jueves, 31 de marzo de 2011

Agur, Katta maitea...






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....Y puesto que hoy más que nunca toca esperanza, como hacía Juan Ramón con su Platero le pregunto a esa almita de blancura deslumbrante que se movía a cuatro patas por mi vida:

....Katta, tú nos ves, ¿verdad?... Si nos ves, querida mía, sabrás que el sol sigue viniendo cada mañana a nuestro balcón y se demora sobre tu esterilla esperando que aparezcas ronroneando mimosa. Yo me hago la desentendida, incluso a veces finjo que te busco en el interior de la sala. No sé cuánto tiempo mantendré el engaño, tengo miedo de contarle la verdad porque, si lo hago, lloraré, y no debo llorar. De  ninguna manera. Cuando se llora se acepta y se renuncia. Cuando se llora, se empieza a olvidar, y yo quiero que vivas todo el tiempo que tengan que vivir mis ojos secos.
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(Crónica de un despertar. Revista OARSO 2011)

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domingo, 20 de marzo de 2011

Un poème de Rimbaud

AUBE
    ILLUMINATIONS

    



    J'ai embrassé l'aube d'été.
    Rien ne bougeait encore au front des palais. L'eau était morte. Les camps d'ombres ne quittaient pas la route du bois. J'ai marché, réveillant les haleines vives et tièdes, et les pierreries regardèrent, et les ailes se levèrent sans bruit.
    La première entreprise fut, dans le sentier déjà empli de frais et blême éclat, une fleur qui me dit son nom.
    Je ris au wasserfall blond qui s'échevela à travers les sapins : à la cime argentée je reconnu la déesse.
    Alors je levai un à un les voiles. Dans l'allée, en agitant les bras. Par la plaine où je l'ai dénoncée au coq. À la grand-ville elle fuyait parmi les clôchers et les dômes et courant comme un mendiant sur les quais de marbre, je la chassais.
    En haut de la route, près d'un bois de lauriers, je l'ai entourée avec ses voiles amassés, et j'ai senti un peu son immense corps. L'aube et l'enfant tombèrent au bas du bois.
    Au réveil il était midi.



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miércoles, 16 de marzo de 2011

Rectificando a Matshuo Bashoo



 
Este camino
pronto lo recorrerá
el sol naciente



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Esta tierra estremecida y arrollada por el mar a lo largo de los siglos. Esta tierra que supo levantarse de los escombros causados por dos bombas atómicas. Esta tierra que ha crecido imparablemente en todos los aspectos ¿no iba ahora a sacarle la lengua al crepúsculo?

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jueves, 3 de marzo de 2011

Mourir d'oublier

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"Dur, lorsquelle s'arrête en haut d'un escalier, complètement paralysée par le vertige. Dur, lorsqu'elle s'aperçoit qu'elle tombe dans ce trou sans fond de l'oubli et qu'elle bat vainement des bras pour se ratrapper. Dur, lorsqu'elle se réveille en hurlant: 'Les boches ! Attention, voilà les boches !' Mais le plus dur c'est de guetter ce moment tant redouté où je verrai dans ses yeux que je n'existe plus." La Mémoire de ma mère (éd. Michel Lafon). Giulia Salvatori

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Annie Girardot, según Cocteau: el temperamento dramático más hermoso de la posguerra, se ha apagado dulcemente en un hospital de París. Tenía 79 años y había vivido enamorada de la vida, de su carrera, de los hombres, sobre todo de los hombres, ante quienes nunca supo ni quiso en modo alguno protegerse. Tal vez, como apuntan los que la conocieron, esta actitud tenga una manida lectura psicológica dados sus antecedentes familiares, pero ¿a quién puede importarle esto?, ella vivió como quiso vivir mientras hubo luz en sus días y se supone que fue tan feliz como le fue posible serlo. Yo la vi muchas veces en el cine, aquel cine francés de los años 60 y 70 que nos clavaba en la butaca porque, a pesar de las mutilaciones de la censura, se entendía casi todo. Annie se superaba en cada personaje pero fue en Rocco y sus hermanos cuando nos dejó sin aliento al interpretar a la indefensa prostituta que vive en su infierno interior.
.....Sus últimos cuatro años los ha pasado sin saber quién era, sin acordarse de lo que fue, abrazada a sus sombras, sola y muriéndose de olvido. Con todo, nos deja Annie Girardot. Ainsi va la vie, un documental realizado en 2008 en el que ella aporta su doloroso testimonio sobre la enfermedad de Alzheimer. Actriz hasta el final, esta vez se interpretaba a sí misma. (Jean Cocteau se hubiera quedado sin manos aplaudiéndola.)


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