martes, 10 de abril de 2012

Aquel verano de 1960...


Yo tenía 15 años y estaba viva. Sucedió en la alameda de Rentería. En la gramola comenzó a sonar Verde campiña y un chico me tocó en el hombro, ¿bailas?, y las chicas nunca respondíamos. En el protocolo no escrito de estas relaciones tras una rápida mirada de reconocimiento simplemente te soltabas de la amiga con la que habías iniciado el baile. O bien te hacías la desentendida, que esto quedaba muy interesante también. El chico rara vez decía nada, ni cuando te tomaba por la cintura ni cuando te tomaba por idiota al no haberle aceptado. Yo me solté inmediatamente. Ya lo había ojeado, sabía quién era. Todo se presentaba maravillosamente bien: por primera vez bailaba con un chico (él era el chico) y por primera vez oía aquella canción que hablaba de campiñas abandonadas y pájaros y ríos enmudecidos. Cuando la música paró, él me sonrió y se fue. Yo seguí bailando con otros otras cosas, pero esa noche, a solas en mi cuarto, volví a sentir sus brazos rodeando mi cintura y todo se llenó de trinos de zorzales...






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Verde campiña dormida al sol
Verde esperanza, ¿qué fue de nuestro amor?
Del valle umbrío ya el cielo no es azul
La flor se muere porque te fuiste tú
Todo lo llenan tu ausencia y mi inquietud
Cuando cruelmente dijiste adiós
El verde valle sin alma pareció
De los zorzales el trino se quebró
Y de los ríos la cantarina voz
Sólo se oía llorar mi corazón

No quiero amor saber adónde irás
Ni porque te fuiste y sí me olvidarás
Quiero no más seguir viviendo en ti
Y soñar que un día volverás a mí
Que otra vez el valle sonreirá
Y en la campiña la flor triunfará
Con los zorzales trinando su canción
Mi bienvenida será en tu aparición
Sentir de nuevo reír mi corazón
Mi corazón






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Mi homenaje a José Guardiola, fallecido ayer en Barcelona a los 82 años. Con su voz privilegiada y elegante, sus canciones bien escogidas y su valor, sobre todo su valor al desafiar las grisuras del franquismo, inundó nuestros oídos de alegría, cantándonos en castellano y en catalán, cantando en lo que le daba la gana ante las narices encogidas del régimen. De este SEÑOR, la única canción que jamás soporté fue el Dí papá que interpretó con su hija Rosa Mari. Por lo demás, le estoy agradecidísima por la catarata de canciones que nos versionó del pérfido extranjero, permitiéndonos así conocer que había vida más allá de nuestro pobre y entristecido país.





6 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Qué bonita añoranza del despertar de un amor?...

Adoro el baile(mi marido no bailaba) y ha sido mi asignatura pendiente durante años.

Besos a ritmo de... tango?

Mertxe dijo...

A ritmo de tango (mi ama los bordaba) y a ritmo de lo que tú quieras, mi poeta, mi amiga.

Buenos días/ egunon/ bon dia...

Glo dijo...

En mis mocedades seguía siendo yo, como macho, el que debía tener la iniciativa, por desgracia para mí, que siempre he sido tímido hasta los huesos. Y cuando fueron ellas las que tomaron la iniciativa, lo hicieron con tan poco tacto, que lo estropearon. El resultado fue un triste, penoso desastre, muy alejado de lo que cuentas.

Mertxe dijo...

Lo siento mucho, amigo mío...

Luciano dijo...

Estaba buscando esta canción para llorar un rato cuando tropecé con esta antigua entrada de tu blog.
Tu historia me ha traído una balsámica nostalgia que ha mitigado mi pesar.

Cuanto me hubiera gustado ser aquel chico...

Mertxe dijo...

Tardía va a ser también mi respuesta, ya que tengo la pésima costumbre de no consultar directamente 'Comentarios'. En fin, que me alegro de que hayas sentido ese alivio en forma de nostalgia. Un saludo.