sábado, 14 de abril de 2012

Hay un extraño placer en mis días. No sabría muy bien cómo describirlo. Es una mezcla de sensaciones y ninguna especialmente buena, ninguna tan óptima en sí misma como para explicar este suave bienestar que experimento. Mi estado de ánimo tiene la rareza de un aroma desconocido e inesperado. Floto. Fluyo en el sentido más literalmente atómico. Siento que los días pasan junto a mí envolviéndome en su seda. Apenas un susurro de horas. Poco más que un respingo la mañana o la noche. Y cuando la noche cierra suavemente la puerta tras de sí, yo también cierro los ojos y el sueño viene, inmediato, placentero como la jornada que he vivido, simple y claro, sin lenguajes mitológicos ni encriptaciones, todo blanco al inicio y azul pálido cuando expira.
....Creo que la soledad está imprimiendo en mi vida una concepción del tiempo que jamás imaginé. Supongo que estoy descubriendo la metafísica. ¿Pero cómo ha ocurrido? ¿Cuál es la frontera que marca este desligamiento consciente y sereno de la aburrida realidad? La edad, me responde un yo lógico. La circunstancia, le corrigen polifónicamente los otros. (Tenemos tantos...) La circunstancia, la circunstancia, eso es, sin duda la circunstancia. Me deja más conforme. Además, la circunstancia lo engloba todo. Lo palpable y lo impalpable. El suceso y su huella. El tiempo y sus contenidos. Ahora el tiempo lo domino, sutilmente lo he amoldado a mis ritmos, tan vagos, tan leves. He adelgazado mi ser hasta el punto de pasarle desapercibida; puro átomo camino de la dispersión, más conocida como eternidad, navego por las horas con la gracia de un velero en un mar sosegado. Es mío el tiempo y él no lo sabe. Es mío el tiempo y es largo.
....Mi reencontrado amigo Walser lo entendía perfectamente:
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....Estoy acostado, tengo mucho tiempo,
reflexiono, tengo mucho tiempo.
El día es sombrío, tiene tiempo,
más tiempo del que quisiera, tiempo,
tengo con qué medirlo, tiempo, largo tiempo.
La medida crece con el tiempo.
Una sola cosa adelanta al tiempo,
es el deseo, pues ningún tiempo
iguala al tiempo del deseo.
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2 comentarios:

Glo dijo...

Qué bella entrada (y, de toda tu circunstancia, me quedo con la primavera).

Mertxe dijo...

Llevamos una temporada muy alterada por el Maresme. Cielos deslumbrantes, cielos ensombrecidos por nubes como hinderburgs... A lo mejor de esos contrastes me sobreviene esta tranquilidad. Qué se yo... jis... jis...