martes, 20 de diciembre de 2011

       




        VIDA
                A Paula Romero


Después de todo, todo ha sido nada, 
a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo

supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».

Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».

Ahora sé que la nada lo era todo,

y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

.


.

.




Nueve años despues, él sigue ocupando nuestro corazón. Fue Con las piedras, con el viento que yo lo descubrí. Alguien me lo pasó a principios de los sesenta, entonces, cuando empezábamos a liberarnos realmente de la placenta del régimen. Después lo fui pescando por aquí y por allá, me agradaba su sencillez, ese gusto de llamar a las cosas por su nombre, al pan pan, a la piedra piedra, él era así, recio y claro, dolía un poco porque siempre duelen las verdades. Tuve entre mis manos su Antología, que era el arca en donde se recoge su obra, pero cometí el error de prestarla. En mis manos se hizo la nada, y en las ladronas, todo. Qué se le va a hacer. Hoy comprendo que aquella fue la forma más afortunada de perder algo. Cuando te despojan de un libro, el libro, al menos, ha salido ganando porque siempre tendrá la oportunidad de enseñar dos veces.

En el noveno aniversario de la muerte de José Hierro, traigo el poema que, quizás, resume la vieja filosofía: polvo somos y al polvo... etc. etc.


.





No hay comentarios: