sábado, 10 de diciembre de 2011

Estábamos en una terraza de la plaza de Santa Ana


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La terraza y la plaza abarrotadas de gente. La terraza, la plaza y la gente absolutamente impregnadas de un ocio tristón y como resignado. Rambla arriba y Rambla abajo, los bares bostezando de aburrimiento: nadie en la barra y tras la barra un atribulado dueño añorando perdidos aforos. Las tiendas (salvo esas tiendas de ropa barata) también estaban vacías. En cambio, el único establecimiento de loterías del centro exhibía una cola interminable; curioso, ¿verdad?, ese afán que tenemos por sacar la cabeza de debajo del agua a base de peregrinas ilusiones. Si nos toca un piquito -dijeron los "agraciables" de ayer- será para tapar agujeros. Si nos toca un piquito -van diciendo los de este año- será para resistir hasta fin de mes. Pero este flotador de la lotería es un flotador agujereado, apenas resistirá el roce de la mano. Se desinflará en menos que canta un gallo y el 23 de diciembre volveremos a gozar de buena salud, y menos mal, menos mal que nos queda esta baza última porque la Sanidad también anda fina... Vamos, que tirando de deixis diría que ésa es otra.
....Sobre la plaza de Santa Ana de Mataró, incluso Rambla arriba y Rambla abajo, el cielo era un cristal azul purísimo. Ni la más leve fisura en su etéreo tejido. Uno de estos transparentes días, pensé de pronto, le veremos los bajos de los pantalones a San Pedro. (¡Anda que si fuera escocés...!) Yo me tomaba mi cortado habitual y mi amiga su no menos habitual cortado descafeinado y de máquina. Mirábamos plaza adentro, mirábamos Rambla arriba y Rambla abajo, y mirábamos el cielo, cómo no, y nos decíamos qué mal está la cosa y cuánto peor que se va a poner. Luego vino un negro a vendernos cosas de alambre y de plástico, y como le dijimos (gentilmente) con la cabeza que no, el tío fue y le dio un puntapié a la silla de la del cortado descafeinado y de máquina, que no dijo nada porque es muy discreta y, además, no tiene muy claro eso de no comprarles a estas gentes extrañas, tan grandes y oscuras, ni un alfiler. La conciencia, ya se sabe, nos muele a palos cuando contemplamos al tercer mundo mendigando por nuestras plazas y Ramblas arriba y Ramblas abajo. A continuación, pasaron unos perroflautas por la acera: Eran cinco, dos chicas, dos chicos y un perrillo de lanas tan sucio y maloliente como ellos; debía de ser blanco, porque entre mancha pringosa y mancha pringosa asomaban mechones de ese color o lo que sea el blanco. Frente a nuestra mesa montaron su espectáculo. Una de las mozas se sacó un atril plegable de la mochila, lo éstiró con enérgico gesto, volvió a sumergir la mano en la mochila sacando una partitura que colocó en el plano inclinado del atril. La inagotable mochila (me recordó tanto al bolso de Mary Popins...) todavía le proporcionó una flauta, y tres panderetas que distribuyó entre todos los coleguis de dos piernas. El perrete se tumbó junto a la virtuosa y si puede parecer que quedaba fuera del asunto, pues no, error, él tenía seguramente el rol más importante: enternecer a los espectadores con su mirada triste y desvalida. La del cortado descafeinado y de máquina me dijo: "Ya están aquí otra vez, qué lata, ahora nos pedirán pasta y, hala, a drogarse..."
....El aire próximo se llenó de unos sonidos terriblemente agudos. Los pájaros de los árboles vecinos se echaron a volar aterrorizados.  Las palomas de la plaza huyeron despavoridas. Los animalitos de compañía bizquearon. Estaba de precalentamiento la flautista y así continuó los siguientes cinco minutos. Después sacudió el instrumento sobre su mano. Se limpió la saliva de la mano en el pantalón. Estiró teatralmente el brazo y luego lo dobló en un ángulo tan perfecto que el instrumento llegó a sus labios. Se inició el concierto, pero lo cierto es que sonaba exactamente igual que el precalentamiento. Cuando acabó, cuando (¡por fin!) acabó, un panderetero recogió y le hizo una seña al lanas para que le asistiera en la recaudación. Les dimos un euraco cada una. La del cortado descafeinado y de máquina seguro que por quitárselos de encima. Yo, porque me alegró la mañana al preguntarme muy serio si me había gustado el trocito de "La Muerte del Cisne". De pronto, la plaza de Santa Ana, la Rambla que subía y la Rambla que bajaba, las gentes tristonas y resignadas, los bares y las tiendas vacías, el negro que seguía dando de puntapiés a las sillas, todo, absolutamente todo se tiñó del purísimo azul del cielo. Le contesté que nunca Saint-Saëns me había parecido mejor 'ejecutado'. La del cortado descafeinado y de máquina me miró sorprendida y va y me suelta, más afirmando que preguntando: "Ah... pero... ¿no es de Chaikovski? El de la gorra se encogió de homoplatos. ¿Y yo qué iba a decir? ¿Que se quitara del cortado descafeinado y de máquina? Me callé piadosamente. Allá ella si se confunde de pato y de charca, y seguí navegando lentamente sobre mi propia luminosa y azul recuperada sombra.


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5 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

lo de Rambla arriba y Rambla abajo, me suena a Barcelona por supuesto. Excelente relato, con su contenido de actualidad social y hasta con su buena dosis de ironìa.

Me ha encantado.

mis saludos

Mertxe dijo...

Sí, más exactamente Mataró. Un pueblo hermoso en todos los sentidos que, si un día debiera abandonar, echaría mucho de menos. Pero Mataró, con tantos Matarós europeos, degenera inevitablemente. En todos los sentidos. En fin, que es, como dirían los franceses, el aire del tiempo.

Saluditos mediterráneos.

Gonzalo dijo...

Quizá me equivoque, pero tu relato de hoy me ha recordado las irónicas observaciones de Cela en aquellos tristísimos años de la posguerra que él ayudó a hacer todavía más tristes. Y digo esto último (que ya nada tiene que ver contigo), porque hace un tiempo, en un bar del Casco Viejo de Bilbao, se exhibía una carta en la que Cela se ofrecía como delator. Siento no haber puesto más atención en aquel documento cuyos términos exactos me interesan sobremanera, pues pasé muchos años leyendo despreocupada y atentamente sus libros de viajes, sin sospechar que todo el esfuerzo de mezclarse con la gente tuviera aquella ruindad como motivo primero. El día en que haga firme esta intuición, será el primero en que queme un libro, al que acompañarán todos los que forman parte de mi colección de ese autor.

Gonzalo dijo...

Y respecto a internet:

-gratis y

-anónimo,

Todo lo que no cumpla estos dos sencillos requisitos, puede irse a tomar por el culo.

Mertxe dijo...

jajajajajajaaaaaaaaaaa

Ay, Gonzalo, la verdad es que esto de la "soñada democracia" está resultando lo de siempre: una filfa. Una filfa con aquéllos, con los que vinieron después y con éstos. El mundo es estupendo pero, también, un asquito. Y pensar que una se dejó sus mejores años creyendo lo contrario... Incluso nos creimos a Cela, menudo elemento el tío. Pero mira cómo ha terminado: plagiando el libro de una pobre mujer que todavía anda luchando a brazo partido para que se lo reconozcan. Añade una cerilla en mi nombre cuando hagas la hoguera.

Lo de Internet forma parte de cuanto digo más arriba. La corrupción, amigo mío, campa por sus respetos. No podía fallarnos Internet (que, por cierto, no es gratis ni mucho menos, y si no que se lo pregunten a nuestra facturación telefónica)en un sistema tan depravado que paga los excesos de los bancos con los dineritos de los ciudadanos.

Un abrazo, Glo.