domingo, 15 de enero de 2012

Tenenos un domingo frío y gris. El invierno va tomando cuerpo. Es verdad que los días parecen ir ganando luz, pero de momento resulta tan desmedrada que a las cinco de la tarde sigue dando pereza salir a la calle. Me pregunto qué ha sido de aquellos mendigos alcoholizados hasta el alma que suelen recalar por la avenida Jaume Recoder. ¿Se habrán recogido en algún albergue? Pero... si ya no quedan albergues por aquí. ¿Se habrán muerto? Tampoco porque, si así fuera, el Tot Mataró hubiera publicado una reseña. Por otra parte, ahora que me fijo, las palomas también han desaparecido. Curioso lo que hace el frío por estos pagos mediterráneos. Y luego está el paisaje, entristecido, ausente, otro. Árboles en los puros huesos, bancos desiertos, terrazas abandonadas por los fumadores. Una de las cosas que más me sorprendieron cuando llegué al Maresme fue, precisamente, lo frioleros que son los catalanes de la costa.
....Estos días a penas he salido porque no me tengo en pie. Mi boca está en obras desde el pasado miércoles, y aunque no es mucha la faena (cuestión de un colmillo arrancado y regeneración de la zona siniestrada), el tratamiento antibiótico a manta me está haciendo polvo. Ando medio dormida, medio apaleada, medio tonta. Medio yo, medio quién sabe qué. Hay ratitos en que, si me preguntaran mi nombre, tendría que sacar el D.N.I. La razón de estos agresivos efectos radica en que nunca tomo medicamentos, afortunadamente no los necesito todavía, así que los chutes diarios y por triplicado de la Amoxicilina 750 mg me dejan literalmente hecha polvo. La falta de costumbre me haría reaccionar igual de mal ante unas aspirinas de barquillo. Lo mismo me pasa con el alcohol: como no bebo, un miserable zurito me pone a cantar Asturias patria querida. Pero ya se acaba. Mi agujerito está casi cicatrizado y, puesto que mi higiene bucal es exhaustiva, no pienso continuar drogándome. Confiaré ciegamente en mis genes y que Ése reparta suerte. A las diez de la noche de hoy ("En el día de hoy, cautivo y desarmado... ") consideraré alcanzados mis últimos objetivos y esta fase de la guerra habrá terminado.
....Me he preparado lectura para esta tarde, aunque dudo mucho que consiga abrir los ojos suficientemente durante más de media hora. Supongo que llegará la modorra (ese sopor que sitúa a los mortales tan cerca de los dioses) y me impedirá darle otro repasito en condiciones a los Siete cuentos góticos de la Blixen, alias Isak Dinesen. O.. O quizás sí. Quizás unos brumosos estados de la conciencia sean lo más adecuados para leer esta obra. Es posible que sus fantasmales personajes, si están de humor, me tomen por otra sombra más de las muchas que vagan por todas las historias. Al fin y al cabo, lo sobrenatural nos reúne esta tarde. Me adormeceré en el interior de cualquier escena, tras unos cortinones de seda defendidos por un inmenso sofá, la simbiosis será perfecta y ellos pasarán muy cerca, como si nada,  no me verán, y si me vieran, ¿qué podrían pensar?, ya he dicho que soy otro fantasma, un soplo de lo lejano insondable.
....He leído muchas veces los Siete cuentos góticos, en donde lo viejo, lo muerto, lo inaudito, todo se vuelve sueño, pero no un sueño profundo y continuado, reparador y sano. Es un sueño de superficie, poco estable y con frecuencia feroz en su fantasia, malvado por ese incesante alumbramiento de personajes que van y vienen del misterio a la luz y de la luz al abismo. Los Siete permanecen envueltos en un continuo ocaso, siempre atardece en todas las historias, siempre hay luces que se encienden tras la ventanas saliendo al encuentro de la noche. No sé, no sé, un jaleo que sólo la prodigiosa -y febril- imaginación de Karen Blixen ha podido crear. Un jaleo que deja pequeño al que suele montarnos la penicilina. Como es el caso.

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"Descansando en el sofá" - Autor desconocido

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4 comentarios:

Glo dijo...

Voy a comer. Después volveré con algo de colores.

Mertxe dijo...

Vale y que proveche.

ADELFA MARTIN dijo...

Haces que sea realmente deliciosa la lectura de las cosas mas sencillas...¡esplèndido!


mis saludos

Mertxe dijo...

Gracias, Adelfa.