sábado, 23 de junio de 2012




Ayer lo escuché en una  película. Refiriéndose a la evolución de la humanidad, un viejo musulmán se lo decía al adolescente que había adoptado como hijo: "Mineral, vegetal, animal... ¿tal vez el hombre será un ángel después, cuando muera?"

Si esto fuera posible, Juan Luis Galiardo lo habría sido mucho antes. Un ángel de la escena. Nunca lo vi en teatro pero sí en muchas películas y siempre me maravilló su capacidad para hacernos olvidar que interpretaba una mentira. Sin duda alguna, ese don sólo lo poseen aquellos que dominan con toda naturalidad dos escenarios comunicantes; el de la vida real y el de los sueños.

Yo lo recordaré especialmente como Víctor Velasco, el derrotado personaje en El disputado voto del señor Cayo. Cuando se apagó la luz para dar comienzo a la película, pensé que Delibes y Rabal eran inalcanzables para cualquier mortal que osara acercarse a ellos. Incluso Juan Luis Galiardo. Pero Juan Luis supo meterse perfectamente en la piel de Víctor; digamos, además, que aquella fue la oportunidad que esperaba para cambiar radicalmente sus registros de guapo oficial.  Creo que pocas veces se ha logrado una transformación tan magistral. Creo, también, que éste fue el mejor papel que ha interpretado en toda su carrera.

Se ha ido muy pronto. Demasiado pronto. Su papel en la vida no ha durado lo bastante. Mala suerte para él y también para los que seguíamos su arte. Mineral, vegetal, animal... ojalá fuera cierta la siguiente etapa.




2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Qué bonito lo sabes decir, Mertxe.

Qué hermoso homenaje...

Muxutxo

Mertxe dijo...

Gracias, poeta.