viernes, 21 de octubre de 2011

Gabriele d'Annunzio...¿un valor a la baja?

Discutido. Rechazado. Odiado. ¿Y por qué? Porque este tipo de personajes provoca muy ásperos sentimientos. En el caso de D'Annunzio, exasperan sus ideas en general y muy especialmente las que hacen de él un nacionalista radical. Le acusaban de tener un pensamiento exagerado respecto de la vida, de ser un vividor infatigable e inmoral, y criticaban su erotismo rayano en la pornografía. Supongo que aciertan sus detractores en esta animadversión; sin embargo, a la vista del conjunto de su obra, tal vez les hubiera correspondido ser un poco menos acerbos. He leído varias biografías suyas y, sobre todo, he recurrido a fuentes muy al tanto de su obra, por lo que puedo transmitir aquí esa falta de serenidad, esos nervios, de sus escandalizados contemporáneos. Posiblemente los tiempos no permitían a sus detractores soltar algo de lastre. Prescindir de tanta dislocada hipocresía. Puede ser. Pero si el uno fue demasiado lejos, los otros se le adelantaron bastante.

Conozco muy poco la obra de este poeta, no así su renombre mundial. Pero acaba de recordármelo Gabriela Mistral, que lo tenía, junto a Frédéric Mistral, en la más alta consideración; tanto es así que, siendo su nombre real Lucila Godoy Alcayaga, eligió, como homenaje literario a estos poetas, el seudónimo Gabriela Mistral, combinación del nombre y apellido de sus admirados iconos. Indago por ahí y encuentro uno de los poemas que dan cuerpo a Canto nuovo, primer poemario de D'Annunzio, dedicado, como no podía ser de otra manera, a los goces de la vida. Puede decirse que con esta obra, editada en 1882, saltó a la palestra literaria. Ante tanta excelencia, me prometo solemnemente buscarme El fuego, un relato-cotilleo sobre las relaciones que mantuvo con Eleonora Duse.




MUJERES

Han existido mujeres serenas
de ojos claros, infinitas
y silenciosas como esa llanura
que atraviesa un río de agua pura.
Han existido mujeres con visos de oro,
rivales del estío y del fuego,
semejantes a trigales lascivos
que no hieren la hoz con sus dientes
pero arden por dentro con fuego sideral
ante el cielo despojado.
Han existido mujeres tan leves
que una sola palabra, una sola,
las convirtió en esclavas.
Y existieron otras,
de manos rojizas,
que al tocar una frente suavemente
disiparon ideas terribles.
Y otras cuyas manos exangües
y elásticas, con giros lentos

una urdimbre rara y fina
en que las venas simulaban
hilos de vibración ultramarina.
Mujeres pálidas, marchitas,
devastadas, ardidas en el fuego amoroso
hasta lo más profundo de sí mismas,
consumido el rostro ardiente,
con la nariz agitada por el impulso
de inquietas aletas,
con los labios abiertos
como yendo hacia las palabras pronunciadas,
con los párpados lívidos
como las corolas de las violetas.
Y todavía han existido otras y,
maravillosamente, yo las he conocido.





6 comentarios:

Glo dijo...

Estas dos últimas entradas las he visto antes...

Mertxe dijo...

Sí, ando vaguísima, y como no tuvieron quorum... jis... las repongo.

Egunon, mutil.

Glo dijo...

No comenté nada sobre el texto que propusiste7 porque no reconocí nada de mí en él. Mis experiencias no dan material suficiente para un catálogo.

Mertxe dijo...

Ay, Glo, no quisiera que mi blog fuera de obligado cumplimiento. Nada más lejos de mis gustos. Yo, en cambio, como dispongo de muchos tiempos muertos, me prodigo por aquellos prados que me refrescan el ánimo. Que falta le hace al pobre. He tenido unos días muy activos y ahora toca lo contrario. Así soy yo. O así voy por la vida en estas etapas de mi ídem.

Saluditos desde un sábado que amenaza lluvia... y una cenita con gente muyyyy aburridaaa.

María Socorro Luis dijo...

El poema es estupendo, nada censurable.

Ay Mertxe este ánimo cambiante...

Egun on neska polita

Mertxe dijo...

Supongo que son 'sarampiones' que hay que pasar en la vida.

Egunon, bai, mi Socopoeta.