viernes, 7 de octubre de 2011

Sigamos en el jardín del otoño...

Esta vez no hay carpe diem, sólo es la rosa. Cinco versos para su esplendor, veinticuatro para su lento ocaso. No, ni rastro de carpe diem en este romance. Carece de consejas, por lo que cada lector deberá extraer sus propias conclusiones morales. Queda abierto, inconcluso, a merced de nuestras reflexiones. Desaparecidas las muchachas que debían aprovechar su juventud antes de acabar como la flor, permanece el contraste ausoniano de la plenitud y el desmoronamiento. Sólo cuenta  la esencia indeclinable de la rosa. Naciente, adulta o moribunda. La rosa. Su esencia. Su importancia. ¿Quién le quita a la rosa su importancia? ¿Su inmarcesible importancia? (Gilbert Bécaud nos lo cantaba hace unos años: "L'important c'est la rose...")









LA MUERTE DE LA ROSA

Sobre su tallo se yergue,
Blanca ante todos, la rosa,
En este jardín es ella
Quien dominó a la redonda
Del rico plantel. Un pétalo
Va inclinándose a su sombra.
Ni puro ya ni fragante,
Se resquebraja, se acorta.
Arrugas hay. Y tendiéndose
Por amarillos sin gloria.
Como si hubiese desorden
Aumentan y se abandonan.
Algunos pétalos planos
-deformada la corola,
Ya no círculo de amor-
Caen al suelo, no importan.
Florece el jardín en torno
De la que agoniza a solas
Y bien descubre ante el sol
Los estambres que amontona,
Mustios, el centro que fue
Tan íntimo. A su hora,
Sumisa a la primavera,
Muriéndose está la rosa.


De Clamor (Maremágnum [1957], ..Que van a dar a la mar [1960] y A la altura de las circunstancias [1963])





2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Estupendo tu comentario-reflexión.

Conocía algunos poemas sobre la fugacidad de la rosa; éste no. Impacta. Casi se toca esa agonía, esa brevedad. Así,la vida...

Muxu haundia, polita.

Mertxe dijo...

Y ese Guillén... tal vez el mejor poeta español.

Egunon, maitea.