. Era el oscuro, denso, letal rencor de los dioses. ¿Recuerdas? Los dioses... Aquellos deus (elevados) ex machina. Por entonces andabas bajo su égida, formándote afanosamente en la mentira y no quedaban resquicios para que tu juventud reaccionara. Todo era muy espantoso: la patria ultrajada, el gudari mártir, el compañero detenido, las comisarías de donde a veces no se salía, los despidos, las huelgas, gente que caía a derecha e izquierda... Tú corrías y corrías -nunca corriste tanto como entonces- por las calles gritando presoak kalera, amnistia osoa, y detrás venían aquellos tíos vestidos de gris y armados hasta los dientes. Si te trincaban, era el infierno. Si te salvabas, la gloria de contar tu hazaña en la siguiente asamblea. Por eso fue tan fácil inocularte el veneno. No sentiste el pinchazo y luego vino aquella excitación, la fiebre, el temblor en las manos. Todavía a veces (reconócelo) se te despierta en la carne el eco desvaído de aquella dolencia y sientes un amago de náusea. La historia es implacable, te ladra y no sabes si algún día conseguirás olvidar. Pero si existió más hostilidad, si a este rencor se añadió otra cosa, sin duda, sin duda, fue la ignorancia.

Oías hablar de él como de un apestado. Era (lo seguirá siendo hasta el fin de sus días) el Judas que se vendió a sí mismo, ni más ni menos que un traidor a su propia causa. Érais tan altaneros que ningún agravio os alcanzaba. La traición era impensable, tan alta y sagrada era la Causa. Juaristi os dejó, peor para él, pensaste entonces, y tu desprecio creció cuando  muchos años después viste en el escaparate de una librería El bucle melancólico. Todavía te duraba el espejismo. Parece ser que al tipo le dio por desmontar el engaño a base de romper telarañas y más telarañas. Eso lo supiste más tarde, cuando a ti también te dio por lo mismo. Lo de Juaristi ocurrió hacia el 74 y fue un escándalo  sotto voce. (Los dioses no permiten hablar con los pulmones.)

Ya todo ha terminado. Todo... salvo ese síntoma del vómito en que se ha transformado el recuerdo. Pero hay que vivir con ello, de ninguna enfermedad nos curamos completamente, siempre hay rastros, secuelas, llagas. Siempre la conciencia haciendo su trabajo. Hoy lees por fin a este hombre. El 'españolista', el provocador, el que  intenta liberarse de sus demonios a base de hostigar al nacionalismo. El hombre que se ha pasado de frenada. Al fin y al cabo, los nacionalismos también sirven para defenderse. No vale reducirlos o ignorarlos. Si no se analizan en su justa dimensión, existe el riego seguro de dar por buenos los nacionalismos exteriores. Debió limitarse a limpiar de polvo y paja la casa del padre. De parásitos oportunistas. De mesías y otros falsarios. Y de orates. Como ése que veneran con más o menos secreto los del PNV. Por lo demás, los pueblos sin estado son multitud y tienen todo el derecho a sobrevivir afirmándose en su identidad. Y sintiendo, sintiendo profundamente, dolorosamente,  la pérdida de lo que nunca se ha tenido.

Acabas de terminar su última obra, un poemario que entusiasma y duele a partes iguales, porque ha logrado que te veas claramente ahora (Te asombra la dulzura del declive...) y te imagines mañana (Libros, tardes de lluvia, conversación pausada...) y  luego en la última orilla (...Cuando ni una palabra me convenga, vendrá y tendrá tus ojos o los de otra cualquiera).

¿Quieres que dejemos un final acorde con los sentimientos que te embargan en este minuto? ¿Quieres? Pues si quieres vamos a robarle a este culo de mal asiento que por tantas cuestas ha rodado la última estrofa del último poema:

Tu Tiempo ya no es del Mundo
Ni tu Espacio
te permite ir más Depacio
hacia el Vacío Rotundo
donde te vas a perder,
póbrecito, el Arroyito
tan Bonito, tan Bonito
del Ayer.


.

2 comentarios:

Glo dijo...

Hoy me paré ante un semáforo en rojo. La señora que iba detrás de mí me pitó y uno que pasaba me gritó que si estaba "empanao". Y sí, creo que llevo toda la vida "empanao", respetando los semáforos, los límites de velocidad... Siendo un niño bueno.

Tú, en cambio, te has movido. Unamuno, utilizando el lenguaje de la religión, decía que la salvación personal es una tentación demoníaca. Y tú parece que la eludiste, comprometiéndote con la sociedad en la que te tocó vivir. Y te equivocaste, o no, como el bueno de don Miguel se equivocó también, metiendo la pata hasta el zancarrón (y no precisamente de mocito). Gajes del oficio.

Los logros no se ven, pero sin duda que los hubo. Todo no pudo ser malo.

Mertxe dijo...

No, hubo cosas excelentes. Y aun pudieron ser infinitamente mejores. Lo que ocurre al llegar a ciertas edades es que las cosas se ven panorámicamente, y entonces los errores se dilatan, ocupan demasiado espacio. Los que no pasaron del espejismo, las marionetas encantadas, no se perdonarán jamás haberse dejado engañar tanto.

Buenos días, Glo.