jueves, 30 de junio de 2011

La tragedia griega (ergo...)


Post scriptum sobre las condiciones sociales:

La cuerda que ahorca al que se ahoga





Hace muchos años, el dibujante francés Wolinsky mostraba en una de sus viñetas a un hombre que ante los gritos de alguien que se está ahogando, le lanza una cuerda con extremo circular... que se revela ser mortal soga. Evocaba esta imagen al seguir la pantanosa negociación que condujo al pretendido acuerdo entre jefes sobre la deuda griega. Uno de los escollos a resolver eran las tremendas condiciones del "rescate" anterior, impuestas tanto por la Comunidad Europea como por el Fondo Monetario Internacional. Esta última institución fue concretamente la que hace un año exigió el "ajuste" que supone más sudor y desesperación para los trabajadores griegos tanto del sector público como del privado, y sin el cual Grecia no recibiría en julio los 12000 millones de euros sin los cuales no podría hacer frente a sus pagos. Conviene no olvidar que el responsable del Fondo era entonces el socialdemócrata Strauss- Khan, y que el forzado a aceptar es el también socialdemócrata Papandreu. Pues bien:

Leo en un informado artículo de Xavier Vidal-Folch que la gestión del FMI por Strauss- Khan no sería suficientemente rigurosa a juicio de los partidarios de una desregulación aun mayor de la economía, y que consideran que rescates como el griego o el irlandés son medidas contrarias a la razón económica. Al parecer la candidata Christine Lagarde (¡ministra de Sarkozy!) sería a los ojos de tales caballeros (o damas que también las hay) partidarios de estricta ortodoxia liberal sospechosa de contaminación por moribunda bacteria socialdemócrata. "...Al que tiene le será dado y al que no tiene le será arrancado" Para el que se ahoga ni siquiera ese momento iluso en el que cree que el lazo de la cuerda ceñirá su tronco y no su cuello.
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Éste es el final del artículo titulado Pasiva esclavitud versus cartesiana. Manera de vivir que Víctor Gómez Pin publica con fecha de hoy en El Boomeran(g).





jueves, 23 de junio de 2011

Cavafis y aquellos "Días de 1908" (que resucitan)

Que podrían ser igual que éstos, detalle arriba, detalle abajo. Porque en el fondo siempre es un asunto de codicia, de afán irreprimible en unos cuantos por amasar dinero y dominarlo todo. Al leer de nuevo a Cavafis, al sentir su impronta de optimismo, esa fuerza en las imágenes que describe, me he dado cuenta de lo fácil que hubiera sido la amargura, lo gris, el derrotismo, y sin embargo el poeta tira por la calle de en medio, se pone justamente bajo ese sol que no conoce ocasos, el sol de la belleza, y así comienza la crónica de un ser humano aplastado... pero no vencido. Días de 1908, días de 2011, muchos más días que vendrán y seguiremos sin trabajo y a lo peor sin cartas que jugar. Días de esta crisis que ha de desnudarnos y que, ojalá, no nos impida vernos inmaculadamente hermosos. Sólo así nos salvaremos. Sólo así. Una vez más.





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          DÍAS DE 1908

Aquel año se encontró sin trabajo;
y en consecuencia vivía de las cartas,
y de los dados, y de dinero prestado.

Un puesto, con tres liras al mes, le habían ofrecido
en una pequeña papelería.
Pero lo rechazó, sin ninguna vacilación.
No le venía. No era sueldo para él,
un joven con bastante cultura, y de veintidós años.

Ganaba, no ganaba dos, tres chelines al día.
De las cartas y los dados qué podía sacar el muchacho,
en los cafés de su clase, populares,
por más que jugara con viveza, por más que eligiera necios.
El dinero prestado, eso era y no era plata.
Raramente alcanzaba a un tálero, lo más frecuente medio,
a veces caía a sólo un chelín.

Cada semana, a veces más seguido,
cuando se libraba del terrible trasnochar,
se refrescaba bañándose, nadando en la mañana.

Su ropa era una terrible ruina.
Siempre llevaba el mismo traje, un traje
muy desteñido color canela.

Ah días del verano del novecientos ocho,
de vuestra visión, artísticamente,
se borró la ropa raída color cáscara.

Vuestra visión lo conservó
cuando se despojaba de ellas, cuando se las quitaba,
las ropas indignas, la ropa interior remendada,
Y quedaba enteramente desnudo, inmaculadamente hermoso: una maravilla.

Sus cabellos sin peinar, desordenados;
sus miembros un poco quemados
por la desnudez matinal en los baños, y en la playa.






domingo, 19 de junio de 2011

Otro día gris



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A veces finge que se aclara y entonces nos enseña pequeñas parcelas de cielo azul. Pero no es verdad, el día se nos ha puesto farisaico y por muchos fuegos fatuos que dispare al paisaje no nos lo vamos a creer. Contemplo el mortecino cielo, el mar de plomo, el desolado puerto deportivo, la estación solitaria, la quieta carretera, la entrada inusitadamente vacía de mi calle. Todo me parece ausente. Mejor aún: una carcasa hueca. Lo único que he visto moverse han sido unas pocas gaviotas volando sobre el horizonte. Después, ahora mismo, la vida ha vuelto a la inmovilidad. Mi planta tomatera está desesperada. Tantos días sin sol... Tan magra cosecha... Apenas media docena de cherrys, tres ligeramente ruborizados y los otros, verdes, verdes, verdes como limones verdes. Aquí sentada me voy dejando ganar por la sensación de que nada está bien (me ronda el ciorano sentiment que tout va mal). Ni la primavera. Ni la planta. Ni yo en plan sinécdoque de sociedad estamos nada bien. Entonces, alarmada, pienso que puedo estar exagerando. ¿Y si fuera así...? ¿Si fuera así, habré llegado ya a ese temido apeadero en que la gente suele bajarse convencida de que es un mero cambio de línea en su viaje y luego resulta que es la terminal? ¿Tan mayor me estoy haciendo? Claro que también pudiera ser que no exagero eb absoluto y lo que pasa es que no hago otra cosa que diagnosticar la situación real. Angustiada me tiro a los periódicos y a la radio. Leo y escucho -¡confirmo!- el creciente desastre que es mi país. Leo y escucho -¡sufro!- a esa pléyade de políticos, cuya estolidez estremece, que no cejan en su empeño de mentirnos y robarnos, de alterarnos y enfrentarnos, de rematar a cada segundo que pasa a ese viejo cadáver de la esperanza que desde hace siglos llevamos a cuestas. No, definitivamente no exagero, retrato con pristina fidelidad algo que existe: la estafa más descomunal que haya conocido España.
....El día ha vuelto a aclararse. (Hace como los Mercados: si a Grecia la limosnean, ellos se tranquilizan y sonríen y, por lo tanto, se olvidan un ratito de nosotros. Nosotros. Otra Grecia más. En realidad, si lo pensamos un poco, toda Europa será Grecia, solamente es cuestión de tiempo, del aguante de las fichas del dominó. Y me temo que, a fin de cuentas -¡que literalidad!- esto saltará por los aires y si te he visto, sueño de unidad y progreso, no me acuerdo.)
....El día se oscurece. (Lo mismo que los Mercados en cuanto falla el socorro [facturable] a los mendigos.)
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martes, 14 de junio de 2011

[...]
Es una foto de color sepia, oval, pegada sobre el cartón amarillento de un libro, muestra a un bebé encaramado en sus tres cuartas partes sobre unos cojines festoneados, superpuestos. Está vestido con una camisa bordada, de un sola presilla, ancha, sobre la cual hay un grueso nudo tras el hombro, como una gran flor o las alas de una mariposa gigante. Un bebé a todo lo largo, poco carnoso, cuyas piernas separadas se adelantan, estiradas, hasta el reborde de la mesa. Bajo sus cabellos morenos recogidos en tirabuzones sobre una frente abombada, los ojos se le abren de par en par con una intensidad casi devoradora.
[...]
Cuando yo era pequeña, creía -debían habérmelo dicho- que era yo. No soy yo, eres tú.
[...]
No sé si se piensa mucho delante de las tumbas. Delante de la de los padres, yo me detengo un momento. Es como si les dijera "aquí estoy", y les contara lo que ha sido de mí durante el último año, lo que había hecho, escrito, esperaba escribir. Después paso a la tuya, a la derecha, miro la estela, leo siempre la inscripción en grandes caracteres dorados, demasiado rutilantes, repasados burdamente en los años noventa, por encima de los antiguos, más pequeños, que se habían vuelto ilegibles. Por su cuenta, el marmolista ha suprimido la mitad de la inscripción originaria, eligiendo no dejar bajo tu apellido y nombre de pila más que esta única mención, ciertamente porque él la juzgaba primordial: "Fallecida el Jueves Santo de 1938". Eso es lo que me impresionó la primera vez que vi tu tumba. Fue como la prueba inscrita en la piedra de la elección de Dios y de tu santidad. Desde hace veinticinco años yo vengo a estas tumbas, a ti jamás tengo nada que decirte.
[...]
Evidentemente, esta carta no te está destinada y no la leerás. Son otros, los lectores, tan invisibles como tú cuando escribo, quienes la recibirán. Sin embargo, una suerte de pensamiento mágico en mí quisiera, de manera inconcebible, analógica, que ella te llegara como me llegó antaño, un domingo de verano, quizás aquél en que Pavese se suicidaba en una habitación de Turín, la noticia de tu existencia por medio de una confidencia que tampoco me estaba destinada.

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domingo, 12 de junio de 2011

Cuando los muertos hablan



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............LA COLINA
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¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el abúlico, el de brazo fuerte, el payaso, el borrachín, el
peleador?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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Uno se fue en una fiebre,
uno ardió en la mina,
a uno lo mataron en una riña,
uno murió en la cárcel,
uno cayó de un puente mientras trabajaba para su esposa e
hijos.
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Edith y Lizzie,
la del corazón tierno, la ingenua, la ruidosa, la orgullosa, la
feliz?
Todas, todas están durmiendo en la colina.
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Una murió de un parto vergonzoso;
una, por un amor desgraciado;
una, a manos de un bruto en un burdel;
una, por orgullo despedazado mientras buscaba un ideal;
una, persiguiendo la vida en las lejanas Londres y París,
fue traída a su pequeño espacio por Ella y Kate y Mag.
Todas, todas están durmiendo en la colina.
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¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily
y el viejo Towny Kinkaid y Sevigné Houghton
y el alcalde Walker, que llegó a hablar
con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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Les trajeron hijos muertos de la guerra,
hijas aplastadas por la vida
y a sus hijos huérfanos, llorando.
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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¿Dónde está el viejo violinista Jones,
que cantó la vida todos sus noventa años
enfrentando la nieve a pecho desnudo,
bebiendo, peleando, sin pensar ni en la mujer, ni en la familia,
ni en el dinero, ni en el amor, ni en el cielo?
¡Oídlo! Recuerda, balbuceante, el pescado frito de antaño,
las carreras de caballos de otrora en el bosque de Clary,
lo que Abe Lincoln dijo
una vez en Springfiel.
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martes, 7 de junio de 2011

e. e. cummings

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...............En algún lugar al que nunca he viajado
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En algún lugar al que nunca he viajado, dichosamente más allá
de cualquier experiencia, tus ojos guardan su silencio:
en tu más frágil gesto hay cosas que me arropan,
o que no puedo tocar por su cercanía.
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Tu más sutil mirada fácilmente me descubre.
A pesar de que me cierre como dedos,
tú me abres siempre, pétalo a pétalo, como la primavera abre
(tocando hábilmente, misteriosamente) su primera rosa.
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O si tu deseo fuera el cerrarme, yo y mi vida
nos cerraremos... hermosamente... repentinamente.
Como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve, cuidadosamente,
en todas partes descendiendo.
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Nada que podamos percibir en este mundo se equipara
al poder de tu intensa fragilidad; cuya textura
me inspira con el color de sus campos,
interpretando muerte y eternidad a cada respiro.
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Yo no sé qué hay en ti que se cierra y se abre.
Sólo que algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas.
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
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